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Nadav Lapid no se corta, nunca lo hizo. Cineasta israelí criticado en su país por “nazi” y fuera por “sionista”, él solo tiene clara una cosa, si le critican “es que algo estoy haciendo bien”. Y eso que hace bien es cine.

El realizador lleva años triunfando en Cannes, Locarno y Berlín con sus películas críticas con el Estado de Israel y el de la vida moderna: corrompida e individualista. Ahora, lo hace también en el Atlàntida Mallorca Film Fest, organizado por Filmin.

El cineasta presenta en este certamen Yes, cinta con la que en su país le han puesto cruz y raya, pero que tampoco se ha podido ver en el festival de Marsella y otras partes del mundo, por el mero hecho de tener financiación israelí.

Lo curioso es que la cinta es una crítica furibunda no solo a la sociedad moderna, sino a todo un Estado que comete “un genocidio” contra Gaza, en sus propias palabras, mientras la ciudadanía, e incluso el arte, miran hacia otro lado. Así se explica a Crónica Global.

-Hay dos almas del filme, la vida moderna de Israel y los ataques terroristas del 7 de octubre. ¿El germen real cuál fue?

-El filme nació antes del 7 de octubre y antes del genocidio. El filme empezó como una especie de retrato de una sociedad que vive en un colapso moral total, en una sociedad vulgar, nacionalista, autoritaria, adicta al dinero y al poder, y que desprecia cualquier forma de alma sensible no tiene ninguna oportunidad, porque el individuo está roto.

Y para mí era un retrato de la sociedad israelí, pero supongo que esta descripción también puede encajar con la sociedad española, estadounidense y otras.

-Le iba a decir eso, si no puede ser el reflejo de otras sociedades…

-De hecho, cuando empecé a mostrar la película por el mundo, la gente me decía que era un film sobre ellos. Y creo que es verdad, porque este es un fenómeno que va más allá de Israel y se convierte en una especie de retrato de nuestro mundo.

-¿El 7 de octubre se cuela, entonces?

-Cuando sucedió, hice algunas modificaciones, sí. Estábamos grabando la película durante los ataques a Gaza. Y en este sentido, alcanza otro nivel. Y no solo porque es un film que muestra una sociedad en el que los individuos son capaces de lo peor…

Creo que es muy difícil que hacer una película de ficción mientras este horror está sucediendo. Y en este sentido, creo que adquiere un extraño valor de documentación, porque muestra a Tel Aviv mientras se comete el genocidio, ver a Gaza desde el punto de vista de los israelíes.

Fotograma de 'Yes'

-Supongo que no fue fácil grabar ni los ataques, no esta crítica.

-No fue fácil, no, porque estábamos grabando bajo el radar de Israel y estábamos muy asustados. Ya, cuando empezamos a preparar la película, ya enfrentamos un gran rechazo por parte de los burócratas israelíes y algunos actores rechazaron participar en el filme.

De alguna manera, incluso aumentó nuestra ansiedad, nuestro miedo, sobre lo que podía hacer ministro de Cultura. Ellos no eran conscientes de la que estábamos grabando. Por suerte, lo esquivamos.

También es verdad que quisimos que nadie tomase fotos en el set, ni colgase nada en redes sociales. Muchos periodistas querían venir al rodaje, pero lo evitamos. La gente tenía que firmar todo tipo de documentos.

En cualquier caso, grabar esa escena a 600 metros de Gaza, que estaba incendiada por los bombardeos, en una zona de guerra cerrada, no fue fácil. Teníamos que subir a la montaña como guerrilleros. Pero, por supuesto, para nosotros se convirtió en una obligación, era necesario mostrar Gaza, porque Gaza es algo que la gente no quiere ver. Tienes que mantener la cabeza, ponerla en la pantalla y forzar a la gente a verla.

