Marc Fernández Costa (segundo por la izquierda), administrador de Truyols Servicios Funerarios

Marc Fernández Costa (segundo por la izquierda), administrador de Truyols Servicios Funerarios

Examen a los protagonistas

Marc Fernández Costa

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El incomprensible intercambio de dos cadáveres por parte de las funerarias catalanas Torra y Truyols, esta segunda administrada por Marc Pérez Costa, trasciende la mera negligencia operativa.

El episodio, originado el pasado enero en el Hospital Parc Taulí de Sabadell, culminó con el entierro equivocado de un difunto en Cerdanyola del Vallès. Un error que la empresa encargada llegó a justificar atribuyéndolo a un maquillaje post mortem deficiente ante las lógicas sospechas de sus deudos.

Lejos de actuar con la transparencia y el tacto que exige un trance tan doloroso, la respuesta de ambas compañías al descubrir el cruce de identidades resultó todavía más grave. Para enmendar su cadena de despropósitos, optaron por la vía rápida: desenterrar el cuerpo inhumado en Cerdanyola apenas 24 horas después, incumpliendo, presuntamente, la ley.

A este hecho se suma un agravante revelado por los familiares afectados: la presión ejercida por la firma de Sabadell, Funeraria Torra, para que firmaran un documento de ratificación de identidad, pese a la sospecha de que el fallecido que tenían delante no era su ser querido.

La querella penal impulsada por la asociación Esfune —pendiente de ser aceptada o desestimada en los juzgados— apunta a la posible comisión de hasta diez delitos, y sitúa en el foco a dos empresas que, hasta la fecha, han preferido el silencio a la asunción pública de responsabilidades.