Carles Puigdemont

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Examen a los protagonistas

Carles Puigdemont

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¡Uy, lo que me ha dicho!

Menudo rebote se ha cogido Carles Puigdemont con esas declaraciones de su hasta hace poco amiga Yolanda Díaz, en las que la señora vicepresidenta ha tachado a su partido de clasista y racista. Yo creo que Yoli se quedó corta, pero Puchi se ha puesto como las cabras del monte ante esa descripción que a muchos nos parece de lo más pertinente.

En Sumar hay gente a la que no le han parecido nada bien las opiniones de la jefa sobre ese partido que, mal que bien, sostiene al inseguro gobierno nacional del que ella forma parte, y puede que no les falte razón: ¡menudo es Puchi cuando se ofende y da instrucciones a sus siete diputados en el Congreso para que digan que no a todo lo que proponga el gobierno!

Tiene gracia que la indignación y las quejas de Cocomocho se produzcan justo cuando la JNC (Juventud Nacionalista de Cataluña, rama adolescente de Convergencia heredada por Junts) anuncia una quema pública de libros de Eduardo Mendoza para felicitarle el Sant Jordi al escritor barcelonés de una manera que no olvide jamás.

Como todos recordamos, este tipo de desahogos era muy del agrado de los nazis y de regímenes totalitarios en general (Ray Bradbury llevó la situación al límite con su célebre novela Fahrenheit 451, que es la temperatura a la que arde el papel). Si te ofendes porque te llaman racista y clasista (y supremacista, añado yo), ¿qué opinas de que tus cachorritos mega patrióticos se lancen a quemar libros de gente que no les cae bien y a la que fácilmente colgarían el sambenito de arte degenerado?

¡Un poco de coherencia, expresidente!

No sé qué habrá llevado a Yolanda Díaz a expresarse con tanta sinceridad, por una vez en su vida (me recuerda a lo de Illa yéndose a ver a Rosalía en vez de tragarse el rollo de los cincuenta años del diario Avui), ya que, en su momento y por decisión de Su Sanchidad, fue la encargada de hacer las paces con el glorioso fugitivo con la finalidad de asegurarse sus votos en las Cortes.

No sé si a Yoli le caerá una bronca de Sánchez en cuanto este acabe de llenarse de sí mismo en el cónclave progresista de Barcelona, pero resulta curioso su cambio de foco al observar a Puchi y los suyos.

No es que haya sido tampoco lo suyo una muestra de originalidad, ya que el mundo convergente siempre nos ha parecido a muchos un conglomerado racista, supremacista, clasista y de derechas. No ha habido más que ver su trato al emigrante español, primero (los charnegos), sudamericano, después (los panchitos), o árabe, siempre (los moros o mojamés).

El orgullo sin fisuras de la catalanidad (lo más) pura (posible) siempre ha traído emparejado el ansia por hacer de menos a quien no tiene la suerte de contar con los ocho preceptivos apellidos.

¿Y ahora se ofende el hombre del maletero? Oiga, mire, como le dijo Fernando Fernán Gómez a un pelmazo que lo agobiaba, “¡Váyase a la mierda!