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El actor Juan Grandinetti / CEDIDA

Juan Grandinetti, un actor en búsqueda: “Tengo ganas de hablar un poco con mi voz”

El intérprete coprotagoniza la ópera prima de José Corral Llorente, la surrealista comedia 'Contando ovejas'

17 min

Juan Grandinetti (Buenos Aires, 1991) no le tiene miedo a nada. Tras triunfar en el teatro en su Argentina natal y estar ya consolidado, en febrero de 2020 hizo las maletas y se trasladó a Madrid. El resultado fue más que óptimo. Entró por la puerta grande con el regreso de Los hombres de Paco y no ha parado.

Tras ultimar los rodajes pendientes en España ha regresado a su tierra. En medio de su crecimiento profesional se siente en búsqueda. Quiere ver, “sin presión”, cuál va a ser el siguiente paso.

'Contando ovejas'

Por ahora, el actor estrena Contando ovejas, el debut en el largo de José Corral Llorente, coprotagonizado por Eneko Sagardoy y Natalia de Molina. Una surrealista comedia que mezcla imagen real con animación y que sumerge al espectador en un viaje casi lisérgico y caótico en el que los protagonistas pasan por experiencias entre duras y alocadas.

Grandinetti repasa con Crónica Directo cómo fue rodar esta película en un mismo piso y tras salir del confinamiento y reflexiona sobre su carrera y su futuro, prometedor.

--Pregunta: ¿Cómo llegó al proyecto?

--Respuesta: Después del confinamiento me llamó Diego Borovinsy, responsable de la producción argentina. Me comentó que estaban haciendo un proyecto suspendido por la pandemia y que buscaban un actor argentino que estuviera en Madrid para empezar a rodar en 15 días. Me mandó el contacto del director, me citó al día siguiente, me dio el guion y me citó para la prueba: una escena donde tenía que llorar, estar feliz, volver a llorar… Me fui a mi casa con esa sobredosis de información, pensando "¡guau!". Me encantó el guion, la peli y me presenté a la prueba y la verdad es que me fue bien, si no no estaría acá. Al lunes siguiente, ya hacía la prueba de vestuario. No tuve tiempo de nada, fue algo que, con distancia y perspectiva, estuvo bueno, porque cuanta más distancia uno se pone más pesado. Esto fue muy intuitivo en muchas cosas y fue muy interesante por muchas cosas. También me interesó el mundo que traía él, de mezclar imagen real con animación.

--Un hecho poco común en el cine español, no sé en el argentino.

--Total, a mí incluso en un momento me costaba imaginarlo. Ya luego leí el guion, me vi sus cortos. Y me pareció superatractivo. Acá tampoco es muy común, o yo no lo vi. Me dio mucha curiosidad.

--Define su selección como un caos, casi. Muy similar a la vida de los protagonista y la película, ¿cómo definiría ‘Contando ovejas’?

--Es una película muy intensa, que va de la mano con esto. Todo se rodó en un mismo edificio, con todo lo raro de rodar con los nuevos protocolos. Un calor… Y un ritmo en todo... El mismo que se ve en la película. El director además es muy avasallante, arranca y no para. Rodar con un perro también es una locura. Fue duro, pero yo lo superdisfruté.

--¿Y qué nos puede decir de Leandro, su personaje?

--Es un camello que lo único que quiere es irse de ese edificio. Lo único que hace es montar grandes fiestas en su casa, atrae al mundo de su novia, que es el del cine, quienes le consumen toda la droga que vende. A vistas de un relato o del espectador, sí, puede ocupar el lugar del malo, pero si nos adentramos, que es lo que propone la película, no queda muy claro quién es qué. Cada uno atrae sus intereses y a la que se mezclan empiezan los quilombos. La empatía es bastante escurridiza en la peli, de hecho, hasta los puedes entender en un punto. Aunque sí, sería el malo, pero es humano y nos mueven las mismas cosas, los deseos, algunas cosas en común uno puede encontrar.

Juan Grandinetti en 'Contando ovejas' / FILMAX
Juan Grandinetti en 'Contando ovejas' / FILMAX

--¿Usted se definiría como un macarra?

--Nada. 0,0.

--¿Nunca lo fue?

