Contratar una hipoteca, comparar seguros de vivienda e incluso invertir en bolsa. Todo metido en un móvil. Las oportunidades de las fintech (del inglés financial technology) cada vez son más conocidas entre los españoles, pero su uso todavía no se ha generalizado en la sociedad.

Aunque la pandemia ha impulsado la digitalización de la economía, el boom de las startups financieras --ya existen más de 400 empresas en este nicho-- no termina de conectar con el público. En 2020, un 32,6% de ciudadanos tenía instalada al menos una app de fintech en su smartphone. Apenas un 2,4% más que un año antes, según datos de Asufin.

 

 

¿Qué es una fintech? / COMPUTERHOY

Racha de optimismo

Pese a ello, los pioneros no se dejan desalentar por las cifras. "Una vez que abres el melón, es difícil volver a cerrarlo. Mucha gente ya ha probado que se puede operar digitalmente. Es como la primera compra por Amazon: no te fías, hasta que lo pruebas", comenta Jordi Domínguez, cofundador de Finteca.

La tendencia afecta también a los jugadores más convencionales: "Al mismo tiempo que los usuarios se digitalizan en los servicios financieros, la mayoría de los bancos tienen una cuenta online y están cerrando oficinas", abunda Olivia Feldman, cofundadora de HelpMyCash.

Hijas de la crisis

La presencia de estas compañías ha ido consolidándose en España desde su irrupción en 2008. Aunque al principio la banca observó con recelo la proliferación de estas alternativas, Silvia Escámez considera que las reservas se han desvanecido con el paso de los años. Su éxito se debe a la protección del cliente gracias a mecanismos de autentificación y a los nuevos procesos de cooperación que han instaurado en el mercado.

Una de las críticas, con todo, es su escapismo al control del Banco de España, ya que estas firmas no comunican su dinámica al regulador y, por ende, no constan en la CIRBE (Central de Información Riesgos del Banco de España). Otras voces ven en esta disrupción un desafío a los procesos regulatorios que, en última instancia, subsanará algunas barreras normativas que mejorará el acceso a la financiación.

Vitalidad del ecosistema

"En sus inicios, la banca las veía como una amenaza. Doce años más tarde, esto ha cambiado por completo. Las alianzas entre fintechs y banca tradicional son robustas y muy provechosas para ambas partes", declara la cofundadora de Prohipotecas y vicepresidenta de la Asociación de Fintech e Insurtech.

Además, reivindica la vitalidad de un ecosistema --"que tiene un porcentaje de mortalidad muy por debajo del 5%"-- nacido al socaire de la crisis financiera.

¿Tapón generacional?

Respecto a su escasa penetración entre franjas de edad maduras, Alessandro Ceschel, global CMO de ID Finance, pronostica que la segmentación terminará desapareciendo. "Las fintech son como WhatsApp: empezaron los chicos y luego lo usaron los padres. Es cuestión de hábitos. Antes se sacaba la cartera para pagar, ahora se paga con el móvil. Por evolución natural del mercado o eventos externos, habrá un cambio prolongado en el tiempo que se quedará", cuenta.

En este punto también incide la educación financiera. "La educación financiera, tanto aquí como internacionalmente, es una frustración de los consumidores. A día de hoy los productos se han vuelto complejos y todavía no se enseña en las escuelas", explica Domínguez. "Es una asignatura pendiente", resume Feldman.

Gráfico de la evolución de precios en la pantalla de una tablet / PEXELS

Analfabetismo financiero

En parte, las startups han enmendado algunos errores de la banca convencional. Como reconoce la asociación de consumidores Adicae, "pueden existir condiciones más favorables en la contratación de productos, facilidad en el acceso y agilidad de trámites". Pero la entidad añade una precisión importante: "Únicamente para algunos usuarios con ciertos conocimientos".

Las propias empresas emergentes reconocen que el déficit de alfabetización bancaria arroja dudas sobre la generalización de las fintech. "Efectivamente, hay un problema de educación financiera en el grueso de la población", asume Escámez. Si bien hay que diferenciar entre las aplicaciones de trading y aquéllas otras vinculadas con productos estandarizados, la falta de conocimiento puede terminar en decisiones precipitadas. 

Responsabilidad personal

La plataforma abunda en esta diferencia: "Es necesario señalar que algunas apps trabajan con productos de muy alto riesgo como acciones o criptomonedas. En estas últimas, Adicae alerta sobre abundantes problemas de transparencia y su altísimo riesgo y volatilidad". Dicho esto, la organización se desmarca de cualquier apriorismo negativo sobre las fintech, siempre que "supongan un cambio de hábitos de consumo hacia otros más sostenibles y se fortalezcan los derechos de los consumidores".

En cualquier caso, está en manos de los ciudadanos optar o no por estas alternativas. Como explica Valentí Pich, responsable de la comisión de fiscalidad de Foment del Treball, “la gente no puede creer que si va al banco y prácticamente tiene que pagar por el dinero, puede obtener una elevada rentabilidad sin exponerse a un gran riesgo". El economista remite a la responsabilidad personal para consultar, antes de firmar (o de dar un click), qué dice la letra pequeña.