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Jules Koundé, Lamine Yamal y Rodrigo Hernández celebran el primer gol de Anthony Gordon con el Barça

Jules Koundé, Lamine Yamal y Rodrigo Hernández celebran el primer gol de Anthony Gordon con el Barça FCB

Juanito Blaugrana, un Culé en La Castellana

Un fulgor que no cesa

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Como cantaban los Smiths, "hay una luz que nunca se apaga". Y, una vez clausurado el atracón de selecciones más indigesto, esa luz ilumina de nuevo nuestros fines de semana con tanta intensidad que volver a casa, a la rutina de los días sin partit, se nos hace insoportable a los culers. El Barça reapareció en Liga contra un Getafe menos avispado y canchero que de costumbre, y solo tuvo que atosigar un poco a la defensa rival para empaquetar una nueva victoria que alarga el pleno de triunfos de la temporada a nueve de nueve: ocho en Liga y uno más en la Champions. No fue necesario el concurso de Raphinha pese a ser el súper goleador de este equipo, dado que gran parte del último mercado de fichajes dispuesto por Deco y Flick se consagró a disminuir sus cargas. En su lugar, Gordon alardeó de físico para proseguir su racha goleadora con Inglaterra en la Nations y estrenarse, de rebote y con rabia, como goleador azulgrana. Mientras que en la posición de '9', Gabriel Jesús certificó su segunda venida con un partido pleno de habilidad, picardía y veneno.

Respecto al inglés, no es extraño que se agigante a cada partido que pasa, puesto que a su exhuberancia atlética une ese tipo de discernimiento del juego que moderniza cualquier propuesta. En el equilibrio vertiginoso entre mediocentros y extremos que ha diseñado el cuerpo técnico de Hansi, son clave Gordon y Lamine porque mezclan templanza y ruptura con una precisión tal que ni siquiera necesitan más de 20 o 30 contactos con el balón para multiplicar los panes y los peces del ataque blaugrana. El despliegue de ambos convierte al Barça en un prodigio de amplitud y movilidad, un crisol de fútbol en cuya dinámica incluso los centrales firman tarjetas de pase dignas del Guardiola jugador, y las llegadas a zona de remate se acumulan de manera inevitable con el paso de los minutos.

Y resulta que en esa misma zona de remate habíamos confundido a Gabriel Jesús con un paciente aún en convalecencia cuando en realidad estábamos ante un experimentado cirujano. En su primera titularidad en el Camp Nou, el último gran delantero de Sao Paulo exhibió esa artería que tanto alabábamos en Lewandowski combinada con una habilidad natural para leer líneas de pase propias y contrarias como si fueran libros infantiles. Si hay una cualidad que me parece sobresaliente en cualquier gran delantero suplente es que cuando salte al campo se muestre tan astuto en comparación con la defensa rival que parezca un hombre entre lactantes. Y desde luego así lo parecían referentes del pasado lejano y reciente como Begiristain, Larsson o De Jong (el bueno).

Quizá justo porque este Barça con tantas y tantas posiciones dobladas se antoja un enemigo inasequible, un Mourinho de triste figura ya ha gastado casi todas sus mejores rutinas de víctima antes siquiera de la jornada 10: señalamiento de árbitros, alusiones a Negreira bordeando la querella, papelotes, plantones a la prensa... Solo le falta encerrar al bueno de Antón Meana en una habitación para amenazarle con que se ha buscao la ruina. Cómo será la cosa que incluso hay YouTubers avergonzados por la desfachatez de los propagandistas blancos al denunciar una y otra vez lo indenunciable. Son las quemaduras propias de un fulgor azulgrana que no cesa. Ya se pueden echar crema solar, ya, porque esto acaba de empezar.

P. D.: Nos vemos en Twitter: @juanblaugrana