--De pequeño, sí. De hecho, era uno de esos bullies. No me enorgullece y me da culpa en muchos aspectos. Uno es niño e igual no hace otra cosa que llevar sus propias miserias a los demás. Pero en un momento, la profesora me puso delante de todos y me di cuenta de que todo el mundo me señalaba cosas de mí que no estaban buenas. Fue un primer clic, de forma inconsciente. Y, a partir de allí, no te voy a decir que soy un pan de Dios, pero no soy un macarra.

--En la película, como dice, se ve que la gente del cine consume mucha droga. ¿Diría que es así?

--¡En todos lados! Lo que pasa que hay lugares que está más estigmatizado. Puede que las artes sea un área más propensa o que lo acepta más fácilmente. Pero pregúntale a alguien si no ha fumado nunca un porro. Que hay mucha gente que no, ¿eh? Es moneda corriente y en cualquier mundo. También en oficinas o con trabajos más tediosos.

Juan Grandinetti en una escena de  'Contando ovejas' / FILMAX
Juan Grandinetti en 'Contando ovejas' FILMAX

--¿Qué le hizo irse a Madrid?

--Yo tengo familia en Barcelona. Mi madre y toda mi familia materna es catalana y siempre tuve un puente o una pertenencia con España que, hasta 2020, no me habían dado ganas. Pero en 2019 rodé en Madrid, coincidí con Gonzalo de Castro, con el que me llevé superbién, y me insistió mucho en que fuera allí, que estaba en muy buen momento. Me volví, lo hablé con mi novia y en febrero de 2020 nos fuimos. Todo fue genial, tengo un grupo de amigos, mi hermana vive allí también.

--¿Y qué diferencias ve entre el cine argentino y el español?

--En el cine es un lenguaje muy parecido. También es cierto que hay mucho argentino y argentina que trabaja en España y eso te da una pauta de que se habla un lenguaje parecido y de que las dinámicas se manejan un poco igual. Ya a nivel producciones te diría que hay diferencias, sí.

--¿Y con el teatro?

--Teatro en España no hice. A nivel espectador te diría que hay un lenguaje bastante parecido también, pero identifico una diferencia de escuela a la hora de abordar una obra, el personaje. No quiere decir que sea ni mejor ni peor, de hecho, hay un lenguaje muy parecido.

--¿Le gustaría hacer teatro en España?

--Sí. Cuando me fui pensaba que no quería hacer más teatro en mi vida. Llevaba dos años con Toc, toc, tras un parón de otra obra que también hice dos años seguidos. Estaba conflictuado también con los horarios del teatro que van a trasmano de lo cotidiano y te ancla. Tenía ganas de viajar. Pero desde 2018, principios de 2019, ahora me dan ganas. Hice mucho teatro en los comienzos y, por mucho que fui reticente durante una época, no hay nada como el teatro.

--¿Sigue pensando que es el reducto del actor o es un dicho pasado de moda?

--Mi viejo me decía una frase que una vez oyó a alguien: la televisión es de los productores; el cine, de los directores y el teatro, de los actores. Y sí. Empieza la obra y quien está allí es el actor y una vez arranca no la para nada. Y esa adrenalina no está en ningún otro lado y te ofrece esa sensación de que es algo propio. De que tienes algo en tus manos y tú lo vas llevando.

--Como decíamos, usted hizo mucho teatro en Argentina y, de repente, se va.

--Sí, estaba en un buen momento laboral en el que conseguía mucha continuidad y hasta me podía dar el lujo de elegir qué hacer. Pero sin momentos, siempre me puse como objetivo lo de poder elegir, y cuando lo tengo me voy. Además, en el momento que fui, a nivel audiovisual estaba bastante en auge. Luego vino la pandemia y a mezclar y repartir de nuevo. Más allá de lo laboral, el tema familiar me llamaba. También había una cuestión de búsqueda.

--Entró con Los hombres de Paco y no ha parado.

--Sí, fue una buena apuesta. Era empezar de nuevo y de cero y estoy superagradecido de lograr tanto trabajo en tan poco tiempo. Lo laboral ayudó también a reconfirmar la búsqueda que estoy haciendo.

--Si a España lo llevó esa búsqueda, ¿qué lo empujó a la actuación, más allá de tener como padre a Darío Grandinetti?

