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Flick y Rodri

Flick y Rodri EFE

Hablemos del Barça

Mourinho no quiso a Rodrigo

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El Real Madrid y el FC Barcelona son vasos comunicantes. Si uno está resfriado, el otro está más sano que nunca. Pero uno no se entiende sin el otro. Tanto es así que el estrecho entre ambos ha llegado a su hilo más fino esta temporada. Con el retorno de Mourinho se confirma que el pasado, como siempre, es historia. Sus discursos están vacíos y el portugués tomó una decisión que acabará marcando el futuro más inmediato de esta Liga.

Contrariamente a lo que digan y los discursos que a algunos les interese vender, José Mourinho rechazó el fichaje de Rodrigo. Eso es así, pese a quien le pese. Como también es verdad que Deco fue el más listo y rápido de la clase y aprovechó una jugada que ha beneficiado a los blaugrana, tanto en el panorama deportivo como mediático. Tres temporadas después, los blancos siguen sin encontrar a un Kroos, vacían el mediocampo y dejan toda su suerte a grandes figuras adelante, como Mbappé y Vinícius. Pero ni Mbappé vino para resolver los grandes problemas blancos ni Vinicius tiene la vitalidad con la que ganaron su última Champions. Ni Valverde ni Camavinga son creadores de juego; lo dejan todo a la suerte de superestrellas, pero un equipo se gana con un once.

Con o sin Rodri, el Madrid no tiene esta figura. Se han equivocado de cabo a rabo. Y, como siempre, los malditos vasos comunicantes: nos pasamos un verano hablando de Julián Álvarez, de la necesidad de un 9 para el barcelonismo y resulta que, con un juego dinámico y adaptativo, esta premisa cae en el minuto cero. ¿Quién se acuerda de un 9 ahora? En cambio, al otro lado y en una meseta, la omertá frente a la necesidad de un organizador del juego se hace evidente. Pero parece que los fichajes con tres cifras tapan la auténtica falta de creatividad. Hasta que llega una liga, más o menos pobre, y hace destapar todas las vergüenzas blancas.

El problema no es el retorno de Mourinho, sabiendo que segundas partes nunca fueron buenas. El problema es que Florentino Pérez, como presidente, está en una pantalla pasada. Y si la pelota no entra, ni el tratamiento de don por doquier lo salvará.