-Dice que existe un miedo de los actores a participar en su película, pero usted, que ya ha sido crítico en otras ocasiones con el gobierno de Israel, consiguió ayudas para rodar. ¿Por qué cree que sucedió? ¿Es una manera de lavado de cara?

-Bueno, hay que decir que después del estreno en Cannes de Yes, el ministro de Cultura ordenó hacer un video en el que se me culpaba de mofarnos de los héroes de Israel y ofender a los soldados israelíes, que describen como puros y santos. Y afirmó que, mientras él esté en el cargo, no podré rodar en Israel.

Imagen de 'Yes'

-Complicado pues.

-Pero, la sociedad israelí es lo que es. No es cuestión de buena o mala. Sin duda, es una sociedad muy enferma, pero hay de todo. Por ejemplo, dices que Israel me permitió rodar hacer la película, pero es porque Yes fue aprobado y apoyado por el Israel Film Foundation, que está formado por una directora que no trabaja en el Ministerio de Cultura israelí, ni tiene obligación alguna con el gobierno israelí. Fue la exdirectora del Festival de Cine de Jerusalén y profesora de Cine en la universidad. Ella es una gran cinéfila y fue una persona muy valiente porque tomó un gran riesgo al apoyar un filme como Yes.

Y en el comité había otro director de cine y un crítico. En definitiva, fueron estas tres personas, aparte de las personas que trabajaban en el filme, fueron las únicas que sabían de la existencia de Yes hasta que se estrenó en Cannes. Y así respondo de manera precisa a tu anterior pregunta.

En cualquier caso, Israel es muchas cosas. Israel también es yo mismo.

-Pero tampoco la gente crítica como usted está viviendo su mejor momento en Israel, como ha contado. Es difícil ser crítico allí ahora. Debe ser complicado para usted.

-Al final, tú pagas un precio por lo que haces. Creo que los artistas tienden a victimizarse demasiado fácilmente. Parece que cualquiera que recibe dos mensajes ofensivos en Facebook se convierte en un mártir. Se olvidan, a veces, de que ellos no son el tema.

Y yo no sé si hago, como dices, películas críticas. Creo que la sociedad israelí es una sociedad extremadamente enferma. Y lo siento de una manera muy física. Lo siento así desde que empecé a hacer películas porque soy parte de esta sociedad.

Me guste o no, soy israelí, no es cuestión de elección. Así que lo siento de una manera muy personal. Y mis películas expresan lo que veo a mi alrededor, no es una cuestión crítica, es una cuestión de decir lo que ves al abrir los ojos. Y, por supuesto, pago un precio determinado.

Fotograma de 'Yes'

-¿Bastante alto, no?

-No sé. Las embajadas israelíes intentan evitar que se me hagan retrospectivas aquí o dar una masterclass. Y tengo infinidad de mensajes y llamadas en que me amenazan. ¡Pero es lógico también, porque estoy haciendo películas conflictivas! ¡Incluso invito a veces a la sociedad israelí a combatir lo que sucede!. Así que es estúpido quejarme por mi parte.

Por supuesto, cuando me encuentro en una situación en la que me atacan por ambos lados, me parece ridículo. Te hablo de que a veces enciendo el teléfono y veo un mensaje que me acusan de traidor o colaborador de los nazis y otro que me acusan de sionista, cuando no soy sionista en absoluto. Pero al final eso te demuestra que algo estás haciendo bien.

-Dijo que usted sentía esta sociedad enferma de manera “muy física”. Eso lo refleja y se muestra en sus películas. El espectador siente el cuerpo de los personajes, ¿Cuán importante es para usted?

-Para mí una película sobre todo no es una simple historia. Primero y lo más importante es una experiencia física y mental. Las películas que más admiro son aquellas en las que sales del cine y sientes como si físicamente estuviera todavía dentro tuyo. Yo hago películas para mover las almas, para poner al público en conflicto con ellos mismos. Y, si tal vez, cambiar en algo la vida. Lo hago intentando crear momentos que de alguna manera jueguen con algo que nunca hemos visto antes. Como pasaba con las primeras películas de los Lumière. Eso es ser cineasta para mí.

