Ana Botín, presidenta de Banco Santander
El mercado aguardaba con expectación los resultados anuales del Santander, que apuntaban a una nueva cifra récord de beneficios. Pero no contaban con que las cifras llegarían unas horas antes de lo previsto y, además, acompañadas de una operación corporativa por encima de los 10.000 millones de euros.
Hace justo 12 meses se habló y escribió mucho sobre una posible salida del mercado de Reino Unido por parte del Santander. Los desmentidos de su presidenta, Ana Botín, se vieron ratificados meses después con la compra del TSB al Banco Sabadell. Pero entre los dimes y los diretes se agolpaban los elogios de la entidad al mercado de EEUU.
Hasta que el banco español ha decidido pasar de las musas al teatro con la compra de Webster Bank. No ha sido con un estruendoso golpe encima de la mesa; no se trata de una transacción que haga temblar cimientos; es incluso de tamaño reducido si se tiene en cuenta tanto el del Santander como, sobre todo, el del mercado estadounidense.
Y, precisamente, esa es la característica que hace de la operación un acierto. Porque permitirá a la entidad ganar la suficiente escala en EEUU para competir con todo y convertirse en un jugador relevante y a tener en cuenta. Y, además, lo hará sin dejar de lado sus pilares estratégicos irrenunciables: crecimiento orgánico rentable y remuneración al accionista.
EEUU como un medio ideal para un fin mucho más ambicioso: ser el banco global más rentable del mundo en tres años. Una decisión valiente, y al tiempo con buenas dosis de prudencia, para metas mayores. Un movimiento propio de banco grande, con altura de miras, con un planteamiento global.