Tarjeta roja para Álvaro Arbeloa en el Benfica-Real Madrid

Tarjeta roja para Álvaro Arbeloa en el Benfica-Real Madrid MONTAJE CULEMANIA

El MVP y las tarjetas de la jornada

Tarjeta roja: Álvaro Arbeloa

El Real Madrid naufraga en Lisboa, se derrumba en la clasificación de la Champions League y queda fuera del Top8 en una noche negra

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Un pasito adelante del Real Madrid en los últimos partidos y otros dos pasos atrás en la Champions League. El equipo merengue dinamitó los esfuerzos de las primeras siete jornadas de la máxima competición continental con un descalabro en Lisboa. José Mourinho reeditó sus mejores años en el Inter de Milán y en el Santiago Bernabéu. El genio luso aleccionó a Álvaro Arbeloa con un Benfica arrollador (4-2) y una celebración pletórica delante del banquillo merengue. El buque madridista hacía aguas por todos lados en el Estadio da Luz y se hundió en la crónica de una muerte anunciada. 

El técnico salmantino, sustituto de Xabi Alonso, no solo sucumbió ante el Benfica, sino que sufrió otra derrota en un momento decisivo. En la Copa del Rey, el naufragio contra el Albacete Balompié (3-2) ya le costó la prematura eliminación en los octavos de final. En Portugal, el conjunto merengue pagó el desastre con un despeñamiento de la tercera a la novena plaza. De la clasificación directa a los octavos de la máxima competición continental al paso obligado por un playoff incierto ante las lagunas en el juego.

Blandos y espesos

En defensa, tan frágiles como un vaso de cristal, cada transición vertiginosa del equipo lisboeta infundía el terror en la parroquia blanca. Thibaut Courtois recogió el balón cuatro veces del fondo de las mallas, pero pudieron ser muchas más. Blandos en defensa y espesos en ataque, los pupilos de Arbeloa perdían cada duelo individual. Ni rastro de la presión en campo rival exhibida contra el Mónaco una semana atrás (6-1). El equipo sigue roto, y el apaño de la cúpula directiva madridista no ha hecho que abrir más boquetes en un barco que se precipita a la deriva sin timonel. 

La guinda, un cuarto gol del Benfica, obra del portero Anatoli Trubin, que agravaba las carencias defensivas en el juego aéreo a balón parado. Arbeloa no encontró ninguna solución en Portugal, intimidado por su mentor. De momento, el estratega de Salamanca da más titulares en las ruedas de prensa que en el banquillo