Garbiñe Insausti y José Dault, fundadores de Kulunka Teatro Barcelona
Kulunka Teatro: “La máscara tiene el poder de conectar con una esencia muy humana, muy enternecedora, muy real”
La compañía vasca hace repaso de sus 15 años de carrera en Barcelona con sus tres obras más internacionales
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Si el Grec Festival y el Teatre Lliure cumplen 50 años, Kulunka Teatro cumple 15. La vida de los tres no ha sido fácil, pero juntos están de aniversario.
Los vascos lo celebran en el Teatre Condal, donde vinieron por primera vez a Barcelona, con André y Dorine, no así su segundo trabajo con las máscaras que les han hecho famosos. Y ahora le hacen una retrospectiva a su trilogía.
Si a principios de julio mostraron por André y Dorine, ahora está en cartel hasta el 19 de julio, con su obra nunca visto en la capital catalana, Solitudes, y del 22 de julio al 2 de agosto regresa Forever. Las tres son historias tristes, con toques de humor. Algo que sorprende a muchos que, al ver las máscaras, piensan que hacen teatro infantil.
Nada que ver. Kulunka habla a los mayores de 16 años y les muestra sus vergüenzas. Sus creadores, Garbiñe Insausti y José Dault, no quieren dejar de hablar de los problemas del mundo: incomunicación, soledad y desmemoria, de todo tipo.
—15 años y lo celebran con su trilogía de las máscaras en el marco del Grec. ¿Cómo se vive eso?
—Garbiñe Insausti (G): Bueno, para empezar, estamos muy agradecidos al Grec por haber acogido nuestra propuesta y al Teatre Condal, que ha sido muy generoso. Es verdad que esta iniciativa de la trilogía nació en el Teatro Español de Madrid, que el año pasado nos hizo la propuesta de realizar esta retrospectiva de los tres espectáculos de máscara de la compañía, coincidiendo con los 15 años que estamos cumpliendo. Y la verdad es que la acogida fue tan emotiva, tan entusiasta y para nosotros tan hermosa que lo planteamos también en Donosti y en Vitoria. Y el año pasado, cuando estuvimos aquí en el Grec haciendo las cinco funciones de Forever, el propio Condal nos lo propuso y nosotros, felices de pasar aquí el verano.
—¿Dirían que lo suyo es el teatro de máscaras o lo llaman de otro modo?
—José Dault (J): Sí, es teatro de máscaras.
—G: Pero nosotros no fundamos la compañía para hacer teatro de máscaras. Nosotros nos juntamos para hacer un espectáculo que era André y Dorine, y ahí es donde nosotros dos formamos equipo con el resto: con Iñaki Rikarte en la dirección, con Edu Cárcamo formando parte del elenco y con Rolando San Martín como ayudante de dirección. Sin embargo, nuestro sueño, nuestro deseo, era mucho más humilde: hacer un espectáculo a raíz de una idea que tuvimos de contar una historia de amor en la vejez.
Además, fue una obra que ensayamos durante dos meses en Madrid, en un garaje, y ni en nuestros mejores sueños nos hubiéramos imaginado que 15 años después estaríamos haciendo esta retrospectiva, mostrando tres espectáculos de máscaras y habiendo recorrido 40 países... Somos los primeros sorprendidos. Y hay mucho trabajo detrás, obviamente; nada es regalado.
La compañía nace para dar una estructura a aquello que nosotros queremos contar. Tenemos la inquietud de compartir, y han sido tres espectáculos de máscaras, pero en total Kulunka ha producido siete espectáculos. Ha habido montajes basados en textos de autores contemporáneos como Quitamiedos o Edith Piaf, alguna propuesta híbrida entre música y teatro como Hegoak y ahora acabamos de hacer el preestreno de una obra de texto de Iñaki.
Garbiñe Insausti y José Dault, fundadores de Kulunka Teatro Barcelona
—Pero ahí está la trilogía…
—G: Bueno, sí que es verdad que lo que, de alguna manera, ha marcado nuestra trayectoria y nos ha dado más exposición a nivel nacional e internacional ha sido el trabajo que hemos hecho con el lenguaje de la máscara. Aun así, nosotros estamos abiertos a experimentar con distintos lenguajes.
—¿Molesta ser reconocidos solo por las máscaras? ¿Se agradece?
—J: Sobre todo es comprensible, porque es la propuesta menos habitual y la gran peculiaridad dentro del mercado. Hay muchas compañías haciendo repertorio o teatro de texto y hay menos trabajando el espectáculo de máscaras. Por ello, también es más fácil señalar esta particularidad. Es verdad que luego estas obras han tenido un impacto más allá del código. Solitudes, por ejemplo, ganó el Max a Mejor Espectáculo en 2018, y Forever obtuvo los Max a Mejor Dramaturgia y Mejor Dirección, además del Premio Talía a Mejor Espectáculo.
Por otro lado, la máscara es lo que nos da la proyección internacional, mientras que las obras de texto tienen un recorrido más corto por estar en castellano o en euskera.
En cualquier caso, lo que nos gusta es contar historias y lo podemos hacer con y sin máscara, pero el reconocimiento nos viene de ese lado.
