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Julián Muñoz /EP

Así fueron los inicios de Julián Muñoz: de tabernero, a alcalde de Marbella

El otrora edil asumía el mando del consistorio malagueño en 2002 tras 11 años de carrera polítca y la renuncia de Jesús Gil y Gil

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Telecinco cuenta las horas para estrenar su gran baza del mes de enero: la serie documental que protagoniza Julián Muñoz se emite por primera vez la noche de este viernes. El exalcalde de Marbella rompe su silencio y lo hace para hablar largo y tendido sobre su vida al frente de la ciudad malagueña, su romance junto a Isabel Pantoja y su paso por la cárcel tras ser imputado en el Caso Malaya.

El otrora tabernero reaparece y lo hace por la puerta grande --en prime time-- después de que la Audiencia Nacional de Marbella le concediera por cuarta vez en 15 años el tercer grado por su delicado estado de salud al padecer una pluripatología "grave e incurable". Así lo recoge el auto dictado el pasado martes 1 de junio de 2021 por el dicho tribunal.

"Templanza, mesura y honestidad"

De no ser por este motivo, hoy, el exmarido de Maite Zaldívar continuaría entre rejas, condenado a 20 años de prisión por un entramado de corrupción con varios delitos urbanísticos y de prevaricación que se remontan a su época al frente del consistorio marbellí. Un período que daba comienzo el 2 de mayo de 2002 tras la renuncia de Jesús Gil y Gil de todos sus cargos.

Tras ejercer como teniendo de alcalde desde 1999, en su toma de posesión, Julián declaró querer trabajar "con templanza, mesura y honestidad" por y para Marbella. Si bien los inicios en política del abulense se remontan a 1991, siempre al lado de Gil. Por aquel entonces, junto a Maite, el matrimonio había convertido su restaurante --sito en la zona menos transitada de la opulenta marina de Puerto Banús-- en uno de los negocios más fervorosos de los 90 marbellíes.

Macarrones con chorizo

El comedor ofrecía un menú de cocina casera, basado en los platos y platillos --su especialidad, macarrones con chorizo-- que a diario preparaba Zaldívar desde primera hora de la mañana. Considerada el cerebro de la empresa, la esposa de Julián se encargaba también de las cuentas del negocio. De hecho, fue el propio Gil, quien ante la brillante inteligencia de la mujer, cayó rendido a sus pies hasta el punto de proponerle que entrara en política junto a él.

Si bien, el carácter reservado de la Castellón de la Plana le hizo declinar la oferta en favor de su marido, el relaciones públicas del negocio: un hombre dicharachero con don de gentes que sabía engatusar y que a su vez tomaba la comanda de los pedidos. De este modo, Julian pasó de servir mesas con mantel de cuadros, a ser concejal de Festejos de la villa con más clase de toda España.