Álvaro Arbeloa, Xabi Alonso, Iker Casillas y José Mourinho, en un estadio antes de un partido del Real Madrid REDES
En primer lugar y a raíz del posible regreso de José Mourinho al Real Madrid, habría que separar el ruido de la realidad. Florentino Pérez conoce como pocos el ecosistema mediático y esto creo que, de momento, es otro globo sonda a través de la prensa para medir las reacciones, observar el entorno y convertir ese rumor en una encuesta pública. No sería la primera vez y esto invita a pensar que, más que una operación real, estamos ante una nueva maniobra de tanteo del presidente blanco.
Ahora bien, si el debate es futbolístico, también existen matices evidentes. Mourinho ya no es ese entrenador que imponía respecto a vestuarios propios, rivales y aficiones de todo el mundo. Lleva años transitando lejos de la élite y su último gran éxito es una Conference League con la Roma en 2022. Una Conference League hace 4 años. El personaje sigue intacto pero el entrenador deportivo ya genera más dudas.
El Madrid necesita una sacudida, sí, pero no un terremoto. El vestuario blanco ya convive con suficientes egos, tensiones y focos mediáticos como para añadir un nuevo gallo en un gallinero demasiado cargado. Mourinho garantizaría titulares, conflicto y máxima exposición, pero no necesariamente estabilidad.
Desde la óptica culé, sería un regreso tan divertido como peligroso: desgastaría al Madrid, pero también volvería a tensionar el día a día azulgrana. Si realmente Florentino contempla esa vía, es señal de que la desesperación pesa más que la planificación. Y apagar un incendio con gasolina nunca suele funcionar. El Barça de Hansi Flick ha hecho mucho daño en la capital.
Mérito azulgrana, demérito blanco
La Liga ya tiene dueño salvo una sorpresa mucho más que improbable. La victoria del Barça en Getafe, sumada al nuevo tropiezo del Madrid, deja el campeonato prácticamente sentenciado y confirma lo que se ha visto durante toda la temporada: el Barça ha sido el mejor equipo de la competición.
El de Getafe no era un partido fácil pero los de Flick volvieron a demostrar madurez y personalidad para sacar adelante otro partido incómodo. Aquí es donde encontramos una de las grandes claves de la temporada, el Barça ha sabido competir igual en los grandes escenarios que en los campos más difíciles y exigentes.
La ventaja en la tabla refleja una superioridad construida jornada tras jornada. Mientras el Barça ha mantenido una línea ascendente, el Madrid se ha mostrado irregular, dejando escapar demasiados puntos y transmitiendo una sensación de desgaste incomprensible. En la Liga, esta diferencia se paga y por eso la distancia actual es más que definitiva.
Además de los resultados, el Barça también sigue ilusionando con su forma de ganar. El equipo mezcla juventud, talento y ambición, con futbolistas llamados a marcar una época y un entrenador que ha sabido dotar al grupo de orden y carácter competitivo. No sólo se está conquistando una Liga; también se está consolidando un proyecto con presente y futuro.
Insisto en que todavía falta la confirmación matemática, pero el sentimiento está claro: este título es más que merecido.
Nostalgia europea
Ya han empezado las semifinales de la Champions. Ha llegado ese momento de la temporada en la que todo se detiene, en el que las miradas del mundo del fútbol apuntan hacia una competición única y que construye leyendas. Y, desgraciadamente, una vez más no está el Barça.
Han pasado unos días desde la eliminación contra el Atlético, pero la herida todavía duele. Hay derrotas que pasan deprisa, y otras dejan rastro. Y esta es de las segundas. Aún cuesta entender cómo se escapó la clasificación.
También es cierto que, llegados a estas fechas, el reto de las semis habría sido mayúsculo sin dos piezas tan determinantes como Lamine Yamal y Raphinha. Afrontar unas semifinales de Champions sin su desequilibrio y gol habría sido tan difícil como doloroso. Pero una cosa no quita la otra: con ellos o sin ellos, el Barça tenía que estar. Sobre todo en un tramo de final de curso en el que la Liga ha quedado casi ya en un segundo plano y Europa concentraba toda la emoción.
Ahora toca mirarlo desde fuera. Y entre los cuatro supervivientes no tengo ninguna simpatía especial por ninguno de ellos, pero si me tengo que quedar con uno, que sea el PSG de Luis Enrique. Por su pasado azulgrana y por lo que todavía representa para el barcelonismo.