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Jordi Noguera y Carlos Martín, creadores de la start-up de ropa sostenible Bonito  /CG

Bonito, la start-up de ropa sostenible ‘made in Barcelona’

Jordi Noguera y Carlos Martín ahora comparten, además de su pasión por el surf, una marca que aspira poder convertirse en la Patagonia del Mediterráneo

6 min

Hace 25 años que se conocen. Trabajaron juntos en la multinacional Unilever. Uno viene de la rama del marketing y las ventas y el otro del ámbito del diseño. Comparten una pasión, el surf, y ahora, también, una marca: Bonito.

“Mi socio Jordi Noguera y yo compartíamos oficina en Barcelona --en Poble Nou-- y pensamos en crear una marca con la que sí nos sintiéramos identificados. La lanzamos hace casi un año, pero estuvimos trabajando en ella un año y medio antes”, explica el emprendedor Carlos Martín a Crónica Global.

Sin experiencia previa en el mundo textil

Bonito es una start-up de ropa sostenible que aspira a convertirse, algún día, en la marca “Patogonia del Mediterráneo” como dice Martín. Y, aunque ninguno de estos socios venía del mundo del textil, decidieron meterse de lleno en una colección que fuera “honesta y sencilla”, tal y como subrayan. “Pensábamos que el textil era sencillo, pero nada más lejos de la realidad”, confiesa Martín.

Tres camisetas 'made in Barcelona' de la marca Bonito
Tres camisetas 'made in Barcelona' de la marca Bonito

Sin embargo, y a pesar de las dificultades, siguieron adelante con el proyecto. “Pensamos en un packaging que sirviera para algo y en una marca que contará siempre la verdad”, insiste. Y como no podía ser de otra manera, la firma tenía que estar ligada al mar, el surf, las olas y todo lo que les apasiona a estos dos socios.

Una marca ‘made in Barcelona’

El 'packaging' de Bonito
El 'packaging' de Bonito

Noguera se encargó de la identidad de marca y el desarrollo del logotipo, mientras buscaban a los mejores proveedores para crear los primeros prototipos. Tiraron de recursos propios, unos 40.000 euros, y contaron con el apoyo, sobre todo informativo, de Barcelona Tech City. “Nuestro mejor marketing es un producto sostenible hecho con algodón de Perú y confeccionado con una red de proveedores del Maresme, en Barcelona”, insiste Martín.

“Cuando empezamos nos resultó difícil encontrar algodón orgánico en España y por eso nos decantamos por un tejido de Perú. Pedimos una primera muestra a una empresa que conocimos a través de una asociación de moda sostenible y nos gustó mucho”, añade este emprendedor nacido en Zaragoza, pero que vive desde hace más de 40 años en la capital catalana.

Tanto Noguera como Martín explican lo difícil que les resultó al principio encontrar patronistas y talleres que no les exigiesen unos pedidos mínimos muy altos. “Uno de nuestros grandes hándicaps pasa por optimizar lo máximo posible los costes del tejido y la producción”, señala Martín.

Primera colección

La colección que ha lanzado Bonito en su primer año de vida cuenta con siete modelos distintos de camiseta, dos sudaderas, tres polos y un pantalón. “Para que nuestras prendas tengan un efecto washed o desgastado, se confecciona la prenda y se tinta a posteriori”, explica uno de estos emprendedores. Además, cada diseño esconde una historia detrás con pequeños guiños al surf que ambos explican con verdadera pasión. 

Varias prendas de la primera colección de Bonito
Varias prendas de la primera colección de Bonito

Para dar a conocer Bonito, Noguera y Martín apuestan por mercados como el de Palo Alto en Barcelona, con una gran afluencia de visitantes de otros países. “El made in Barcelona atrae mucho a los extranjeros”, matiza Martín. Por eso, entre sus planes para este 2020 se encuentra el salto internacional.

De momento, a través de su tienda online sólo venden en España. "Este año queremos posicionar nuestra marca en tiendas físicas seleccionadas, optimizar los costes y tener una proyección más internacional. Hemos pensado que en Alemania, los Países Nórdicos e incluso en Estados Unidos podría gustar nuestra firma”, apuntan. 

Componente social 

Pero Bonito no es sólo una marca sostenible. También lleva en su ADN un componente social muy importante. Así, una parte de las ventas van destinadas a acercar el mar a jóvenes en riesgo de exclusión.

"El pasado verano organizamos un primer curso de windsurf en Barcelona durante una semana con cuatro jóvenes de centros de acogida y la experiencia fue muy gratificante. Pero nuestro proyecto en este sentido es más ambicioso y la idea es que los jóvenes puedan seguir practicando este deporte durante todo el año gracias a donaciones de materiales y otro tipo de ayudas", concluyen.