La posible adquisición de Truyols por parte de Àltima se convierte en uno de los movimientos más relevantes del sector funerario actual en Cataluña.
La operación, que se situaría en una horquilla de entre 60 y 80 millones de euros, encaja en la estrategia de crecimiento del grupo, que en los últimos años ha reforzado su presencia mediante compras de empresas y nuevas inversiones en infraestructuras, según detallan voces del ámbito autonómico de las pompas fúnebres.
Àltima es un operador controlado por tres familias catalanas --Ventura, Fenés y Viñas-- y está dirigido, entre otros, por Joan Ventura Ustrell, uno de sus principales responsables ejecutivos. La compañía es el segundo operador del mercado funerario catalán y, según las cifras más recientes de 2024, alcanza una facturación de 65 millones.
Pero este movimiento no se desarrolla en un contexto sencillo. La reputación de Truyols se ha visto afectada tras el incidente ocurrido en Sabadell, donde un error en la gestión de dos fallecidos entre esta funeraria y Torra acabó (con la entrega cruzada de los cuerpos en el Hospital Parc Taulí) y una posterior querella judicial presentada por uno de los familiares afectados.
A este episodio se suma una presunta situación interna compleja dentro de Truyols, con tensiones entre los familiares sobre su futuro empresarial.
