En la Costa Dorada existe un encantador pueblo que, sin renunciar a sus raíces, logra cautivar a los visitantes. Calafell, en efecto, continúa con la tradición de llevar a la Virgen del Carmen al mar cada 16 de junio para impartir sus bendiciones a las aguas y a los pescadores, generando un asombro genuino entre los turistas. Pero más allá de esta festividad, el lugar reserva secretos aún más intrigantes.

Para aquellos que no estén familiarizados con la zona, es necesario mencionar que la localidad se divide en dos áreas distintas. Por un lado, encontramos Calafell pueblo, situado en una colina y dominado por un castillo del siglo XI que, a pesar de su deterioro, conserva gran parte de su estructura original. Por otro lado, se halla Calafell playa, una extensa cala junto a la cual se encuentra un antiguo cine reconvertido en un lujoso spa.

Cómo llegar

Es conveniente seguir un itinerario preciso para no perderse en el camino. La forma más directa de llegar es a través de la carretera C-32, famosa por sus túneles en el Garraf. Calafell cuenta con su propia salida en esta autopista, conduciendo directamente hacia la zona del pueblo. Allí, los visitantes pueden encontrar opciones de alojamiento más económicas en hoteles y pensiones, además de experimentar la deliciosa oferta culinaria local en sus típicos restaurantes.

En cuanto a las diferentes formas de innovación presentes en el lugar, la transformación de desafíos en oportunidades es un enfoque prominente. Patrocinado por Repsol, este proceso es evidente en la reconversión de espacios como el antiguo cine en Calafell playa, que ha sido transformado en un espléndido spa.

El pueblo

La parte del pueblo de Calafell no ostenta un tamaño exagerado. Ubicado en una colina, sus calles en su mayoría presentan pendientes. Siguiendo su trazado, se llega al casco histórico, donde destaca el ayuntamiento. Justo enfrente, se encuentra la iglesia de la Santa Creu, una construcción neoclásica del siglo XVIII que ha sido declarada Bien de Interés Cultural. Sin embargo, el punto más llamativo es el mencionado castillo, visible incluso desde la autopista. Aunque sus paredes exteriores se mantienen en pie, y algunas de sus torres siguen en pie, su avanzado estado de deterioro contrasta con la bandera catalana que aún ondea en sus almenas.

Castillo de Calafell

La playa

La playa de Calafell se encuentra a escasos 2,5 km del castillo. Es la preferida por la mayoría de los visitantes extranjeros. Con más de cinco kilómetros de costa arenosa y aguas cristalinas, es un paraíso para los amantes del verano. A lo largo de un paseo marítimo de alrededor de 10 kilómetros, que atraviesa varios pueblos hasta llegar a Cubelles, los turistas pueden disfrutar de amplias vistas panorámicas y apreciar las encantadoras casas de pescadores que aún permanecen en pie. Es posible explorar sus tiendas, relajarse en las terrazas y restaurantes, y disfrutar de una variedad culinaria que abarca desde paellas hasta carnes a la brasa, sin olvidar las múltiples opciones de heladerías.

Cultura

No obstante, Calafell ofrece mucho más que playas y paisajes. Para los amantes de la cultura, el pueblo guarda secretos fascinantes. Uno de los nombres más prominentes en la literatura catalana, Carlos Barral, pasó su infancia aquí. Su casa de pescadores, que se mantiene prácticamente intacta, se ha convertido en un museo de acceso gratuito para aquellos interesados en conocer más sobre esta figura. La residencia también acogió a destacadas personalidades de la literatura hispana, como Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Jorge Edwards, Juan Marsé (quien tenía allí una casa y dedicó un libro a una de sus habitantes, "La muchacha de las bragas de oro") y Jaime Gil de Biedma.

Punto de encuentro

La casa de Barral se convirtió en un punto de encuentro relevante durante la dictadura franquista. En este lugar, Vargas Llosa concluyó la escritura de "La casa verde". Sin embargo, su uso no se limitaba a la escritura; también se utilizaba para paseos en barca y momentos de camaradería. La esposa de Barral, incluso, adquirió otra casa de pescadores en el paseo para establecer un bar donde los amigos de su esposo podían prolongar sus estancias hasta altas horas de la noche. Dicho local, conocido como La espineta, aún sigue operando. Conserva su esencia original y la mesa en la que los literatos solían sentarse, especialmente durante el invierno, cerca de la chimenea. Las paredes de este lugar albergan innumerables anécdotas e historias, lo que brinda a los visitantes la oportunidad de respirar el espíritu de aquellos que lo frecuentaron.

Y un toque de terror

Por otro lado, para aquellos más interesados en el cine que en la literatura, en Calafell se encuentra uno de los edificios que aparece en una de las primeras películas del maestro del terror catalán, Jaume Balagueró. Las ruinas del sanatorio de Sant Joan de Dèu son parte de la película "Los sin nombre", y su fachada aún permanece en pie. A través de una campaña impulsada por los habitantes locales, el edificio, que antaño sirvió como hospital para pacientes con tuberculosis a principios del siglo XX, ha sido transformado en un hotel de lujo con un balneario incorporado. Figuras del FC Barcelona han sido vistas disfrutando de sus instalaciones.

Todos estos elementos, junto con muchos otros, contribuyen a que Calafell sea un destino sumamente especial en la Costa Dorada.

Noticias relacionadas