Garbiñe Insausti, de Kulunka Teatro Barcelona
—Lo curioso es que no sería precisamente el teatro más mainstream, por así decirlo.
—J: Es que no somos muy empresarios. Nos mueven la inquietud, la curiosidad y la ilusión. Y hemos tenido la fortuna de que este primer espectáculo, André y Dorine, tuviera un gran éxito y una gran acogida, lo que ha hecho posible el siguiente sueño: tener una estructura estable con la que plantearnos un segundo proyecto y un tercero. Vamos pasito a pasito, no tenemos proyectos a largo plazo. La dificultad no la consideramos en ningún momento.
—G: No. Tuvimos la intuición de pensar que, para contar esa historia, que aún estaba por descubrir, podía funcionar muy bien el lenguaje de la máscara. Y era también nuestra primera experiencia con este lenguaje. En realidad, fue una elección fruto de la curiosidad por explorarlo y de la intuición. Todo bastante inconsciente, sin pensar en las consecuencias.
—Y no les fue mal.
—J: Sí, vamos venciendo poco a poco esa dificultad. La compañía ya tiene su público, ya se mueve en circuitos nacionales e internacionales y atrae a un público propio. Y hay que romper una lanza: por llevar máscara no se deja de ser mainstream. Las nuestras son historias universales, para todo tipo de público a partir de 12 años, que tienen que romper muchos prejuicios asociados a la máscara.
La máscara está más asociada quizá al teatro familiar o infantil. El hecho de no tener texto, al principio, si no lo conoces, puede parecer algo muy raro, muy performativo, cuando en realidad son dramaturgias muy aristotélicas, muy convencionales. De hecho, nuestra dificultad es conseguir estas dramaturgias sin texto. Pero vamos notando, a lo largo de estos 15 años, cómo hemos pasado de tener 50 personas entre el público a llenar los teatros.
José Dault, de Kulunka Teatro Barcelona
—Ustedes, en especial Garbiñe, diseñaron sus propias máscaras. ¿Se inspiraron en alguien?
—G: Cuando empezamos a pensar en este montaje nos inspiramos también en otras compañías. No tanto a nivel de España, porque es verdad que no teníamos muchos referentes. Sí había compañías en Inglaterra o en Alemania que trabajaban este tipo de máscaras expresivas. Luego, el proceso que han seguido las propias máscaras ha ido en paralelo al proceso que ha tenido la propia compañía y cada vez han sido más realistas, con más detalle.
—¿Hay mucho cambio?
—G: Yo veo mis primeras máscaras de André y Dorine y las últimas de Forever y sí veo un salto. Igual el público no, pero yo sí lo veo.
Y no, yo no tengo formación en Bellas Artes, así que trabajo mucho desde la intuición y desde la prueba y error, que es también lo que nos caracteriza en la sala de ensayos. Todo el rato es probar y ver si funciona o no. Entonces, mucho sucede en el taller, donde vas comprobando si ese rostro puede ser capaz de encarnar distintas emociones, aunque luego sea un gesto rígido. ¡Ahí está el reto!
Máscara de Kulunka Teatro Barcelona
—Y lo superan, como demuestra su éxito. Muchos creen que esas máscaras expresan e incluso hablan. ¿Cuál es la magia que lo hace posible?
—G: Son varias cosas, no solo la máscara: es el actor que la lleva, lo que se cuenta y lo que el espectador pone de su propia biografía en la historia. Hay un triángulo entre máscara, actor y espectador que creo que hace que esa máscara cobre vida.
También hay máscaras, y lo hemos visto nosotros en los ensayos, que de repente no funcionan, que cuando miran al público notas que no transmiten, y por el camino se han quedado muchas máscaras.
Por eso, aunque en el taller estés muy inspirada y creas que esa máscara puede tener futuro, en realidad la prueba de fuego está en la sala de ensayos, cuando esa máscara aparece y el espectador, el director o nosotros mismos vemos si llega o no llega.
—Veo ahí mucho riesgo, incluso a nivel económico, porque hablan de mucha prueba y error.
—J: Si algo nos caracteriza es que no nos movemos con tiempos de producción estándar. No vamos a montar una obra en dos meses. Tenemos la fortuna, o el lujo, de poder dedicarle al proceso de creación lo que el proceso de creación demanda.
—G: Eso es porque valoramos más lo artístico que lo económico. Evidentemente, nos saldría mucho más barato hacer un proceso de ensayos de dos meses que de ocho, como ha sido el caso de Forever. No podríamos hacer lo que hacemos en tan poco tiempo.
Entrevista a Garbiñe Insausti y José Dault, fundadores de Kulunka Teatro Barcelona
—¿Eso lo entienden las salas de exhibición o la industria?
—J: Por eso somos nuestros propios productores, no te sabría decir.
—G: Es verdad que hay una parte de la industria que valora un trabajo que envejece bien. Si hay espectáculos de hace 10 años que un público no ha visto, los mostramos.
—¿Y cómo abordan los temas? ¿Asuntos como el alzhéimer, la incomunicación o el poder de la ficción se expresan mejor sin palabras?
