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Raphinha

Raphinha Òscar Gil Coy Barcelona

Juanito Blaugrana, un Culé en La Castellana

No os lo perdáis

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Y no, no lo digo por el inminente fichaje de Gabriel Jesus, oportunidad de mercado para completar la plantilla del Barça a la espera de la futura liberación de Julián Álvarez de su rojiblanco presidio. Está claro que el delantero brasileño consume pocos recursos, su filosofía es adecuada al modelo de presión alta, y además fue alumno favorito del Guardiola más alemanizado. También que Deco ha demostrado estar a la altura de la responsabilidad cuando el balance del club se lo ha permitido. Sobre todo, porque está fichando perfiles y no cromos, incluidos tantos facilitadores de la idea de fútbol de Flick como sea necesario para ayudar a que las estrecheces en los momentos clave de la temporada sean, esta vez, menos determinantes. Aunque el estado de las rodillas de Gabriel le asemejen más a Ansu Fati que a Ferran Torres, su elección parece adecuada, por precio y pedigrí, como forma de aliviar presión al prometedor Hamza sin borrarlo del mapa.

Pero reitero, astutos lectores, no titulo así está columna por el mercado ni por su cierre, casi siempre atronador. Sino para preveniros de una tormenta sutil que ha llenado el aire de electricidad en estas dos primeras jornadas estivales de Liga. Se trata de la tercera iteración de un Fútbol Club Barcelona campeón y trepidante, cuyo vértigo y voracidad han mudado de piel para convertirse en un aluvión de futbolistas en llamas, que saltan al césped decididos a acabar el partido derrumbándose entre calambres. Muchos de ellos, la mayoría en realidad, están lejos de su ritmo habitual y a varios cientos de kilómetros de su mejor forma. Pero, incluso con chanclas en lugar de botas, generan fútbol a borbotones, bailan a sus rivales de un lado para otro y transportan el balón hasta zona de remate con sinfónico fanatismo.

Por eso me atrevo a daros este consejo: ved todos los partidos del Barça esta temporada. Marcadlos en rojo en vuestra agenda, que a partir de hoy debe regirse por la combinación de los calendarios español y UEFA. Pagad lo que el imperio del monopolio os pida, bajad al bar, o poneos el parche en el ojo y el cuchillo entre los dientes. Si vuestros hijos no son futboleros, apuntadlos a los boy scouts o a un club de escalada para que se pasen el fin de semana fuera. Si ocurre lo mismo con vuestras parejas, regaladles un curso de pintura, mindfulness, cocina o pilates para los sábados por la tarde, y otro distinto para los domingos. Si el partido es a las dos y coméis en casa de los suegros, fingid una gastroenteritis aguda.

Jamás, repito, jamás aceptéis un plan en noche de Champions, o Copa, o jornada entre semana. Si no podéis negaros (cumpleaños de vuestro padre, aniversario de boda, bautizo del sobrino), explicad muy alterados que ha habido un ataque de ransomware en la empresa, o que ¡por fin! os han llamado para hacer voluntariado en la residencia de ancianos. Para todo lo demás, alegad lumbalgias o ataques de ansiedad. Seguramente solo será de aquí al 5 de junio. Quizá hasta abril si vienen mal dadas, porque el fútbol nunca dejará de ser el más cabrón de nuestros deportes favoritos. Pero hacedlo, y hoy lunes mejor que mañana. Porque este Barça puede ganar, perder o empatar hoy contra el Rayo, pero tiene potencial para convertirse en un equipo de época. Y además vuelve a tener rival en la orilla opuesta del Clásico: otro taimado y viperino Madrid de Mourinho.

P. D.: Nos vemos en Twitter: @juanblaugrana