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Sacrificar a Balde para salvar a Lamine

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Esta semana va movida. Tanto que podríamos generar más de una columna explicando el no de Flick a Jules Koundé, cómo se gestó el fichaje de Rodri, entre otros. Pero me interesa especialmente Alejandro Balde. Desde esta columna, ¡maldita hemeroteca!, vamos avisando que su actitud dentro y fuera del campo hace tres temporadas, especialmente la última, no es la adecuada. Pero, hasta la fecha, el técnico alemán le ha ido perdonando porque tiene otros jugadores, como Frenkie de Jong, con fichas más elevadas que todavía se rascan más. El problema y la suerte, todo a la vez, es que Hansi Flick ha ganado fuerza. No solamente ante los jugadores, también ante Deco y el presidente Joan Laporta. Y, si dicen que a la tercera va la vencida, esta vez quieren un proyecto que aspire a más que ganar una Liga, es decir, ser ambiciosos en Europa y su Champions.

Por todo ello, la limpieza sin miramientos que lleva a cabo Flick no perdona nada. Fue muy significativo que Deco abriera el camino para que se marchara Araujo, la niña de sus ojos. Pero el alemán le dijo que esto no era una guardería y se debía profesionalizar la defensa. Lo mismo ocurre con Balde. Igual que el uruguayo, también el catalán es la niña de los ojos de otro peso pesado en el vestuario: Lamine Yamal. Bailecitos, confidencias, stories en Instagram y muchas risas. Pero con esto no ganas títulos. La gota que colmó el vaso fue la fiesta Todo al rosa que organizó el de Rocafonda para sus 19 años, este verano. Más allá del fin de fiesta en el Mas de Sant Lleí, que terminó a las tres de la madrugada, el ritmo se prolongó hasta empalmar o ni presentarse a la hora para el entrenamiento del día siguiente. Y uno de los que se coronó en esta falta de actitud fue Balde.

Por todo ello, Flick toma cartas en el asunto. La historia se repite. En su momento, Ronaldinho (y también Deco) fueron sacrificados para que Leo Messi creciera y no perdiera la concentración. Ahora, también se debe preservar a un Lamine que debe ir más bien dirigido y no tener un ambiente que le haga perder la concentración. El técnico debe sacrificar todo aquello que moleste y ponga en peligro el proyecto. Y Flick se ha ganado la autoridad para ir con el machete. ¡Adelante!