Gabriel Rufián
Gabriel Rufián
Portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en el Congreso de los Diputados
Tras unos años dedicado a ejercer de estadista, Gabriel Rufián volvió a las andadas la semana pasada en el Congreso de los Diputados, a raíz de esa posible prórroga de los alquileres que no fue del agrado del PP, Vox y Junts.
Con su voto en contra, los de Puchi se alinearon con la derechona nacional, demostrando de qué van (por si alguien no se había dado cuenta o, aún peor, creía que se trataba de un partido progresista), y ahí el gran Rufi vio el cielo abierto y la oportunidad de recuperar al personaje histriónico que tanta fama le dio hace unos años.
Volviendo a la era de las impresoras, las esposas y los sacos de cal viva, Rufi les pegó a los de Junts una bronca del carajo de la vela, llegando al extremo de sacarse del bolsillo un billete de cincuenta euros y asegurar que esa era la auténtica bandera de los independentistas post convergentes.
Para seguir animando la sesión, citó a los siete diputados de Cocomocho por su nombre y apellido. Y, para rematar, la emprendió con Marta Madrenas, ex alcaldesa de Gerona (que merecía de sobras el maltrato por su condición de lazi recalcitrante), que luego fue reconocida en las calles de Madrid por un energúmeno que le escupió dos veces (sin alcanzarla).
Dio la impresión de que, por un día, Rufi decidió que se habían acabado las componendas y que había que sacar a su bestia interior, que llevaba apaciguada bastante tiempo.
La verdad es que el Rufián histrión es bastante más divertido que el Rufián estadista aspiracional, por lo que no sé si lo del otro día fue una ida de olla o la muestra de que piensa alternar a sus dos personajes a partir de ahora.
Como era de prever, los neo convergentes se rasgaron las vestiduras ante los exabruptos del Charnego Airado, dado que ellos son gente de orden capaz de tirar al pozo a cerca de tres millones de inquilinos en situación precaria, pero sin levantar la voz: Rufián es demasiado rústico para ellos.
También en ERC se registró algo de llanto y crujir de dientes entre el sector que no encuentra a Rufi lo suficientemente independentista, llegando hasta a lamentar que, ahora que se puede largar en catalán en el congreso, su principal representante en Madrid siga hablando en castellano, como si se hubiese olvidado de a qué público debe dirigirse.
Ahora están que trinan porque Rufi tiene tirón y si envían a otro más catalán igual pierden algunos escaños. Ya hay quien habla de expulsarlo de ERC. Realmente, la situación de Rufián es peculiar. Los siete de Junts van a la una y hacen todo lo que les encarga Puchi.
Rufián, por el contrario, va a su bola, como si se estuviera labrando un futuro muy distinto al que le tocaría de seguir en las filas republicanas. Lo de encabezar a la izquierda alternativa española no le ha salido muy bien, de momento, pero algo le debe rondar por la cabeza que no incluye a ERC.
En cualquier caso, bienvenido sea el retorno del Rufián más histriónico y numerero: lo de ir de estadista, aparte de no colar, era mucho más aburrido.