Joan García y Gerard Martín defienden un remate de Pere Milla en el derbi Espanyol-Barça

Joan García y Gerard Martín defienden un remate de Pere Milla en el derbi Espanyol-Barça EFE

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El derbi de Joan McClane

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El año 2026 empieza implacable, dejando claro que era más fácil ver a Estados Unidos invadir Venezuela que al Espanyol de Manolo ganar un derbi al Barça de Hansi Flick. Da mucha ternura la capacidad de los pericos para autoconvencerse de que el fútbol les debe no se sabe muy bien qué solamente porque el Barça les fichó a su portero y, en gran parte gracias al dinero de la cláusula, han podido permitirse un equipo que da tres pases seguidos por primera vez en esta década. Ay, si fuera tan fácil esta vaina... El resultado del partido, con recital de Joan Garcia bajo palos y Fermín catapultando el triunfo del Barça contra el RCDE por enésima vez desde Infantiles, no puede calificarse de sorpresa salvo si uno es extremadamente crédulo y vulnerable a la propaganda reaccionaria.

En cualquier caso, resulta grotesco que, para censurar el lanzamiento de botellas desde la grada más silvestre del fútbol español tras el segundo tanto azulgrana, el realizador del partido tuviera el pésimo gusto de exponer el llanto desesperado de un pequeño seguidor blanquiazul que, desgraciadamente para él, probó este sábado el primer trago de la amarga vida futbolera que le aguarda. Un abrazo sincero a este periquito: que no deje de escribir la carta a los Reyes Magos ni de creer que presenciará en su estadio una victoria de su equipo contra el odiado rival. Incluso sabiendo que en una de las dos instancias le caerá carbón casi, casi seguro un año tras otro, lo importante es mantener la ilusión.

Hay pocas películas navideñas que me emocionen tanto como 'La Jungla de Cristal'. Por eso me colma especialmente haberla revisitado no una sino dos veces en estas fiestas. La primera, contemplando desde el sofá de casa cómo el pobre Bruce Willis se arrastraba por los recovecos del edificio Nakatomi, y la segunda este mismo sábado, desde el preciso minuto en que Joan Garcia, egregio trasunto de John McClane, arrojó a Gerard Martín contra un rival para neutralizar la primera gran ocasión de peligro espanyolista. Como heroico colofón a una noche de supervivencia al límite, la parábola de Dani Olmo que viajó hacia la escuadra de Dmitrovic lo hizo igual que Hans Grüber se precipitaba desde el piso treinta: a cámara lenta, permitiéndonos disfrutar fotograma a fotograma de cómo el rostro del villano se desencaja al comprender que ha llegado la hora de pagar el alto precio de su derrota. Yipi-kai-yei.

Acabados ya los créditos al ritmo de 'Let it snow', es hora de pensar en roscones y cabalgatas. Porque pese a la permanente cara de vinagre de sus entrenadores (¿los eligen así a propósito?), el manido tropo del agravio perpetuo, el odio en conserva y sin caducidad contra todo lo blaugrana, las medias sonrisas cómplices desde la caverna madridista y las tan trabajosas como futiles gamberradas adolescentes en marquesinas de autobús, la verdad es que este rival del Barça no da para más. Que pase el siguiente.

P.D.: Nos vemos en Twitter: @juanblaugrana