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La actriz Carmen Ruiz / JC

Carmen Ruiz planta cara a la conectividad: "Las redes ya no son tan divertidas"

La actriz se sumerge en un mundo de ciencia ficción en el teatro, un reto que enfrenta de la mano de la compañía Sexpeare

10 min

Carmen Ruiz (Madrid, 1974) regresa a las tablas con una obra muy especial Ronejo. Un montaje de ciencia ficción en la que un pequeño conejo miniaturizado se mete en la cabeza de las personas para meter publicidad en el sueño de las personas.

El reto de montar esto en los escenarios lo ha aceptado la actriz que confía al 100% en sus creadores Rulo Pardo y la compañía Sexpeare, curtidas en crear mundos fantásticos en escena.

Teatro y ciencia ficción

La actriz, bregada en todas las lides --cine, teatro y televisión-- confía 100% en el proyecto. Es seguidora empedernida de todos ellos y confía en su experiencia y en el texto, que no ve tan alejado de la realidad.

Ella interpreta a la novia del protagonista, quien planta cara a esta amenaza del sistema de apoderarse de la mente para hacernos consumir. Ruiz no lo ve mal, de hecho ella ya no es muy partidaria de las redes que, en su opinión, han perdido su gracia.

--Pregunta: ¿Qué es Ronejo?

--Respuesta: Es una obra de teatro muy especial. Es una obra de teatro de ciencia ficción y podría ser distópica pero no lo es. Habla de robótica, de amor, amistad y de cosas muy bonitas, otras no tanto y que da que pensar.

--¿Cómo llegó al proyecto?

--Pues yo soy muy fan de Sexpeare y de Rulo Pardo de toda la vida, he visto todos sus espectáculos en el teatro Alfil y algunos incluso los he visto cuatro meses, conecto con su humor. Coincidí con él en alguna peli, pero sin tener escenas juntos, además ambos somos amigos de Fele Martínez, pero nunca trabajamos nunca. Hasta que un día llama a Fele para pedirle mi teléfono y proponerme la función. ¡Imagínate qué ilusión, que personas del teatro a las que admiras te llamen para un proyecto! Me mandó la obra y fue una maravilla, no entendía muy bien, pero quería hacerlo. Tuvimos varias conversaciones y me parece una función muy especial y particular. Y con el agravante de que está escrita 22 meses antes de la pandemia antes de macharnos todos.

--Sí, porque la obra tiene grandes paralelismos con la actualidad.

--Claro, habla de un virus, las vacunas, un conejo miniaturizado. Y el personaje a mí me gusta mucho.

--¿Cómo lo describirías?

--Es Meli, es la exnovia del personaje de Rulo. Es una ciberpunk, muy macarra, activista, feminista, hacker informática, muy brusca, muy lista, muy rápida, muy ruda, tiene mucha mala leche. Es muy especial porque ella descubre el grueso del virus del conejo porque le pide ayuda. Es un personaje estupendo de hacer. Es una función que requiere mucha energía física, vocal y ella está arriba todo el rato, con una energía muy a tope. Tengo dos monólogos muy guays y las dos escenas con Rulo, en medio de la función que son chulísimas. Me lo disfruto mucho. Y al principio me dirijo al público, luego ya no tanto, pero los testo para que pillen subidón.

--¿Lo definiría como una obra de humor?

--Tsé. Tiene humor y comedia absurda. La gente que conozca a la compañía verá que los personajes son dos clowns, pero realmente lo que cuenta esto es una tragedia. Es más tragicómico. El público sale con mucha energía, pero pensando en lo que ha visto. Parece una distopía, pero está muy cercano, así que igual no lo es tanto. A ver, conejos miniaturizados no nos van a meter. Rulo lo explica que fue una reflexión suya al pensar que la economía no podía entrar nunca en el sueño y allí desarrolló la idea. Tiene mucha información es muy dinámica, pero a veces se ríen y luego se dan cuenta que igual no es tan gracioso.

--¿Entretenimiento con contenido?

--Esto no es sólo entretenimiento, va más allá. Pero es puro espectáculo. Las luces de Marino Zabaleta son espectaculares, el espacio sonoro de Mariano Marín es una barbaridad, tenemos una caracterización muy particular con un trabajo impresionante de Jara Venegas y Patricia Valdeande. Todo tiene que estar muy bien encajado porque son personajes muy bien definidos. Es una partitura que si te vas un poco se va a la porra y el público desconecta.

--Es que no es muy común hacer ciencia ficción en el teatro.

--Hacer ciencia ficción en el teatro es complicado pero Rulo y Sexpeare no es la primera vez que lo hacen. Sus funciones siempre tienen ese toque de ciencia ficción y de algo raro y particular que lo acompaña muy bien el equipo. La luz, el sonido, la interpretación y el texto hace que te metas en un mundo de fantasía en el teatro y eso no tiene precio.

--¿Y usted también ve cercana esa distopía?

--A ver, hablamos de la robótica, de las redes sociales, la inteligencia artificial, cosas que vivimos hoy mismo. Estamos muy controlados, eso está clarísimo. Ya con el móvil hablas con tu amiga de algo y a los dos segundos te aparecen publicidades de eso. No es tan exagerado como en la función todo, porque eso, el sueño no lo pueden controlar aún, no creo que sea tan heavy. La era conexionita, como dice la obra, está todo conectado.

--¿Usted qué relación tiene con las redes?

--Yo tengo y las utilizo sobre todo para cosas personales. Me da mucho pudor poner cosas personales. A la gente le gusta que compartas dónde estás, pero no lo hago mucho, solo cosas de trabajo, de procesos o de obras de compañeros. Ahora las uso moderadamente, antes más. Cuando empezó Instagram me hacía gracia y ponía fotos random, pero ahora ya no es así, no es tan divertido, se ha convertido en otra cosa. Que hay de todo y bien utilizado está bien. Fíjate en la pandemia lo que nos ha ayudado a estar todos conectados.

--¿Cree que se ha gestionado bien?

--Depende de cada caso particular, porque hay gente a la que se le han caído todos los bolos, a otros más a otros menos. Ha sido un problema muy gordo y animar a la gente a ir al teatro o al cine no ha sido fácil. Entiendo que la gente ha tenido mucho miedo, ahora un poco menos.

--¿A usted le ha afectado mucho?

--Yo me siento una persona muy afortunada. Estábamos encerrados en casa y no me pude creer cuando me llamó mi representante para ofrecerme la serie Deudas, que se empezó a grabar cuando empezamos a salir. Luego tuve un paroncillo de unos meses y arranqué con la tercera temporada de madres. No me puedo quejar.

--¿Y cómo fue trabajar en Deudas con Carmen Maura?

--Carmen es una maravilla, es fantástica. Esta mujer es extraordinaria. Tiene 65 años y te da una lección cada día, se levanta a las cuatro y pico de la mañana para empezar un rodaje a las 6.30 horas. Y llega y es cariñosísima, quiere que la traten como una más. Nos llevamos muy bien e incluso viene a vernos a la obra.

--¿Y tiene más proyectos?

--Tengo una cosa, pero no me dejan decirlo. Estoy contenta porque acabo el 4 de julio en el teatro de la Abadía, descanso una semanita y empiezo.

--¿Habrá gira?

--Alguna cosa haremos en octubre y noviembre. Otros que se han caído y que igual van a otra fecha. Pero ahora vienen programadores y a ver si hay suerte.

--¿Barcelona está prevista?

--Ojalá. No tengo idea. A mí me encantaría.