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Nana de Juan, escritora  / LUIS MIGUEL AÑON

Nana de Juan: “Tarradellas me dio una segunda oportunidad”

La periodista y escritora presenta su nuevo libro al mismo tiempo que destapa las intimidades del matrimonio Pujol-Ferrusola

15 min

La escritora Nana de Juan ha vivido con especial emoción este Sant Jordi después de que Crónicas Impertinentes, su segunda obra literaria, haya visto la luz. Se trata de un recopilatorio con aires de diario que refleja cómo vivió sus días de confinamiento. Madrileña de nacimiento, y barcelonesa de adopción, De Juan es licenciada de la primera promoción de periodistas que salieron de la Universidad Complutense de Madrid. Nada más terminar la carrera, empezó a trabajar en la Agencia Efe.

Tras dos años como reportera en la central de la capital española, se trasladó a la sección de Barcelona, donde cubrió sucesivamente la información de las secciones de laboral, sucesos y edición, hasta ser nombrada responsable de reportajes. Un cargo que ejerció durante dos décadas. 

En su entrevista con Crónica Directo, reconoce que le es imposible quedarse con una faceta, si la de calle o la de asesoramiento empresarial, aunque confiesa que fue en Efe donde realizó sus mejores trabajos. Jordi Pujol, Josep Tarradellas, Isabel Preysler e incluso el Dalai Lama y el rey Felipe VI son tan solo algunos de los nombres que han sido sometidos a sus cuestionarios.

No obstante, si hay una entrevista que le marcó para siempre fue con Tarradellas. Para ella, “el hombre de los grandes titulares”. Además, también destapa las intimidades del matrimonio Pujol-Ferrussola y habla sin tapujos sobre el acoso real que sufren y han sufrido las mujeres en el mundo del periodismo.

--Pregunta: Cuatro décadas en la profesión. ¿Cómo describiría la transición del papel al digital?

--Respuesta: La transición creo que ha sido una incógnita para los propios periodistas. Yo me he criado en el papel y en la redacción, pero no he tenido ningún problema en adaptarme a los medios digitales. Sí que es verdad que hay menos controles de la calidad, se han creado las fake news, que antes no existían. Todo el mundo puede escribir, no hay filtro, quizá antes pecábamos de gurús y ahora todo lo contrario.

--¿Se ha devaluado la profesión?

Sí. Se ha devaluado totalmente. Antes los directores de los periódicos eran profesionales que defendían los intereses de sus trabajadores; ahora defienden sus intereses, los de la empresa. Los periodistas tienen que seguir trabajando al servicio de los empresarios. Si el empresario decide que hay sueldos efímeros, el periodista tendrá que adaptarse al menos malo. Yo recuerdo que con 27 años ganaba más que mi padre, que trabajaba en banca.

--¿Se ha perdido la objetividad? ¿Considera que se trabajan igual las exclusivas?

--Se ha perdido la verdad en mayúsculas. El periodista de ahora tiene muchas más presiones que antes. También es cierto que cuando tienes una exclusiva te quema en las manos. Y siempre intentas recortar los tiempos posibles, yo creo que ha sido igual antes y ahora. Quizá antes sí que perdíamos más tiempo en llevar de un sitio a otro los carretes. Por ejemplo, nosotros siempre a las 18 horas teníamos un servicio de mensajería a Madrid para que los rollos salieran en un tren de Renfe o en un avión de Iberia. A su llegada a destino, alguien los estaba esperando para que estuvieran al día siguiente. También se enviaba muchas veces la documentación en taxis, por ejemplo desde el Vall d'Aran a Barcelona, cuando los Reyes iban a esquiar a Baqueira. Había toda una infraestructura troglodítica detrás de los reportajes que les daba un valor añadido.

--Entrevistó usted a Felipe VI…

--Sí. A veces lo que parece que es más difícil no lo es. He tenido más problemas con petardos que con gente relevante. Recuerdo que fue un lunes que no teníamos nada y un fotógrafo me propuso hacer algo con el príncipe. Iba a ser olímpico y estaba entrenándose en Palamós. Llamé al Club Náutico de Palamós, pregunté por el responsable del equipo de vela español y se puso el entrenador. En un principio se negó a que Felipe diera declaraciones, pero le mentí al decirle que sería una pena que entrevistásemos a todos los equipos españoles y que el equipo de vela no saliera porque allí estaba el príncipe. Ya cambió el asunto. Al día siguiente, recibí una llamada diciendo que me iban a llamar de la Casa Real para cerrar la entrevista.

--¿Qué supuso el confinamiento?

--Empieza el confinamiento y veo que una colega nos pide a cuatro periodistas que escribamos 800 palabras del confinamiento. Lo hago, termino y me voy a hacer la cena. Al volver veo que tengo 50 comentarios. Creé mi propio público. En esa primera crónica, algunos decían que hasta se habían emocionado porque hacía una referencia entre nuestro confinamiento y mi madre que había pasado una guerra y tuvo que vivir en un vagón de tren. A lo tonto empecé así y ya comencé a meter historias mías del periodismo. Yo no tenía ninguna intención de hacer un libro, pero así surgió Crónicas Impertinentes.

--¿Así nació su libro?