Fotograma de 'Yes'

-Eso es una buena máxima, pero no sé si se cumple. Usted de hecho, también critica el mundo del arte en ‘Yes’. Muestra cómo se vende al mejor postor. ¿El arte también se ha corrompido?

-Sí, lo está. A los artistas les encanta pensar que todo el mundo está corrompido menos ellos, que son profetas en la tierra. Pero es demasiado fácil pensar eso y no es verdad. Lo vemos día a día. Lo vemos observando cómo los artistas israelíes reaccionaron al genocidio en Gaza. Pero también en Estados Unidos. Los artistas no viven en Marte, son humanos para lo bueno y para lo malo, como cualquiera de cualquier profesión.

De la misma manera, no quiero que cuando el público español vea Yes piense que los israelíes son terribles y pervertidos y ellos tienen suerte por ser españoles. No. El filme también habla de ti, tú también eres como los personajes del filme si mañana, las circunstancias políticas cambiarán aquí, como en Francia o cualquier lugar, y te encontraras con los mismos dilemas y muchas personas reaccionarán de la misma manera. Ninguno de nosotros es un santo. Y me incluyo.

-Por último. Como bien ha dicho, usted es criticado por algunos israelíes y también ha sido cancelado en algunos festivales sólo por ser israelí y porque la película tiene fondos de Israel. ¿Cómo se siente en estos casos?

-Es un gran tema. Para decirlo rápido, estoy en contra del boicot cultural categórico. Y en este caso, yo me pregunto hasta qué punto afecta a lo que ocurre en Palestina y en Gaza. Mi única pregunta es: ¿No haces un boicot cultural para sentirte bien como una persona española viviendo en Madrid? Porque a nadie le importa cómo una persona española que vive en Madrid se siente al respecto. Y sólo un boicot cultural no va a cambiar la vida de un solo palestino, ni va a resolver este desastre en un segundo.

La gente usa el ejemplo de Sudáfrica, pero allí primero hubo enormes sanciones económicas, comerciales, diplomáticas, en el deporte, y luego vino el boicot cultural, que fue un boicot cultural contra las instituciones, y no contra los individuos. Y aquí, creo que la gente está frustrada porque deberían haber sido inminentes las sanciones contra Israel, y no solo desde el 7 de octubre, sino desde hace muchos, muchos años, porque Israel ocupa la tierra palestina desde hace tiempo. En cambio, no hay una sola sanción. Y la gente se siente impotente. Por eso, al sentirse impotente, eligieron este modo fácil, pero este modo fácil de boicot para gente como Netanyahu es casi algo cómico.

Imagen promocional de 'Yes'

-A pesar de no escucharlo enfadado, lo veo crítico

- Quiero decir que cuando veo esos boicots contra Netanyahu o contra mí, no es demasiado fácil no reírse. Creo que si estas personas hubieran invertido su energía en un verdadero activismo político, en lugar de lidiar con alegorías y símbolos frente a la embajada israelí en Madrid, en Turquía, no sé…

Tal vez ahora voy a ser arrestado por decir esto pero es boicoteando a los bancos que colaboran con el gobierno israelí, intentando ejecutar sanciones reales a Israel, como tal vez cambiarían la situación. Si tienen tanta energía, ¿por qué no hacen una flotilla diaria a Gaza? Tienen mucha rabia dentro de ellos.

Hay voluntarios internacionales de muchos países en Gaza, intentando ayudar a los palestinos cuando son asesinados por los inmigrantes y los soldados. ¿Por qué no van allí? Hay tal vez 100 personas ayudando en Cisjordania. En una demostración en Madrid hay decenas de miles.

Creo que el boicot cultural hoy en día, es una herramienta inefectiva, narcisista y tímida por sí sola.

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