Frenkie de Jong realiza una entrada a Antoine Griezmann en el Atlético de Madrid-Barça FCB
El Barça despertó cojitranco y apesadumbrado tras el trastazo en la ida de las semis de Copa en campo del Atlético. No tanto por que el suelo de una goleada histórica se abriera bajo sus pies en la primera parte, amenaza relativa para un equipo acostumbrado al vértigo constante, como por su nula capacidad de reaccionar tras el descanso y meter ni que fuera un dedo del pie en una eliminatoria que, seamos sinceros, parece liquidada. Solo la incansable producción ofensiva de un Barcelona más que capaz de crear una docena de ocasiones claras en 90 minutos, el gusto del Cholo por las profundidades del área propia cuando se ve en ventaja y la distancia temporal entre la ida y la vuelta alimentan la esperanza blaugrana de, al menos, vender caro el billete a La Cartuja.
Pero es muy difícil que haya milagro sin santos. Y los dos futbolistas de la plantilla del Barça que más nítidamente aparecen tocados con un halo, ninguno de los cuales compareció además en el Metropolitano, se antojan imprescindibles en las oraciones culés del próximo 3 de marzo. Pedri y Raphinha no solo están ungidos por su calidad, sino también por su decidida consagración al sacrificio. Eso es lo que los diferencia abismalmente de compañeros como De Jong y Olmo, los dos centrocampistas que Flick eligió para leer las escrituras de su equipo junto a un Casadó que, a estos niveles, no pasa de monaguillo. El Atlético fue un auténtico sermón de la montaña, y confirmó que los dos rubios son precisos con el balón pero también displicentes en exceso sin él.
Durante muchos años ha existido una cuenta en redes sociales llamada 'Kim Jong-un looking at things (mirando cosas)' que produce una mezcla una extraña mezcla de diversión y pavor. Su propietario se dedica a colgar fotos del siniestro dictador norcoreano mientras este realiza innumerables visitas a fábricas, instalaciones, escuelas, hospitales, cuarteles militares, locales y laboratorios de todo el país. Allí fotografían al "querido líder" observando algo, lo que proceda según el sitio -un cristal esmerilado, un muestrario de azulejos, una avioneta o a un grupo de escolares-, ya sea con expresión de moderado interés, sonrisa pétrea o, directamente, un rostro taciturno que intenta transmitir hondura y solemnidad pero se precipita hacia un indecoroso hastío existencial. Y la verdad es que no pude sino encontrar cierto parecido de esas caras de Kim con las de Frenkie y Dani cuando contemplaban las oleadas atléticas como un ciervo petrificado ante los faros del coche que está a punto de atropellarlo.
Será muy difícil para el Barça llegar a la final de Copa y, de hecho, competir por el resto de títulos si trata de mantener su modelo de fútbol reactivo mientras alinea a jugadores que tienden a la parálisis. Cuando los rondos del equipo rival no solo sirven para que este se organice alrededor de la pelota sino para lanzar a sus extremos a la espalda de los laterales azulgranas con decenas de metros por delante, es imprescindible que los centrocampistas y delanteros de Flick no solo se anticipen a la circulación del balón, sino que lo hagan con pierna fuerte. Si solo hay disponibles jugadores que o van al tackling en todas las jugadas o se quedan de miranda, quizá sea mejor que la línea defensiva se retrase un poco para tener más tiempo de corregir tras pérdida. De lo contrario, seguramente la debacle del Metropolitano no será el último crujir de dientes del Barcelona campeón esta temporada.
P.D.: Nos vemos en Twitter: @juanblaugrana