--Yo me acuerdo de un verano en que mi viejo hacía una obra en Mar del Plata, Ella en mi cabeza, de Óscar Martínez. Yo la fui a ver mil veces ya, me gustaba mucho y fui mucho a los ensayos y a las funciones. Pero ese día en Mar del Plata veía cómo se reía la gente y cómo me reía y yo, y pensé: me encantaría poder generar esto. ¡Sin ningún tipo de pretensión! En la obra estaba Juan Leirado, cuya hija hacía teatro en la escuela de Julio Chávez, me la recomendó y tuve una gran experiencia con Luz Palazón. Eso también ayudó porque llegar a un lugar en el que Luz me acompañó de esa manera me hizo seguir apostando más fuerte por ese lado. Luego me acuerdo de escuchar conversaciones familiares y me daban fiaca, no quería escuchar de eso. Al final, me agarró el teatro.

--Curiosamente, con Óscar Martínez participó recientemente en Competencia oficial. ¿Cómo fue?

--Una experiencia maravillosa. No me lo esperaba para nada. A Óscar ya lo conocía. A Antonio [Banderas] y Penélope [Cruz], no, y me encantó haberlos conocido. Sobre todo, porque creo que es muy difícil sacarlos del lugar en el que están a nivel comercial. Uno cree que los conoce y me descubrí a dos personas que están súper a tierra, de igual a igual.

--Y pese a que usted dice que le gustaría generar reacciones en el espectador sin ninguna pretensión, con el paso del tiempo y la experiencia ¿qué cree que debe generar un actor, una película o una obra de teatro?

--No lo sé. Porque en esta etapa de búsqueda, si bien quiero seguir actuando y lo disfruto, sobre todo si es una historia que me identifica, estoy con ganas de contar algo propio.

El actor Juan Grandinetti en una escena de 'Contando ovejas' / FILMAX
El actor Juan Grandinetti, en una escena de 'Contando ovejas' / FILMAX

--¿Piensa en escribir?

--Sí. Lo que se me ocurre es eso, porque es lo más práctico y cercano que tengo. Y porque si pienso en algo más grande ya me abrumo y pienso que no voy a llegar. No sé en qué formato tampoco y no me presiono en saberlo para no cerrarme puertas. Tengo ganas de hablar un poco con mi voz. Es cierto que actuar te da cierta libertad, acabas contando la historia de alguien. Tampoco sé para qué estoy capacitado y para qué no. Tengo ganas de escuchar mi voz y contar una historia propia en X formato que aún no descubrí.

--¿Cree que para la gente que solo se fija en su apellido esto puede hacer que el público escuche o descubra su voz?

--Hagas lo que hagas siempre va a estar el apellido. No para mí y para un montón de gente. Es algo con lo que lidio desde que era pequeño. Yo quiero que mi voz la escuche primero la gente que me conoce, después, sí, me encanta pensar que algo de lo que escriba o actúe puede tocar alguna fibra en alguien, aunque es un poco infinito eso, no sé. Yo tengo mi propia voz y lo que la gente pueda escucharme más allá de mi apellido me tiene sin cuidado. ¡Y vete a saber! A la hora de contar algo propio ¡igual aparece mi viejo, porque es parte de mi vida! (ríe). Y mi apellido va a ser siempre el mismo y estoy orgulloso de llevarlo. Me da la vida tener el padre y la madre que tengo.

--¿Qué más tiene entre manos?

--El estreno de Mamá no enredes, pero en vista, nada. Pero esto es así. Hay que perfeccionarse en la espera. Por eso me agarra el pensar si investigo un poco por mi lado.

--Una actitud que empieza a ser común en una generación de actores.

--Hay un derrumbe de esa idea de decidir a qué se tiene que dedicar uno y que sea para toda la vida. Ese es el derrumbe de barreras que se está dando. Uno no se debe dedicar a una cosa para toda la vida y que no debe ser lo único que hagas, porque puede haber otras cosas que te muevan. Además, es muy interesante la visión de alguien que actúa a la hora de escribir, porque seguramente tiene otra óptica a la hora de contar que alguien que se dedica a la dramaturgia puramente. Y a la inversa. Está bueno que eso conviva y se retroalimente.