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Imagen de ladonacion.es, proyecto del ingeniero de datos Jaime Gómez-Obregón / LADONACION.ES

Jaime Gómez-Obregón, el ingeniero que persigue los fraudes de la contratación pública

El azote de la opacidad institucional en España utiliza la ciencia de datos para destapar los chanchullos del poder: "La transparencia translúcida de los políticos es un reto para mí"

11 min

Desde sacar a la luz chanchullos autonómicos hasta escrutar los escándalos de la monarquía, el azote de la opacidad en España se llama Jaime Gómez-Obregón. Este gamberro digital --el apelativo se lo ha puesto él-- lleva años diseñando herramientas basadas en la ciencia de datos para aflorar los secretos de las instituciones a partir del rastreo de información pública. Combatir la corrupción, como explica, es una condición previa al partidismo y fundamental para garantizar la democracia.

--Pregunta: ¿Qué te ha llevado a interesarte por la transparencia de las Administraciones públicas?

--Respuesta: Soy un ingeniero de vocación y hace más de veinte años que trabajo aplicando tecnología para tratar grandes volúmenes de datos. Cuando tienes está pasión es imposible no dirigir una mirada enamorada a la más ingente fábrica de datos públicos: la Administración. Desde 2007 he participado en la consolidación de la cultura de datos abiertos (open data) en España, de la que parece que fui pionero. He sido invitado a varios congresos y conferencias, y mi trabajo en este campo ha sido varias veces expuesto como ejemplo, incluso en ámbitos internacionales. De un tiempo a esta parte el hartazgo se suma a la ecuación: ¿por qué tiene España este endémico problema de corrupción, de abuso de las instituciones? Los datos encierran historias que ahora, desde la ciudadanía y mediante tecnología, podemos aflorar para enviar un mensaje a los que mandan.

--En general, ¿las instituciones son opacas? ¿Y en qué nivel hay más opacidad: municipal, autonómico o estatal?

--Las recientes leyes de transparencia establecen un primer marco regulatorio, pero desde la política se palpa un temor antiguo. Conozco bien el caso de Cantabria, mi tierra, donde el gobierno autonómico ha publicado —supongo que por imperativo de la ley— las adjudicaciones de contratos públicos. Pero lo ha hecho de una forma penosa: en una sección recóndita de un portal institucional, con un buscador que no encuentra nada si es por una empresa por lo que se le interroga. A cada búsqueda el usuario ha de transcribir un código alfanumérico a veces ininteligible. Y los resultados aparecen, ¡de cinco en cinco! Y de manera opaca a buscadores como Google. ¿Por qué tantas zancadillas a la transparencia?

--Las trabas para consultar la información en los propios registros tampoco ayuda entonces...

--Esta transparencia translúcida de los políticos es un reto para mí. Si ellos tienen miedo... yo encantado de ayudar. He programado una herramienta que toma los contratos del penoso portal institucional y los hace fácilmente accesibles a cualquiera: contratosdecantabria.es. Terapia de choque. El Boletín Oficial del Registro Mercantil (BORME) es otro caso más de flagrante ineficacia. Ahí el corporativismo del mundo registral y la desidia de quienes tienen las riendas se conjuran para que el BORME español sea una antigualla caduca. He destripado el Boletín y he hecho una lectura comparada con el caso británico o su homólogo en la República Checa. ¿Por qué a mí, como español, me es más fácil conocer los socios de una ferretería de Praga que el verdadero titular de una extraña pyme beneficiaria de contratos públicos en Madrid?

--Tu último proyecto es ladonacion.es, una investigación sobre las tramas entorno a la Casa Real. ¿Cómo has entrelazado la maraña de documentos y hechos relacionados con los escándalos de la monarquía?

--Los medios de comunicación han publicado una ingente cantidad de información sobre esta historia, pero faltaba estructurarla. Reunirla y conectarla. La corrupción es un fenómeno muy complejo. Enmadeja personas, sociedades, hechos, lugares, documentos… Las noticias de prensa no son eficaces para trasladar al lector la complejidad fractal de estas historias. Tienen, además, una temporalidad muy corta; lo que hoy es noticia, mañana ha quedado sepultado en ese gran cajón de sastre que es la hemeroteca. Pasé días pensando en este reto y finalmente llegué a una metodología para extraer cada detalle de los documentos con rigor y hacer toda la trama explorable mediante visualizaciones interactivas. Estoy muy satisfecho del resultado, y me gustaría seguir desarrollando esta metodología y la herramienta informática que he construido para diseccionar otras historias de interés público.

