Un montaje con una imagen de Isabel Díaz Ayuso de fondo y una pila amarilla
La venganza de la malinche
El baño de masas mexicano con el que soñaba Isabel Díaz Ayuso, la chulapona zarzuelera que está al frente de la Comunidad de Madrid, no parece haber salido según lo esperado. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, esa señora de aspecto permanentemente severo y contrariado que echa la culpa a los españoles de hace cinco siglo de las desgracias de un país controlado por el narco que ningún político ha conseguido evitar que esté hecho unos zorros, se ha tomado muy mal la presencia teóricamente imperial de la señora Díaz Ayuso, con sus alabanzas a Hernán Cortés, y se ha dedicado a hacerle le vida imposible durante su visita al país, que debería haber durado diez días y se ha acortado bastante gracias al poco entusiasta recibimiento.
Convendremos que alabar a Cortés en México es un poco como lo de mentar la soga en casa del ahorcado, y que el periplo de Isabel no parecía estar especialmente diseñado para mejorar las relaciones con España. Pero lo suyo sería haber dejado que la jefa madrileña dijera sus cosas y acudiera a sus actos, patrocinados, sí, por la derecha mexicana (aunque calificar de izquierda a MORENA me parece tan exagerado como hacer lo propio con el PSOE), ignorarla todo lo posible y acompañarla al aeropuerto para comprobar que realmente se sube al avión de vuelta a Madrid.
En vez de eso, Sheinbaum ha vuelto a la retórica de su querido maestro, Manuel López Obrador (obsérvense los apellidos, claramente aztecas), para cubrir de epítetos despectivos a la presidenta madrileña, a sus conmilitones mexicanos, a Hernán Cortés y a los españoles en general, quienes, como todo el mundo sabe, iniciaron el narcotráfico local a finales del siglo XV.
Como diría mi difunta madre, aquí se han juntado el hambre y las ganas de comer. Por un lado, una señora que aspira a dirigir el PP tras quitarse de en medio al pusilánime de Núñez Feijoo, ese maricomplejines, y que no pierde ocasión de practicar el autobombo (no encuentro otro motivo para su fracasado viaje a México). Por otra, una mujer con un look a medio camino entre ama de llaves y estricta dominante que tiene el país que da pena verlo y que, a falta de voluntad o habilidad para arreglarlo, se dedica a echarle la culpa de todo a los españoles de hace cinco siglos.
Una genuina lucha de titanas que solo puede observarse con desinterés y cierta grima. ¿Para eso dijo el rey que igual se nos había ido un poco la mano cuando la conquista? ¿Para que dos oportunistas se tiren metafóricamente del moño por un quítame allá ese conquistador extremeño? ¿Para que Nacho Cano haga publicidad gratuita de su no muy rentable musical dedicado a Cortés y su novia exótica, la Malinche?
Definitivamente, para este viaje no hacían falta alforjas.