--Sí. Cuando llevaba 14 crónicas, una amiga, Lola García Paz, que también es periodista, me envió sus Pinturas de confinamiento y coincidían con mi texto. Le pedí que me las dejase. Son las que hoy ilustran el libro. Fue mágico. Luego llamé a una editorial, les cuadró y aquí está. Jamás había escrito de mí misma y en él me despojé de tabúes, no había normas.

--¿Lo pasó mal durante el encierro?

--Yo en el confinamiento fluí. Estuve sola todo el tiempo. A veces tengo que tomar alguna pastilla para la ansiedad, pero durante el confinamiento no la tomé ni un solo día, aunque tuve días de todo con momentos de euforia, otros de amores rotos… Tenía mi rutina de lectura, buscar temas, escribir… Fluí. Encontré cosas mágicas, libros, fotos. Recuperé la entrevista que hice al Dalai Lama…

--¿Considera que se gestionó bien la pandemia?

--Creo que el Gobierno no hizo todo lo que tenía que hacer en las residencias, se les abandonó. No creo que el Ejecutivo quisiera matar a la gente ni mucho menos, pero personalmente considero que la situación les desbordó. Para mí fue un panorama desalentador ver como la generación de mis padres, que se ha sacrificado toda una vida, y que ha vivido una guerra, murieran solos. No culpo al Gobierno, pero es algo que se nos fue de las manos a todos. También pasó en otros países.

--De toda su trayectoria ¿con qué entrevista se queda?

--La de Felipe VI fue muy gratificante, pero también lo pasé muy mal. Tuve mucha presión. Para mí el personaje que más me ha enternecido ha sido Anthony Quinn. Lo conocí en Venecia, en una campaña de Freixenet. Ya era muy mayor, tenía más de 80 años, pero acababa de tener un hijo. Su concepto era que él era tan mayor que no quería perderse ningún momento de su hijo. Entonces estaba yendo y viniendo de la habitación en cada plato de la cena. No sé, me reflejó muchísima ternura. Aunque si me tengo que quedar con una entrevista me quedo con la de Tarradellas por lo enigmático del personaje. Una persona que te concede una entrevista, pero no se acuerda de lo que te ha dicho, desvaría porque no ha dormido y luego al día siguiente te llama y te dice que quiere que vuelvas porque sabe que el día anterior había estado muy espeso, me pareció cuanto menos sorprendente.

--Entonces, se puede decir que Tarradellas le dio una segunda oportunidad.

--Sí, Tarradellas me dio una segunda oportunidad. De hecho, ese día me dijo que por qué no le preguntaba qué le parecían las dictaduras autonómicas blandas. Yo le respondí: "Vale, se lo pregunto". Me soltó una crítica tremenda sobre el Gobierno autonómico de Cataluña. Claro, me vi obligada a preguntarle si lo decía por Jordi Pujol. Lo curioso fue que me contestó dándome él el titular. "El señor Tarradellas ni lo confirma ni lo desmiente, señorita. Ya tiene aquí su titular".

--¿Entre Jordi Pujol y Josep Tarradellas con qué entrevista se queda?

--Tarradellas la anécdota fue con eso. Con Pujol también fue genial. Cumplía 70 años y desde la Generalitat nos dijeron si queríamos hacerle una entrevista, donde también estaba su señora, Marta Ferrussola. Él daba la entrevista y ella apostillaba, aunque lo mejor era lo que decía ella. Pujol me reconoció que fue su mujer quien crió a sus hijos y quien sacó su hogar adelante. Cuando él acababa, ella confirmaba lo que decía e incluso como que le recriminaba. "Sí, sí, el sabía cómo se llamaban, el curso que hacían. Yo siempre me quedaba sola con los siete hijos, fuera invierno o verano y a las siete de la tarde cerraba todo y nos íbamos a la cama porque ya habíamos pasado el día. Esas cosas modernas de ahora que a los niños no hay que educarlos… yo, cachete viene, cachete va", me dijo ella. Fue muy gracioso porque, en esta ocasión, fue Pujol quien matizó las palabras de su mujer con un: "Sí, Marta, sí, però amb mesura".

--En su libro habla del fenómeno ‘Mee too’. ¿Durante su trayectoria, ha sufrido el machismo en su profesión?

--En mi época, cuando yo terminé la carrera, el me too era lo habitual. Nosotras no éramos conscientes de esos acosos. La sociedad estaba establecida de tal manera que tú sabías que te tenías que defender, utilizabas tus estrategias. Muchas veces tenías que escuchar comentarios ofensivos cuando decías que no te apetecía salir con un tío. El otro día comentándolo con una compañera llegamos a la conclusión de que incluso nos hacían sentir culpables, que habíamos dado pie a que te estuvieran acosando. Nos preguntábamos si habíamos sonreído más de la cuenta, o incluso si me había puesto una falda demasiado corta. No obstante, yo creo que la mujer inteligente ahora sabe salir de estas situaciones: vas y lo denuncias. En nuestra generación no se denunciaba. De hacerlo, hasta los policías te ponían en duda, era como que llegaban a pensar qué habrá hecho esta.

--¿Se ha sentido discriminada en alguna ocasión?

--Sinceramente, yo creo que en esta profesión no se ha practicado tanto el me too por el hecho de que en las facultades de Periodismo siempre ha habido un gran número de mujeres. En parte creo que este hecho también ha provocado que en nuestro sector no haya discriminación hacia la mujer. Hay profesiones que yo creo que lo han tenido más complicado.