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Joao Cancelo protege el balón frente a Vinicius Júnior

Joao Cancelo protege el balón frente a Vinicius Júnior Simón Sánchez CULEMANÍA

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El enigma de Cancelo

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Dos fichajes, dos, se superpusieron ayer en el 'mercato' del Barça: fueron los esperados 'jirgüigous' de Rodrigo, el Cid Campeador que eligió jugar en el Camp Nou antes que aspirar al trono en la adusta Castilla junto al aún más huraño Mourinho, y Joao Cancelo, liberado definitivamente de su jaula de oro saudí para regresar al club al cual tan machaconamente ha proclamado su amor. A la espera de valorar el encaje de Rodri en el centro del campo azulgrana, reto para el cual el mismísimo Pep Guardiola lleva media vida preparándolo, resulta aún más enigmático adivinar cuál será la singladura del Joao bueno durante la tercera temporada de Hansi Flick gobernando la nave azulgrana.

Es bastante irónico, puesto que dos etapas como azulgrana contemplan ya a Cancelo. Sin embargo, ambas adolecen de una casuística tan única que se vuelve complicado usarlas como precedentes. En la primera de ellas, el talentoso lateral portugués enriqueció a un Barcelona desdibujado, con una plantilla falta de equilibrio y sobrada de problemas en todas sus líneas. En aquel crisol de remiendos y descosidos, Cancelo se mostró a la vez como un creador de juego incisivo y una autopista sin apenas peaje para los extremos derechos e interiores rivales. Fue el vivo ejemplo de aquel Barça valiente pero falto de estilo y huérfano de contexto.

Su segunda venida, sin embargo, es tan reciente como 'triomfant'. Llegó a mediados del pasado enero para apuntalar el lateral zurdo desatendido por un Balde espectral, de repente incapaz de jugar a un ritmo que tamborileó tantas veces con la pelota antes de romperse el bíceps femoral y quizá también algo más profundo. Al final del camino, Joao Cancelo levantó la última gran Liga europea que le faltaba en su palmarés. Y su aportación a un equipo hecho, frenado en su velocidad de crucero solamente por las bajas de algunos jugadores clave en momentos inoportunos de la temporada, fue corajuda pero un punto insuficiente.

Ahora, con 32 años, Joao Cancelo llega a un Barcelona que se ha propuesto martillear las bandas del contrario sin piedad gracias a su nueva colección de extremos con desborde. Y, desde luego, cualquier delantero necesitaría un babero ayer viendo cómo llegaban balones sin parar a la zona de remate en Basilea. No es de extrañar que Julián siga loco por la música blaugrana y hastiado de esa cumbia apelmazada y deprimente conocida como 'cholismo'. Tampoco que Cancelo haya hecho todo lo posible por afrontar su madurez en un equipo donde puede ser motor y catapulta, juegue con quien juegue y contra el oponente que se tercie, sabiendo que guardaespaldas del nivel del propio Rodri, Cubarsí, Pedri, Christensen, Éric o Gerard Martín asegurarán ese salto al vacío que tanto le gusta dar. No estoy seguro de que el luso vaya a ser el elegido por Flick para los grandes partidos del curso. Pero sí de que, con compañeros de aventuras como Gordon, Fermín, Adeyemi o Bisiwu, va a ser un dolor de muelas para más de un Getafe. Y eso también es absolutamente necesario en un equipo que aspira a todo.

P. D.: Nos vemos en Twitter: @juanblaugrana