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Julián Álvarez, durante el partido Argentina-Austria en el Mundial

Julián Álvarez, durante el partido Argentina-Austria en el Mundial EFE

Juanito Blaugrana, un Culé en La Castellana

Riesgo bajo

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Ha transcurrido solamente una semana desde el gol de Ferran Torres y una parte del barcelonismo ya se levanta cada día presa de la ansiedad, como si hubiera soñado que acude en pelota picada y untado de sobrasada a una entrevista de trabajo. No está en la idiosincrasia blaugrana entregarse a triunfalismos y sí, mucho más, anticipar el fracaso sin paliativos. Sin noticias de Julián, travestido en una especie de inalcanzable Marta Sánchez, y contemplando un verano más cómo a tres de sus capitanes les salen branquias y se les pone cara de rémora, ni siquiera los escarceos estivales de canteranos a punto de caramelo como Diarra, Tunkara o Fariñas insuflan una brizna de optimismo en la culerada más funesta.

Con los resultados contra Chelsea, Brujas y PSG en la fase liguera de la pasada Champions en una mano y la maldita fatalidad contra el Atlético de Madrid en la otra, los más ansiosos piden, qué digo, exigen Trankimazin en forma de fichajes. El problema es que los requieren con la misma alegría con que de hecho los cierran en la acera de enfrente, donde astillan 60 millonazos por un lateral izquierdo o sueltan sin problema más de 100 por un magnífico proyecto de extremo que hace un año jugaba en el Leganés B. ¡Si justo el Madrid hace eso porque lleva dos temporadas chupando rueda!

Logren Deco y Laporta o no el rescate de Julián, conviene recordar que contratar a un jugador, incluso a uno de 120 o 150 millones, tampoco garantiza nada. Por ejemplo, Mbappé vino al Bernabéu bajo un palio de billetes a terminar de demoler el tambaleante Barça post-Xavi y llevar al Real Madrid hasta la veintena de Copas de Europa, ánforas de la antigüedad incluidas. Y de momento solo se ha cargado su reputación, a Xabi Alonso y a Arbeloa. Pero es que un compañero de selección suyo, Ousmane Dembélé, ha recorrido un camino casi inverso: llegó por una morterada al Barcelona para limpiar a los rivales que a Messi ya le costaba superar y no solo nunca terminó de hacerlo más de tres o cuatro partidos seguidos sino que ha acabado siendo doble campeón de Champions en el PSG. Ambos casos son para comer cerillas.

A mí Gordon y Adeyemi me gustan, y creo que eran oportunidades de mercado. Pero respeto mucho al que opine que son dos bultos sospechosos y le cueste entender por qué, para una vez que se abre la caja de caudales azulgrana, se gastan las perras en estos y no en otros. Pero ninguna de esas dos opiniones invalida que el Barça actual está en una posición competitiva excelente, luego no necesita sobrepagar para llevarse a un futbolista, por muy idóneo que sea. Ni siquiera acertar demasiado con los que sí fiche. Porque el salto de calidad lo deben dar, sobre todo, los jóvenes que ya están en plantilla y llevan un par de temporadas jugando juntos con Hansi Flick. De todos los movimientos de los clubes de la actual élite europea, ese es quizá el menos arriesgado. Desde luego, como poco, el que menos depende del azar.

P. D.: Nos vemos en Twitter: @juanblaugrana