—J: Mejor o peor, no lo sé. Es un lenguaje diferente. Nosotros mismos nos hemos visto sorprendidos por la capacidad comunicativa que tienen las máscaras, por su capacidad para llegar a la esencia de las cosas y de las emociones, e incluso para generar empatía en el espectador. La máscara sí que tiene esa magia.
¡También tiene limitaciones! El hecho de no tener texto también nos limita, porque en el teatro de texto, con un hermoso monólogo, explicas la psicología del personaje. Aquí estamos muy condicionados por las acciones. Nos tenemos que mover en terrenos en los que el espectador reconozca a los personajes y no tenga que pensar mucho en qué significa una cosa. Ha de significar una y no más. La máscara, en este sentido, sí tiene ese poder de conectar con una esencia muy humana, muy enternecedora, muy real.
—G: Sí, porque de alguna manera el lenguaje de la máscara también te obliga a ir muy a la esencia de las cosas, a no perderte en aspectos más superfluos. Así, al ir a la esencia conectamos con el público, y además con un público muy diverso.
—J: Y con la primera escena en la que aparece un tipo con una cabeza de máscara ya generas una convención tan grande que el público, si quiere creer, se abre de una manera muy inocente.
Garbiñe Insausti, de Kulunka Teatro Barcelona
—¿Pero ustedes escriben un texto como tal?
—J: Escrito no. Hablamos mucho, muchísimo, para crear un espectáculo sin palabras. Además, trabajamos en creación colectiva. Las creaciones son entre Iñaki, Héctor y nosotros. Sí trabajamos mucho con el vídeo.
—G: No con André y Dorine, que fue hace mucho.
—J: Pero ahora sí que trabajamos más con el vídeo.
—¿Y la elección de los temas es igual?
—J: Casi siempre partimos de paradojas que nos interesan. Con André y Dorine el primer motor fue el de contar una historia de amor en la vejez, pero en el momento en que entró algo tan terrible y devastador como la enfermedad de Alzheimer, vimos que se podía jugar un rol positivo en esta pareja.
En Solitudes fue la contradicción de que, pensando que haces lo mejor para una persona, igual estás haciendo lo peor, y no te paras a escuchar y a ver lo que realmente necesita esa persona. Y en Forever no se puede desvelar la paradoja.
José Dault, de Kulunka Teatro Barcelona
—¿Y sienten que cuesta?
—G: Si vamos a lo concreto, en una función cuesta un minuto, porque al minuto el público ya está contigo y los prejuicios desaparecen. A nivel más global, sí empezamos haciendo funciones para 20 personas y ahora nuestros espectáculos llenan teatros de 700. Entonces ahí sí que se han ido rompiendo tabúes o prejuicios relacionados con el desconocimiento del teatro de máscaras o el teatro sin texto.
Luego es verdad que llegas a un espectro de edad que va desde jóvenes hasta los 90 años. Nuestro público es súper diverso y eso también es muy bonito de ver. Y la gente se acerca a decir que todos se han sentido identificados.
Nosotros solemos sentir que en nuestras funciones sentimos en carne propia la utilidad que puede tener el teatro, porque mucha gente se nos ha acercado para darnos las gracias por contar su historia, porque las sienten como propias.
—Debe ser precioso.
—J: Y es verdad que la máscara es un código que llama a la fantasía y nuestra dramaturgia está muy cerca de los problemas reales, como la incomunicación, la soledad, la paternidad… cosas que al final son las que nos interesan. Yo a veces hago la broma de que lo nuestro es una peli de Pixar con un guion de Haneke. Aunque detrás siempre está una pregunta para tratar de entender al ser humano y por qué hacemos lo que hacemos.
Máscaras de Kulunka Teatro Barcelona
—¿Y es más fácil así?
—J: Lo importante es no querer llegar a la emoción. En el primer pase de André y Dorine con amigos, al ver que estaban devastados, nos quedamos sorprendidos porque nunca planeamos emocionar, sino contar una historia. Recuerdo además que nuestra gran obsesión era que se entendiera, sin ser conscientes de la carga emotiva que tenía la función. La carga emotiva al final siempre es una consecuencia.
—El humor que usan igual ayuda, ¿no?
—G: La vida es así, es tragicómica. En las situaciones más dramáticas hay momentos muy absurdos. También, a nivel dramatúrgico, funciona, porque distensiona.
Camerino de Kulunka Teatro con una foto de 'Forever' Barcelona
—Y tras 15 años, ¿van a seguir explorando?
—G: Seguiremos buscando, tratando de contar una historia.
—J: Lo importante es saber qué quieres contar y luego ver cómo.
—¿Consideran que han abierto puertas también a espectadores y compañías?
—J: Sí, hay más espectadores y más reconocimiento al trabajo gracias a los premios. En este sentido, sí sentimos que vamos influyendo y que otras compañías siguen nuestra estela. Pero cuando nos piden consejo, siempre animamos a que cada uno encuentre su propia forma de hacer, incluso dentro del código, porque nosotros somos muy poco ortodoxos y estamos condicionados por nuestras virtudes y sus limitaciones.