El próximo 20 de noviembre la Masía cumplirá 47 años de existencia y en este tiempo se ha forjado a pulso como la mejor academia de fútbol del mundo. Tal calificativo ha sido empleado reiteradamente por personas de primer rango balompédico, la última de las cuales, Jurgen Klopp, mostró así su admiración porque nueve de los participantes en la final del Mundial pasaron por ella.

Por esta razón, creemos conveniente refrescar la memoria para recordar cómo se ideó y realizó ese icono emblemático y prestigioso del barcelonismo. En ese proyecto se mezclaron varios factores. El primero, cuando el entonces presidente Josep Lluís Núñez, su gran impulsor, se enteró de que una de las promesas del club, Lobo Carrasco, se alojaba en una pensión de las Ramblas, junto al entonces llamado Barrio Chino, ahora Raval. Segundo, porque en el primer equipo solamente había tres jugadores titulares procedentes del fútbol base, denominación que acuñó el primer entrenador de Núñez, el francés Lucien Muller. Se trataba de Olmo, Rexach y Sánchez. Tercero, que la Masía como sede de las oficinas del club había quedado obsoleta y se habían construido ya unas nuevas oficinas entre el Palau y la pista de hielo.

El caso de Carrasco puso al descubierto que el resto de jugadores de fuera de la ciudad se hallaba diseminado por pensiones de poca enjundia y no disponía del trato alimentario ni de los horarios propios para un deportista. La Masía de Can Planes, edificio catalogado del siglo XVII, fue adquirido en 1953 dentro de la operación de compra de terrenos para el Camp Nou y sirvió de oficina para arquitectos y demás personal técnico durante su construcción. En 1966 pasó a ser sede de las oficinas.

Una inversión; no un gasto

A Núñez le habían propuesto varias soluciones para aprovecharla, desde restaurante de lujo hasta el museo del club, pero optó por convertirla en residencia de jugadores jóvenes, porque “no todo se basa en ganar dinero y será una inversión y no un gasto, si contribuimos a formar jugadores para el primer equipo”, según declaró a los medios de la época. Y amplió así su teoría: “Un club debe gestionar recursos propios y no solucionar los problemas a base de talonario. Los jugadores de la cantera son materia prima que genera autonomía deportiva e ilusión entre los más jóvenes y los socios y aficionados”.

La adaptación de la Masía en residencia costó 18 millones (de pesetas, claro) que fueron aportados por el desaparecido Banco Comercial Español, a cambio de ser su patrocinador durante 5 años. Esa fue una de las primeras operaciones “coste cero” de Núñez y el primero de los ingresos llamados atípicos que, en aquel tiempo, sin contrato fijo de televisión, sin publicidad en la camiseta y sin marca patrocinadora de material deportivo, se resumía a unas cuantas vallas en los perímetros interior y exterior del Camp Nou.

La reunión en la que se aprobó convertir la Masía en residencia (diciembre de 1978) estaba compuesta por el presidente Núñez; Jaume Amat, directivo del fútbol base; Jaume Olivé, responsable técnico, y Josep Maria Serra, gerente. Amat, ingeniero de Caminos, que solamente estuvo un año en el cargo al ser nombrado director general de Carreteras de la Generalitat, fue el único directivo de Agustí Montal incorporado a la directiva de Núñez. Su relevo lo tomó Josep Mussons.

En la Junta Rectora se añadieron el doctor Carles Bestit y los directivos Francesc Catot y Francesc Ribó. A ellos se sumó Pere Garcia Vila, presidente del Barça Atlètic, que viajó por Europa para elaborar un informe sobre las residencias más importantes, como la de Coverciano (Italia), Vichy (Francia) y Grünsdwal (Alemania). También visitó Lezama (Atletic Club). Otro directivo, Josep Casals, del área de Patrimonio, redactó el proyecto en su calidad de arquitecto. El primer director fue Francesc d’Assís Segarra, con Xavier Comenges como administrador.

Otra filosofía

El mismo día de la inauguración de la Masía, Núñez aprovechó la presencia del alcalde Narcís Serra para proponerle la construcción del Mini Estadi, que había de ser un aliciente más para las promesas. Hasta entonces, el club disponía de los terrenos de Fabra y Coats, pequeños e incómodos, por estar ubicados al otro extremo de la ciudad.

Las formas cambiaron, pero también el fondo de la preparación física y técnica. Los entrenadores y ex jugadores, como Segarra, Torres, Pujol y Romero, prepararon unas nuevas directrices junto a Jaume Olivé. Las principales fueron: limitar a los 20 años la edad en el Barça Atlètic, con excepciones debidas al servicio militar; adelantar un año el tope de edad para los juveniles, cadetes e infantiles, y evaluar a final de temporada el rendimiento de cada jugador, a la vez que sus estudios en los centros concertados. Aprobar el curso escolar era requisito imprescindible para seguir en la Masía.

Se dio la circunstancia de que un día antes de aquel 20 de noviembre de 1979 tuvo lugar un acto de gran significado: la amortización de las últimas obligaciones emitidas para la construcción del Camp Nou. Se tardaron, pues, 22 años (y cinco presidentes) en pagarlo desde la fecha de su inauguración, cuando en el proyecto inicial se habían previsto cinco. Las sucesivas demoras y refinanciaciones generaron el pago millonario de intereses que destrozaron la economía del club. ¿Les sugiere algo ese episodio?