Los jugadores del Barça celebran uno de los goles en el clásico de la Supercopa FCB
No os negaré que hubiera sido poético y también irónico que el Barça se hubiera proclamado campeón de Liga gracias a un tropiezo del Madrid ante el Espanyol, pero, puestos a elegir, hay escenarios que son más memorables. Y sí, ganar la Liga ante el eterno rival y ante tu afición es uno de ellos.
El Clásico de este domingo en el Spotify Camp Nou llega cargado de una tensión especial, de esas que vuelven a hacer bueno el dicho que reza que un partido de esta magnitud es mucho más que un partido. Es mucho más que fútbol. El Barça tiene su 29º título de Liga a la vuelta de la esquina y, levantarlo ante el Real Madrid lo convertiría en uno de esos que se recordaría toda la vida.
A los azulgrana les vale un empate pero éste es precisamente el tipo de partido donde los cálculos también suelen saltar por los aires. Las dinámicas, el orgullo y la rivalidad empujan hacia otra dirección. Todo apunta a que el equipo de Flick no especulará, sino todo lo contrario. Estoy seguro de que el Barça saldrá con determinación, con intensidad y con el deseo claro de sentenciar la Liga de una vez por todas.
El Madrid, por su parte, no tiene mejor incentivo que aguar la fiesta azulgrana y eso nos garantiza un Clásico trepidante y cargado de tensión. Lo celebro, por momentos llegué a pensar que sería un Clásico descafeinado y sin nada en juego. No será así, el domingo se disputa más que partido y el Barça tiene en sus manos redondearlo con un nuevo título.
Raphinha no se toca
El Barça afronta un verano que, de nuevo, estará marcado por una palabra que ya forma parte del día a día del club: el Fair Play Financiero. La realidad es tozuda. Para reforzar la plantilla, hacer fichajes de peso y, sobre todo, inscribirlos cumpliendo la normativa de la Liga, el club necesitará generar ingresos a través de ventas dolorosas. Es una realidad que no puede esquivarse.
En este contexto, ya comienzan a aparecer nombres sobre la mesa. Y uno de los que más daño haría es el de Raphinha. El brasileño, por cartel, mercado y valor económico, podría ser una de las operaciones que ayudaran a cuadrar cuentas pero, en mi opinión, Raphinha debe ser intransferible.
Cierto que esta temporada las lesiones le han impedido tener la continuidad necesaria para mostrar su mejor versión. También es verdad que esto ha provocado que su impacto no haya sido tan determinante como el pasado curso pero reducir su aportación a estas circunstancias sería un error de lectura.
Hablamos de un futbolista diferencial, con desequilibrio, compromiso, sacrificio defensivo y capacidad para decidir partidos. Una pieza clave en la estructura de este Barça. Su venta no sería ninguna solución real; sería, directamente, generar un nuevo problema. Porque si se marcha Raphinha, el Barça estaría obligado a encontrar en el mercado un relevo de primerísimo nivel. Y esto, hoy, no sería fácil ni barato.
Mbappé se baja del barco
Mbappé ha decidido desconectar. Viendo el drama que hay en el Real Madrid, ha decidido ser el primero en bajarse del barco.
En el peor momento de la temporada para el conjunto blanco, el francés decidió irse de vacaciones y hacerlo público. Y eso, en un club con esta exigencia, se vive como una absoluta falta de respeto y traición. Porque no es solo el hecho, sino todo lo que ha transmitido con esta escapada con Ester Expósito. Que, por cierto, no es la primera vez que lo hace.
Mbappé ha marcado muchos goles desde su llegada a Madrid, pero no ha sido determinante en los momentos clave ni ha liderado el proyecto como se esperaba. Su balance traducido en títulos ha sido insuficiente y su rendimiento general no ha cumplido con las expectativas de su fichaje.
Esta última salida de tono también ha hecho que se hayan intercambiado los roles con Vinicius. El villano de la película ya no es el brasileño, ahora es el francés, y la afición del Bernabéu no suele perdonar fácilmente. Con su comunicado dando explicaciones no basta, no ha convencido a nadie. Solo ha confirmado lo que ya se sabía: que Mbappé está muy mal asesorado y que empieza a recordar a Nicolas Anelka, quien tampoco triunfó en la “casa blanca”, en parte por su vida fuera de los terrenos de juego.
Mbappé ha jugado con fuego y se ha quemado y, aunque tiene contrato hasta 2029, ya no descarto nada. Al madridismo se le ha acabado la paciencia con el francés.