Hansi Flick y Xabi Alonso, en la final de la Supercopa EFE
Hasta ahora la maldición más famosa en el mundo del fútbol era la del entrenador húngaro Béla Guttman, que en la década de los sesenta fue capaz de ganar dos Copas de Europa consecutivas con el Benfica -una de ellas al FC Barcelona en la famosa final de los postes-. Resulta que el bueno de Guttman no encajó muy bien su despido, profetizando que "sin mí, el Benfica nunca ganará más la Copa de Europa". Y de hecho se cumplen ya 63 años de esta maldición, con ocho finales perdidas por parte del club lisboeta.
Pero desde hace poco hay otra maldición que recorre las bambalinas del panorama futbolístico. Su protagonista es Hansi Flick. El técnico alemán maldice a sus rivales de tal manera, que quien osa ganarle un partido, acaba unos meses después patitas a la calle. De hecho, los dos últimos que se le han subido a la barba, Enzo Maresca (Chelsea) y Xabi Alonso (Real Madrid), ya están en la cola del paro. Y los otros dos que han osado vencer a Flick esta temporada lo están pasando canutas: Luis Enrique (PSG) acaba de ser eliminado en los dieciseisavos de final de la Copa por el modesto París FC, mientras que Matias Almeyda (Sevilla) está más discutido que nunca, tras sufrir una nueva derrota en casa, esta vez ante el Celta.
Así pues, que tomen nota los siguientes técnicos que se enfrentarán al Barcelona. Y es que ganar al equipo de Flick trae consecuencias, pero negativas para el rival. Los dos últimos que se atrevieron fueron cesados. De hecho, desde que Xabi Alonso venció (2-1) al Barcelona a finales de octubre, se abrió la caja de los truenos -con la ayuda inestimable de jugadores como Vinicius, que empañaron el triunfo con su polémica reacción al ser sustituido en el Clásico-, en una carrera contrarreloj hacia el abismo, que se precipitó en la final de la Supercopa, donde el equipo blanco perdió ante el Barcelona (3-2) en el papel de la triste figura para Xabi Alonso, desacreditado incluso por el propio Kylian Mbappé después del partido. Y aún más curioso fue el caso de Maresca en el Chelsea, quien tras vapulear (3-0) al Barcelona en la Champions, se quedó sin gasolina en la Premier, hasta el punto de ocupar ahora mismo la octava plaza.
Así pues, Flick siempre gana. O gana porque vence al rival o gana porque el que le derrota se queda sin trabajo a los pocos meses. Con este argumento parece complicado que se le escape algún título esta temporada. De hecho, en la pasada, la maldición ya empezó a hacer estragos en los últimos partidos, cuando cayó eliminado, de forma injusta, en las semifinales de la Champions ante el Inter de Simone Inzaghi. Unos días después, el técnico italiano era destituido sin contemplaciones tras sufrir una dura derrota en la final contra el PSG (5-0). La maldición había empezado a andar ese 31 de mayo y nadie se había dado cuenta