Joan García y Éric García se saludan tras ganar el Barça al Mallorca EFE
Reitero lo que ya dije semanas atrás. El Barça tiene portero, sí. Pero todavía debe reivindicarse en Europa y ponerse a la altura del mejor Víctor Valdés o Ter Stegen. Dicho esto, Joan Garcia sabe hacer boleas, maquillar resultados y salvar tantos inimaginables. Pero vamos al lío. El cuidado muscular es importante. Se ha hablado mucho de la broma y la pequeña ayuda que le proporcionó a Raphinha para ganar tiempo ante el Rayo Vallecano. Pero, aun siendo así, no es menos cierto que el portero de Sallent arrastra alguna que otra dolencia.
Por un lado hay la sobrecarga muscular. Una evidencia a la que también se suma Pedri, en parte Fermín y el siempre cronificado Dani Olmo. Y en este tema, se debe sumar otro si nos centramos en el guardameta: un problema endémico que arrastra desde el año 2019 a nivel de lesión en el menisco. Como me dijo el bueno de Jaume Creixell en la transmisión del partido por Esport 3 de este pasado domingo, "las lesiones no duran siempre", para rematarlo con su ironía de la buena diciendo que él "se había operado de fimosis". Es verdad: el pasado, muy a menudo, suele ser historia.
Aunque no es menos cierto que el pasado, a veces, también vuelve. Y que el cuerpo tiene memoria. Joan Garcia debe tener cuidados extremos, tiene un entreno a parte ya que los porteros acceden a una preparación minuciosa. Y, por encima de todo, debe hacer caso a los expertos. Me informan que en los últimos días, el mimo hacia él es extremo. Y no simplemente por un tema de sobrecarga, también por el hecho que los meniscos nunca han vuelto a estar en su mejor momento. No hay alarmas a la vista, pero sí avisos. Y Joan Garcia debe ser consciente de ello.