Hace más de un mes que los españoles sólo salen de casa para lo justo y necesario. Algunos colegios cerraron antes incluso de decretarse el estado de alarma. Sin embargo, los problemas que un día se generaron en el aula permanecen también fuera de ella. Eso es lo que ocurre con el bullying.

Los niños que sufren acoso escolar no se sienten más protegidos fuera de la escuela. Con las nuevas tecnologías, internet y smartphones, el bullying no tiene fronteras. Ester López conoce muy bien lo que es el bullying. Lo sufrió en sus propias carnes y, ahora, como criminóloga se ha especializado en este caso de abusos y ayuda a otras familias y niños a superar esa problemática.

“El problema ahora es que el bullying se traspasa del aula, al smartphone y al PC y el niño o adolescente no puede huir del problema. Al no estar en el centro algunos se sienten más desprotegidos. Y la mayoría de veces no dicen nada ni denuncian la situación por miedo a la represalia y por vergüenza”, detalla López a Crónica Global.

El bullying implica una repetición continuada de las burlas o las agresiones y puede provocar la exclusión social

Videoconferencias

Esta especialista está trabajando en este tiempo de encierro con cuatro familias. Las sesiones se hacen por videoconferencia, una técnica que, según López, ayuda en muchos casos a los niños a estar más abiertos. “De algún modo les da cierta seguridad”, subraya López.

Las secuelas del bullying son muy diversas y van desde terrores nocturnos a incluso tentativas de suicidio. “Las víctimas sufren desde casa igual aunque no estén en contacto con sus agresores”, matiza López.

Dos niñas se burlan de un niño en la escuela / FREEPIK

Cómo detectar un posible abuso

No obstante, con el confinamiento los padres pasan ahora más tiempo con sus hijos y pueden detectar determinadas actitudes o señales de un posible caso de bullying. Por ejemplo, los cambios de hábitos son relevantes. Si a un niño le gustaba mucho una actividad o tenía un hobby y ahora de repente perdió el interés en el mismo o ha cambiado su actitud hacia ciertas actividades en grupo, eso es un síntoma que debería de llamar la atención de los padres o tutores del mismo.

Otra señal es cambiar de amigos o que deje de tener amigos de repente, así como nuevos hábitos a nivel alimenticio, es decir, pasar a comer en exceso o demasiado poco. Y los problemas de concentración o el hecho de aislarse son otras pistas que pueden ayudar a los padres a detectar un posible caso de acoso escolar.

Varios niños metiéndose con una niña en clase / FREEPIK

Hablar con el menor

Pero lo más aconsejable cuando se sospeche de un caso de bullying, tal y como explica López, es no precipitarse. “Puede ser algo puntual y si no hay patrones que se repiten lo mejor es hablar con el niño, sin juzgarlo ni avergonzarlo, y que se sienta apoyado para explicar bien qué le sucede”, añade López. 

Y tampoco hay que olvidar el papel de la escuela, aunque estos días las clases sean online. “Ponerse en contacto con los tutores y con el colegio es esencial. Aunque ahora esté cerrado el centro, deben de saber lo que está pasando para tomar las medidas adecuadas”, remarca la criminóloga.

López aconseja en este sentido a los centros educativos trabajar en un plan de convivencia para que los niños y también los propios maestros entienden bien los actos que están aceptados y los que no. Comprender qué es el bulllying es un primer paso para evitarlo. “Y después hay que fijar unas consecuencias en el caso de que no se haga lo correcto para paliar estos efectos. Asimismo, hay que entender que los acosadores arrastran también ciertos problemas y lo que hacen puede deberse a una falta de límites por unos padres ausentes, a un exceso de autoridad o incluso a un divorcio o una desestructuración familiar”, concluye López.