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Como bien dice el realizador Fernando González Molina, "a veces nos cuesta retratar nuestra historia reciente en el cine". No sucede así en Estados Unidos, donde, un año después de los atentados del 11-S, ya se estrenaron la recopilación de cortos 11'09"01 - September 11 y La última hora, de Spike Lee, mientras en 2006 Oliver Stone y Peter Greengrass estrenaban World Trade Center y United 93, respectivamente.

No ha pasado lo mismo con los hechos del 17A, sobre los que apenas se ha realizado el documental para Netflix 800 metros, de Elías León Siminiani. Han tenido que pasar nueve años hasta que se ha dado el paso para rodar una ficción, y se ha hecho desde una perspectiva muy concreta.

Este 4 de septiembre, y tras su presentación en el Liceu, llega a las salas Cronos, la cinta de González Molina que retrata los atentados de Las Ramblas y Cambrils desde el punto de vista del dispositivo policial desplegado aquellos días.

El cineasta está convencido de que "ya ha pasado suficiente tiempo para retratarlo", aunque no duda de que para muchos ver la película puede ser muy duro. No por el morbo, inexistente aquí, sino porque se trata de un hecho traumático.

Quién está detrás de 'Cronos'

El propio González Molina, curtido en películas como la llamada trilogía del Baztán y Palmeras en la nieve, entre otras, reconoce que, si hubiera estado solo al frente del proyecto, habría acabado "aterrorizado", pero no ha sido así.

Detrás de Cronos están los periodistas de investigación Nacho Carretero y Arturo Lezcano, que hablaron con los mossos implicados en la operación Cronos. Y al frente, un reparto con actores de la talla de Enric Auquer y Mónica López, entre otros.

Mónica López y Fernando González Molina en el rodaje de 'Cronos' MICHAEL OATS

Qué se va a ver

Todos ellos se enfrentan a un gran reto: estar detrás de la primera película de ficción sobre los atentados de Las Ramblas. El espectador se va a enfrentar de nuevo a unos hechos traumáticos para toda una ciudadanía pero, a la vez, también va a descubrir cómo fue la operación desde dentro: los miedos, la rabia, la gestión y hasta las tensiones comunicativas entre los Mossos, la Generalitat y el Gobierno.

Crónica Global habla de todo ello con el director de la cinta, Fernando González Molina.

—¿Decidió usted meterse en el proyecto de Cronos?

—No. Yo tengo muchísima relación con Beta y con Nostromo, que son los productores de la película, y ellos me contaron que, a raíz de ver algunas películas europeas que trataban acontecimientos recientes, pensaron que podrían hacer algo con lo que pasó en Las Ramblas y Cambrils. Había pasado el tiempo suficiente para retratar todo lo que giró alrededor de los atentados y les parecía un caldo de cultivo muy interesante.

Nacho Carretero y Arturo Lezcano, que son dos periodistas de investigación, ya habían trabajado mucho sobre el tema para un documental que se llama 800 metros. Me hablaron del proyecto y enseguida les dije que me apetecía mucho.

—¿Con todo listo?

—Todavía no había guion ni había nada. Realmente, estaba empezando el proceso, pero me apetecía mucho hacer una película tan anclada en acontecimientos reales y alejarme un poco de la ficción más novelera que estaba haciendo para contar una historia que estuviera absolutamente vinculada a personajes reales.

Entonces, enseguida me postulé para la película y entré a formar parte del proyecto muy pronto, cuando ya estaban trabajando en la documentación de la historia.

Fernando González Molina y Enric Auquer en el rodaje de 'Cronos' MICHAEL OATS

—¿Siempre se ideó hacerlo solo alrededor del operativo Cronos?

—Siempre, sí. La idea siempre fue hacer un thriller dramático acerca de la investigación alrededor de los atentados y de todas las consecuencias sociales y emocionales de lo que había sucedido, pero centrado en el operativo policial. Creíamos que había mucho que contar ahí, que los espectadores conocían los hitos, pero desconocían por completo cómo había sido todo el proceso de investigación.

Aparte, también era interesante abordar la vertiente social con el personaje de Ana y las consecuencias devastadoras de lo que había sucedido, así como las consecuencias del contexto político que se vivió alrededor de esos días, con todo el control de la información y una lucha entre el Gobierno central y el autonómico en todo lo que sucedía en 2017.

—Eso es cierto, nunca se conoció la pelea interna por quién gestionaba la comunicación.

—Fue entre el Estado y la Generalitat, y entre los propios Mossos, porque, al final, lo curioso de esa guerra por controlar la información es que el personaje de Diana, que en realidad no deja de ser una versión ficcionada de Patricia Peralta, tiene su propia lucha con ambos gobiernos. Es lo que me parece interesante de la película: a través de esa persona relatas que ni siquiera los Mossos y la Generalitat están de acuerdo en esa gestión de la información.

