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Nuestro ministro de Cultura, Ernest Urtasun (Barcelona, 1982), es de los que creen que España debería pasarse la vida pidiendo disculpas a los países sudamericanos que conquistó hace más de cinco siglos.
De ahí que se haya especializado en la descolonización de museos en los que, probablemente, no había puesto los pies jamás y en promover todo tipo de reivindicaciones indígenas, aunque haya excluido, de momento, los sacrificios humanos.
Hay que ser un súper dotado, lo que no es el caso, para concentrarte en asuntos de hace cinco siglos y que te quede tiempo para ocuparte de los del presente o del inmediato futuro: de ahí que no nos conste ninguna iniciativa destacable del señor Urtasun relacionada con el mundo cultural español de la actualidad.
La nueva ideaca descolonizadora de nuestro hombre es una exposición que se inaugurará el próximo día 9 de abril en el madrileño Museo de América, dedicada a criticar la funesta influencia española en nuestras colonias de ultramar sobre la diversidad sexual, presuntamente reprimida por las hordas de la espada y la cruz. La cosa lleva por título Nación Trans (tema favorito del ministerio de Igualdad), lo cual ya nos permite intuir por donde van a ir los tiros (ojalá me equivoque).
Lo que se entiende, a bote pronto, es que los meapilas españoles de finales del siglo XV acabaron con la tolerancia indígena hacia los géneros fluidos, imponiendo una heterosexualidad ficticia en un mundo en el que cualquiera podía ser lo que quería ser (a no ser que te eligieran para un sacrificio humano).
Cuesta imaginar una sociedad primitiva en la que la homosexualidad (por no hablar de la transición de género) estuviese plenamente tolerada y aceptada, pero si sirve para que nuestros pogresistas se sigan tirando mierda encima a fin de redimirse de los pecados de sus antepasados, pues habrá que hacer un esfuerzo mental.
Esfuerzo, por otra parte, que está en sintonía con las teorías más delirantes de la mente descolonizadora, que se resumen en que América era un paraíso en la tierra hasta que llegaron Cortés, Pizarro, Lope de Aguirre y demás gentuza imperialista.
Ernest Urtasun es ministro de Cultura del actual gobierno español, pero, en vez de afrontar el presente (donde no le iba a faltar el trabajo), gusta de refugiarse en un pasado que le permita reescribir la historia para sus amiguetes de Sumar, que para algo lo han puesto donde lo han puesto.
¿Que la cultura en España necesita emprender un camino como el que abordó en su momento el pobre Jorge Semprún, siempre bajo la mirada severa de ese intelectual profundo que es Alfonso Guerra? ¡Chitón! Y no molesten, que el señor ministro está descolonizando…