Los jugadores del Barça abrazan a Marc Bernal tras su gol en el Barça-Mallorca

Los jugadores del Barça abrazan a Marc Bernal tras su gol en el Barça-Mallorca EFE

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Masia no hay más que muchas

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El Barça se mantiene firme y tajante en el liderato liguero tras doblegar, sin Pedri, Raphinha ni de De Jong en el campo, a un Mallorca con escaso empaque, encomendado a la cabeza de Muriqi, el pie de Pablo Torre y la energía de Jan Virgili. El extremo de Vilasar de Mar le agrió la sobremesa a Koundé, y su atrevimiento fue, no sin una buena dosis de ironía, el primer acto de una nueva epopeya de La Masia.

Y es que, precisamente, el papel central de la cantera del Barcelona, sin parangón en la élite del fútbol europeo por más "Golzalos" y Doués que inventen otros para engañar a los turistas, luce en todo su esplendor gracias a la multitud de historias diferentes que distinguen a cada uno de los jugadores de esta nueva hornada triomfant. Empezando por el pródigo Dani Olmo y el patito feo Éric García, dos claros exponentes de una política de fichajes que nunca olvida lo que los niños de su cantera siempre tendrán y los demás no. Y siguiendo por el indomable Fermín, quien pasó de ser el jugador que mejor se giraba con el balón de toda la plantilla del Linares a volverse indiscutible en el once titular para el 99% de los culés, el 100% si de una final se trata.

En este carrusel de ilusiones también cabe el esfuerzo humilde, casi monacal, de un Gerard Martín convertido en el mejor roto para el gran descosido del segundo año de Flick en el centro de la defensa. Incluso el tibio estancamiento de Alejandro Balde, varado en una eterna juventud pletórica que conserva intactas todas sus asombrosas cualidades pero, igual que una maldición, lo recluye como a un genio en una botella. También contra el Mallorca asomó el recuerdo del mejor Marc Casadó, verso suelto recitado a pleno pulmón y condensador de un fútbol tan sencillo como aguerrido. 

Pero nada explica mejor la maravillosa fertilidad de la escuela blaugrana como la coincidencia en un solo partido de la exhuberancia en el desborde del exiliado Virgili, el latigazo solo al alcance de unos pocos elegidos del glorioso Lamine Yamal, el primer tanto lleno de frialdad y prestancia del talentosísimo Marc Bernal y el debut de Tommy Marqués, noveno canterano con la firma de Hansi Flick en su primer par de botas adultas. El cual, a su vez, dibujó indirectamente sobre el campo la delgada silueta de Dro Fernández, el desleal, quien seguramente habría disputado esos siete minutos y pico que ayer cambiaron para siempre la vida de un muchacho rubio criado en una familia de chefs del barri de Grácia. Que lo disfrute. Y al otro, el que se fue, que le aproveche.

P. D.: Nos vemos en Twitter: @juanblaugrana