Yo también desconocía absolutamente todo lo que tenía que ver con este control de la información y me parecía una de las patas más interesantes para contar una película. Tienes la parte que es puramente thriller, la dramática, pero también esta parte político-periodística que se añade y equilibra muy bien el tono de la película para evitar que tuviera un exceso de intensidad, que ya tiene mucha.

Escena de 'Cronos' MICHAEL OATS

—Otro de los personajes que llaman la atención es el de la mosso de Ripoll a la que da vida Mónica López, que tiene relación con la familia de uno de los terroristas. ¿Eso se ha ficcionado?

—El personaje de Mónica, que se llama Ana, es un personaje de ficción, pero se basa en los testimonios de algunos policías de Ripoll y también de una persona que trabajaba en el entorno de la dinamización cultural del pueblo y que sí los conocía.

Por tanto, algunas de las cosas que cuenta el personaje sí están basadas en lo que nos contó esta persona, pero, digamos que Ana es un personaje de ficción que agrupa diferentes testimonios. El resto de los personajes principales sí son un retrato de la realidad.

—¿Por qué decidió ficcionarla?

—Bueno, era interesante usar un personaje de ficción para construir el relato de lo que nos había contado mucha gente de allí. Nos servía para hablar del shock que había provocado en Ripoll descubrir que estos chavales de su pueblo, que eran compañeros suyos, hicieron eso.

Rodaje de 'Cronos' ANCDREA RESMINI

—También en 'Cronos' vemos a Mossos que sufren, que tienen miedo, dudas, lloran, fallan…

—El relato de los Mossos sí parte de lo que ellos nos contaron del minuto a minuto de lo que habían vivido y de cómo se habían sentido. Todo ese relato intentamos volcarlo a la película y, al final, es un relato de desconcierto, de miedo, de dolor, de impresión, de shock. Entonces, muchas de las imágenes y momentos de la película responden exactamente a las cosas que nos contaron.

Por ejemplo, el momento en el que el personaje de Enric Auquer, al final de todo el día trabajando en lo que se denominó Zona Cero, baja por fin a ver la furgoneta y escucha los móviles de las familias que seguían llamando a las víctimas y sonaban junto a los cuerpos que aún no habían sido retirados, y al llegar a la furgoneta se rompe, reproduce tal cual el testimonio de lo que nos contó Jordi Rodón, que era el jefe de respuesta rápida de los Mossos.

Entonces, al final, este relato emocional de ellos responde exactamente a escucharles y tratar de trasladarlo a la pantalla. No hay una decisión de hacerlos más humanos, sino que, al final, son personas, gente que jamás se había enfrentado a una circunstancia así, como el resto de los ciudadanos. Ese desconcierto y ese dolor fueron muy fuertes, y los mossos tuvieron que recomponerse para intentar hacer su trabajo, y ese es un poco el conflicto de la película.

Mónica López y David Selvas en 'Cronos' MICHAEL OATS

—¿Cómo ha sido gestionar todo este trabajo y estas emociones también en el plató, en una producción así de grande?

—A ver, yo ya me había enfrentado antes a alguna película más grande, pero lo que más me ha pesado es la responsabilidad de estar contando una historia que ha sucedido y ha supuesto algo traumático para muchas personas. Por eso, el esfuerzo ha sido intentar ser muy fiel a lo que sucedió, siendo lo más objetivo y respetuoso posible, huyendo del morbo... Esto me pareció más complicado que gestionar el pollo del rodaje, que también ha sido complicado.

Pero, más que el tamaño de la película, para mí lo más complicado ha sido haber rodado 17 días cortando todo el centro de Barcelona, Las Ramblas y plaza de Cataluña, y cerrando las calles a miles de turistas, llamando muchísimo la atención. Por suerte, hemos tenido muchísima colaboración y ayuda del Ayuntamiento, la Policía Municipal y demás. Rodar allí durante tres semanas es una cosa que no se había hecho jamás y es muy complicado.

—Y ahora toca que el público la vea. ¿Cree que puede remover cosas?

—Yo creo que es una película que va a impactar, que generará debate y preguntas. Es una película muy emocional, cero morbosa, pero claro que creo que impactará.

A veces nos cuesta retratar nuestra historia reciente en el cine, pero es interesante hacerlo. El cine está muy bien para plantear el debate sobre las cosas que han sucedido.

Es un episodio muy traumático para la historia de Barcelona y Cataluña y creo que ha pasado el tiempo suficiente para poder retratarlo y colocarlo en el debate.

Fernando González Molina durante el rodaje de 'Cronos' ANCDREA RESMINI

—Esto parece que es muy de aquí, ¿no? Porque tras el 11-S, Hollywood apenas tardó en hacer películas al respecto. ¿Por qué nos sucede?

—Supongo que por respeto a la sociedad en general. También por miedo, porque, claro, son temas delicados a los que hay que entrar con muchísima sensibilidad. Y si no hubieran estado detrás personas como Nacho y Arturo, yo no lo hubiera hecho, porque me habría aterrorizado.

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