El Pertús

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El curioso caso del pueblo fronterizo: aparcas en Cataluña y bajas del coche en Francia

Hoy te revelamos el curioso caso de Le Perthus.

3 septiembre, 2023 07:00

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En ocasiones, la geografía es muy caprichosa, dando lugar a límites fronterizos curiosos. Lo normal es que existan separaciones muy claras entre países, ciudades o pueblos. No obstante, a veces la separación es mínima; un par de pasos y cambias de localidad. Hoy precisamente te queremos hablar de un pueblo entre Cataluña y Francia con unos límites tan finos que puedes aparcar en España, dar dos pasos y ya estar en Francia.

Sí, así es. Los habitantes de Le Perthus, primer pueblo tras la frontera francesa, a 6 kilómetros de La Jonquera (Girona), lo saben. Junto a Figueres, se halla este pueblo, donde la parte occidental es francesa y la oriental, española. El área es llamada El Pertús y La Jonquera la gestiona. Una curiosidad limítrofe: pasear en minutos de España a Francia.

¿Cómo ocurrió el caso de El Pertús? Esta historia se remonta a los años 60, cuando estos terrenos estaban en pleno desarrollo urbanístico, lo que provocó que acabaran unidos, y a la vez, divididos, literalmente, por un bordillo, como aún ocurre en la actualidad. Sin embargo, para entender el origen de esta división, debemos retroceder en el tiempo hasta 1920, año en que se firmó un tratado que estableció la línea fronteriza entre Francia y España. Dicho tratado definió que el límite estaría en el arroyo de la Condesa, pero dicho riachuelo fue reemplazado por pavimento, transformándose en la separación actual entre ambos países.

Acceder a esta curiosa frontera requiere tomar la carretera Nacional II y cruzar dos puestos fronterizos situados en suelo español. Tras ello, una línea discontinua cruza la calle diagonalmente, llevándote al número 575 y luego a un bordillo que separa España de Francia.

En ese punto se encuentra la Avenida de Francia o la Avenida de Cataluña, con el nombre dependiendo del interlocutor. Además, este lugar cuenta con duplicados de instituciones, incluyendo dos ayuntamientos.

El hecho de que un bordillo divida dos países ha llevado a que se aprovechen las diferencias legales entre España y Francia. Esto se hace evidente en productos como el tabaco, sujeto a distintos impuestos en ambos lugares. También se refleja en infracciones y faltas administrativas, aunque la policía española circula en la calle bajo jurisdicción francesa y viceversa, para controlar tales situaciones.

Lo mismo ocurre con los tickets de aparcamiento, válidos solo en la zona donde fueron adquiridos. Así como los precios de alimentos, diferentes en cada país.