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Ferran Torres se acuerda de todas las críticas tras marcar el gol de la final del Mundial

Ferran Torres se acuerda de todas las críticas tras marcar el gol de la final del Mundial EFE

Hablemos del Barça

Ferran Torres no es Romario da Souza

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En el verano de 1994, acabado aquel Mundial de Estados Unidos, la pretemporada del Barça se sobresaltó con la rebeldía de Romario. El brasileño, campeón del mundo, no se incorporó a la disciplina del equipo que dirigía Johan Cruyff y provocó un desafío en toda regla… Que el entonces entrenador azulgrana capeó con su habitual personalidad.

Personalidad. Acaso chulería. Sin duda autoridad y, más aún, una autoestima que se contagió entre el barcelonismo de la época. Eso es lo que empieza a echarse de menos en el club, de momento, con el asunto este de Ferran Torres, un tipo que, habiendo besado la gloria (y la inmortalidad) con la selección española, se cree con el derecho de poner en jaque al Barça con la mejor de sus sonrisas y una desfachatez que roza la inmoralidad.

¿La roza? No, la supera ampliamente con su “quiero ser feliz”. ¿Sí, chato?, pues tómate una horchata y aguarda, sigue chuleando mientras alrededor del Barça los hay, y habrá, que sigan esperando y confiando a ver si Hansi Flick, Deco, Joan Laporta o Rafael Yuste (bueno, el vice menos) te ponen en tu sitio como hizo Cruyff, riéndose y vacilando al personal, con Romario.

Pero, vamos, que ya es divertido poner en un mismo texto, en una comparación tan absurda como irreal, al xiquet de Foios y a O Baixinho. El brasileño le vaciló a todo el mundo, pero con el paso de los años no ha dudado en reconocer el carisma y ascendente de quien fue su entrenador. Ferran… Bueno, por ahora sigue de gira con ese estilo burlón a medio camino entre pendenciero y ordinario pensándose que está por encima de todo y de todos…

Autoridad

Si el Barça pudiera anteponer el orgullo a su situación actual, si no tuviera que estar tan pendiente del Fair Play y demás circunstancias que le llevan agobiando los últimos años, probablemente ya habría quien pusiera en su sitio al delantero valenciano, un futbolista que, no debe olvidarse, se fue de Mestalla por la puerta de atrás en el verano de 2020 y al que, apenas 16 meses después, vendió el Manchester City sin pestañear a la que le presentó su amigo Mateu Alemany una oferta en enero de 2022.

El ‘Quien no quiera estar que no esté’ es, ahora mismo, una afirmación demasiado arriesgada en clave culé porque el Barça debe navegar en aguas revueltas. Vamos, tiene que ‘nadar y guardar la ropa’… Pero eso no significa que deba asistir como un convidado de piedra a la insolencia de un Ferran que se atreve a asegurar que puede hacer lo que le venga en gana y que, si acaso, es el club el que debe mostrar que “me quiere”.

Uno ya no sabe qué pasa en el Camp Nou para que a cualquier feo y/o desafío se responda con una sonrisa o el silencio. Desde la historia con Nico Williams y hasta el culebrón de Julián Álvarez no se ha visto y/o escuchado a nadie del Barça contestando con una buena bravata. Y ahora solo falta que Ferran Torres se atreva a fanfarronearle al club.

Tantas veces que hemos pensado aquello del ¿qué haría Cruyff? para ahora, solamente, confiar en una buena salida de tono del Joan Laporta guerrero que tanto se echa a veces en falta.

Y es que, no lo olvidemos, el Ferran que se cree tener la paella (nunca mejor dicho) por el mango, ni es titular. Bien estaría que, entre tanta diplomacia y sonrisas, alguien del club le cantase las cuarenta y, al son de Paquito el chocolatero (probablemente el pasodoble más famoso del País Valencià), le pusiera en su sitio y recordase que del Barça no se ríe un cualquiera así como así sin consecuencias…