Portal de la transparencia de la CCMA

 

 

Portal de la transparencia de la CCMA / CCMA

 

--Otra de tus iniciativas fue el cruce de los contratos públicos en Cantabria con el partido que los había adjudicado. ¿Te llevaste alguna sorpresa?

--Los contratos menores están poco fiscalizados. Son el más socorrido instrumento en la caja de herramientas del cacique local. Los utilizan para tejer esas redes clientelares que van pudriendo la confianza de la ciudadanía en las instituciones y envenenan el tejido económico. El verano pasado crucé estas adjudicaciones de contratos con las listas electorales. Procesé candidaturas políticas hasta donde alcanza la vista: 1,9 millones de nombres de políticos y candidatos. Aunque para este piloto me centré exclusivamente en Cantabria, que es lo que mejor conozco. Publiqué los resultados y la onda expansiva llegó al pleno del Parlamento regional, donde un diputado de la oposición subió a a tribuna con uno de mis tuits impreso en papel. No tengo interés en la política ni en los partidos, pero que lleguen al debate parlamentario las herramientas que uno programa tirado en gayumbos en el sofá es sintomático del rol que desde la sociedad civil podemos ejercer los tecnólogos para exponer los abusos y cambiar el estado de las cosas.

--Has destapado chanchullos que se nos han escapado a los periodistas. Te dejo criticarnos: ¿en qué debe mejorar la práctica periodística a la hora de escrutar el gasto público?

--El periodismo es otro espacio más que ha sucumbido a esa lacra de nuestro tiempo que es la economía de la atención. Por no pagar el periodismo con dinero, los ciudadanos lo estamos pagando con algo mucho más costoso: nuestra atención. Por ella los titulares compiten entre sí, como compite también la publicidad, en todas sus infinitas formas. Todo en los medios de comunicación son campanas y silbatos para desarmar sensorialmente al lector, para someter su atención. La información parece ya un mero subproducto de esta perversa tendencia que ha hundido ya la televisión como medio y amenaza ahora los nuevos canales digitales. Los ciudadanos debemos pagar generosamente con dinero un periodismo renacido. Presidido, hoy más que nunca, por el rigor y el espíritu de servicio público. Si no lo hacemos, lo hacen por nosotros los grandes conglomerados tecnológicos  y las campañas institucionales.

--La crisis de 2008 politizó a la ciudadanía, ¿pero crees que los españoles son conscientes del destino del gasto público?

--No me interesan quienes solo se quejan sin poner nada de su parte. Y mucho menos quienes utilizan torticeramente los datos para el agitprop, para la propaganda de agitación. Las redes sociales son las fértiles mieses donde estas visiones tan primarias, tan instintivas, echan raíces y germinan con fuerza. Luego recogemos las tempestades: polarización ideológica, crispación política y mesías oportunamente dispuestos a redimirnos de amenazas inexistentes. Como país solo tenemos la opción de elevar el nivel del debate público. De racionalizar los grandes retos del presente. De desapasionar la actualidad y las posiciones. La tecnología y la ciencia de datos pueden tener un papel relevante ahí. Nos va el futuro en ello.

--¿Cuáles son tus próximos proyectos?

--Seguir disfrutando con lo que hago. Me adscribo a la visión de Miguel Hernández de que vamos "de la nada a la nada". Es también la metafísica de Cavafis: no es el destino sino la senda que transitamos lo que tiene sentido. Tras 16 años muy intensos en la empresa privada, yo ahora quiero ver arroyos plateados y limoneros en las lindes. Para un ingeniero vocacional, eso significa dar un buen meneo al sector público utilizando los recientes avances en inteligencia artificial: procesado de lenguaje natural, visión por computador, aprendizaje profundo... Hay un océano de posibilidades. Y la tecnología, que ha transformado todo, va a transformar también la forma de aflorar y exponer la corrupción y los abusos de quienes ocupan las instituciones. Sean quienes sean.

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