Andrés Iniesta dedica a Dani Jarque el gol del Mundial de Sudáfrica 2010 EFE
Ferran Torres marcó el gol del Mundial empujado por 47 millones de españoles. El delantero de Foios lo repitió varias veces después del España-Argentina (1-0). Fue el gol de todo un país, rematado con el alma, más que con el pie, como el de Andrés Iniesta en 2010. Un gol que hizo justicia a la superioridad de España tanto en la final como en todos sus partidos del campeonato del mundo.
Las comparaciones son odiosas y no se han hecho esperar los comentarios que sitúan a Ferran a la altura de Don Andrés. Son los dos héroes de España en lo futbolístico. Los elegidos para bordar dos estrellas que permanecerán por siempre en la camiseta de la Roja. Sus historias y el cómo lo celebraron, sin embargo, son muy diferentes.
Un paralelismo que hay entre ellos, es que los dos han sido elegidos para marcar el gol más importante después de haber atravesado un mal momento. Iniesta sufrió horrores durante la temporada 2009-10, las lesiones le torturaron todo el curso con el Barça y llegó entre algodones y por los pelos a la gran cita en Sudáfrica, después de un año que también fue muy complicado en lo anímico y lo emocional para él, tras el fallecimiento de Dani Jarque.
Las facturas de Ferran
Ferran también venía de pasarlo mal por las duras críticas que recibe en redes sociales. Ha tenido que someterse a tratamiento psicológico. Él mismo bromeó tras el partido en DAZN con Pepe Reina: "Fallo las fáciles y luego meto las difíciles para callar bocas".
Ahí radica, posiblemente, el gran error de Ferran en la celebración del gol del Mundial. El Tiburón estaba más pendiente de su ego, su autoestima, y de callar bocas que de celebrar ante el mundo un momento único. La imagen que eligió Ferran para que le recuerden fue golpear violentamente un banderín de córner, que se puede entender por la rabia contenida, y luego hacer un gesto dirigido a los que hablan demasiado, con la intención de callarles la boca. Quizá este último era más prescindible.
El zapatazo de Ferran Torres para batir al 'Dibu' Martínez en la final del Mundial EFE
Ferran, eufórico, celebra el gol de la victoria de España ante Argentina
Sin ser plenamente consciente, Ferran estaba mostrando a todo el mundo su anhelo de reconocimiento o su mala aceptación de las críticas, la problemática que arrastra desde hace años por la avalancha de comentarios negativos, a menudo injustos, que recibe. El de Foios optó por elegir esa imagen ante todo el mundo, la de dar voz a sus críticos, en lugar de acordarse, por ejemplo, de los efectos de la DANA en Valencia, la catástrofe natural que tantas víctimas y desastres causó en su tierra natal, y con la que tanto se ha volcado. Ferran pudo mandar ese mensaje de solidaridad al mundo y quedar como un auténtico señor, pero prefirió acordarse de sus detractores, a los que no debería prestar tanta atención.
Iniesta se acordó de Jarque
Su imagen queda a años luz de la que mostró Iniesta para enamorar al mundo en 2010. Tras pegar ese zapatazo --"le he pegado con todo lo que tenía", dijo--, el manchego se quitó la camiseta y mostró al mundo la imagen de Dani Jarque, uno de sus mejores amigos en categorías inferiores de la selección española, víctima de una cruel muerte súbita cuando todavía era jugador en activo del gran rival del Barça en Cataluña, el Espanyol. La imagen de Iniesta nos puso la piel de gallina. Emocionó a toda España y al mundo. La de Ferran, no.
Otro aspecto que hace difícil colocar un gol a la altura del otro es que el de Iniesta supuso conquistar el primer Mundial y eso siempre tiene un sabor especial. El primero es un momento único porque supone conseguir lo que nunca antes se había logrado. Es una sensación inexplicable porque nunca antes la has vivido. Es adentrarse en lo desconocido para explotar de alegría, como ocurrió a los culés con el gol de Koeman en Wembley. La primera siempre es la más difícil y, por ende, la más recordada y valorada.
Gol de Iniesta en la final del Mundial de 2010 EFE
En lo futbolístico, hay más diferencias entre ellos, obviamente. Iniesta era un intocable para el seleccionador --para Del Bosque y para cualquiera-- y, como Lamine Yamal, solo dejó de jugar algunos minutos por sus molestias físicas. El manchego, por ejemplo, no jugó ni un minuto contra Honduras. Ferran ha llegado como un toro al Mundial pero ha sido suplente habitual porque el seleccionador, Luis de la Fuente, decidió confiar más en Mikel Oyarzabal, autor de cinco goles en la Copa del Mundo 2026.
No se pone en duda, en esta columna, el talento de Ferran y sus enormes virtudes para jugar al fútbol. Es un chico humilde y trabajador, de buen corazón. Solidario con sus compañeros, sacrificado en el esfuerzo y poseedor de unas envidiables condiciones atléticas. Logró un gol más que merecido en la final del Mundial y debe disfrutarlo. Sin rencor y sin revanchas pendientes. Sin dar ningún tipo de protagonismo a los que le tienen en el punto de mira. Marcar en la final de una Copa del Mundo es mucho más importante que todo eso. Sus detractores no se merecen semejante escaparate, que bien podría haber regalado a las víctimas de la DANA.