Raphinha celebra un gol del Barça al Racing junto a Gavi EFE
Siete partidos. Siete victorias. Veintiocho goles en LaLiga. Y una sensación que hacía tiempo que no teníamos: este equipo no sale a jugar los partidos, sale a devorarlos.
El miércoles fueron siete al Racing y podría haber caído alguno más. Raphinha, hat-trick. Cancelo, dos goles de bandera. Adeyemi, tres asistencias y provocando dos penaltis. ¿Y Lamine Yamal? Falló un penalti y, en lugar de esconderse, hizo exactamente lo que hacen los grandes: insistió hasta encontrar su gol.
Pero lo más importante no son los siete goles. Es la competencia y la competitividad del equipo. Cancelo presiona a Xavi Espart. Eric pone a Koundé contra las cuerdas. Pedri y Rodri demuestran que el talento no necesita permiso para convivir. Dani Olmo y Fermín se disputan los minutos. Raphinha juega como si fuera un ‘9’ de toda la vida, mientras Flick tiene un problema maravilloso: no sabe a quién dejar fuera.
Este Barça me recuerda a aquellos equipos que convierten las goleadas en rutina. Este Barça que sale conectado, que muerde, que marca y que no levanta el pie del acelerador me recuerda muchísimo al Barça del primer año de Guardiola y que terminó conquistando el triplete.
Este Barça ya ha conseguido un récord histórico en este inicio de temporada y quiere más. Mucho más.
RMTV y la guerra de siempre
Llevamos seis jornadas de Liga y el Madrid parece que ya está disputando su propia guerra civil contra el colectivo arbitral. Cada semana, una nueva queja. Cada partido, una nueva conspiración. Cada decisión que no les gusta, un escándalo de Estado.
Y lo más surrealista es que la mayoría de estas polémicas son humo. No es que haya habido un penalti clarísimo que no les hayan pitado. No es que les hayan anulado tres goles legales. La cosa es que han convertido cualquier decisión discutible en una prueba de una supuesta persecución contra el Madrid.
Esto ya no es analizar arbitrajes. Esto es fabricar rabia e ira de forma gratuita. Y el problema es que RMTV no es cualquier tertulia de bar. Es la televisión oficial del club. Y cuando desde allí señalas a árbitros semana tras semana, estás alimentando una presión brutal sobre un colectivo que ya trabaja bajo una lupa permanente.
Seis jornadas y todavía queda toda la Liga por delante pero a este ritmo, Real Madrid TV acabará necesitando más horas de emisión para hablar de los árbitros que para hablar del propio Madrid de Mourinho que, por cierto, no juega a nada. Así que, tal vez, es lo que les interesa.
Mourinho y el Madring: mucho ruido y pocas nueces
La diferencia entre Flick y Mourinho no es sólo de juego también es en cómo protegen y gestionan uno y otro la relación con sus jugadores. Y quizá esa diferencia entre Flick y Mourinho también nos sirva para entender otra batalla que estuvo muy presente en los últimos días, la de Montmeló y el Madring.
Porque el Madring ha nacido haciendo mucho ruido. Grandes presentación, muchas promesas y mucha voluntad de venderse como uno de los mejores circuitos del mundo antes de demostrarlo. Y ojalá funcione. Pero una cosa es el marketing y otra muy distinta es la realidad. Y esa realidad, como siempre, la dictará el tiempo. Veremos qué le depara el futuro a medio plazo pero la primera carrera en el nuevo circuito madrileño decepcionante. Como lo está siendo Mourinho.
Montmeló, en cambio, no necesita vender humo ni levantar tanto la voz. El Circuit de Barcelona-Catalunya se ha ganado el respeto, la admiración y el prestigio con años de trabajo bien hecho, con profesionalidad y demostrando año tras año que es un trazado de leyenda. Cómo Flick.
Porque al final, hay quien prefiere hablar mucho y hay quien prefiere demostrar su valía en el tereno. Y en el deporte, como en la vida, el ruido puede generar titulares pero sólo el trabajo bien hecho genera respeto.