Anna Vicen Renner, coach, experta en relaciones y liderazgo
Anna Vicen Renner: "El móvil es una adicción y como tal hay que tratarla"
La coach, experta en liderazgo y terapia de pareja, alerta sobre el impacto del uso indiscriminado de los dispositivos móviles en las relaciones afectivas y en nuestra salud emocional
Contenidos relacionados: La startup catalana que combate la adicción al móvil lanza su propio smartphone
Anna Vicen Renner estudió diseño gráfico, fue DJ en la sala Razzmatazz, modelo, reportera de televisión y exitosa bloguera de maternidad. Su vida parecía perfecta, pero ella sentía que algo no iba bien. Tras ese seductor espejismo se escondía una asfixiante sensación de inferioridad. Anna pensaba que no era merecedora de todas las oportunidades que le llegaban; que era el último recurso porque, quizá, todos los demás habían fallado. Un día llegó a la conclusión de que esta forma de ver el mundo, y de percibirse a ella misma , “no podía ser la correcta”, no quería seguir sintiéndose así.
Decidió dejar de ser un sujeto pasivo de su propia existencia y dar un paso al frente. Su tenacidad y curiosidad innatas le abrieron las puertas a un universo de posibilidades. Investigó, se puso en manos de profesionales, hasta hizo psicoanálisis, cuenta a Mujeres en Crónica. Durante el proceso aprendió a quererse y valorarse; descubrió que era una persona ambiciosa en emociones, sentimientos y deseos; y también nació un sueño: ser coach.
Lo logró.
Sí. Y resulta que se me da muy bien. Me faltaba simplemente creer que podía merecer cualquier tipo de oportunidad y que cuando estas me llegaban se debían a mi valor y no a circunstancias externas. Aunque tuviera la autoestima muy baja, todos los trabajos que he desempeñado los he realizado como si fueran el trabajo de mi vida. (...) Pero también era un sufrimiento constante. Veía las vidas de los otros y pensaba que eran seres superiores. Era un sentimiento muy extremo, aunque yo no lo transmitía por mi forma de ser, por mi personalidad, siempre sonriente. Nadie podía imaginar la vergüenza horrible que sentía por dentro. Tenía una imagen de mí pésima.
Absolutamente distorsionada.
Ahí fue cuando descubrí mi pasión por el crecimiento personal, porque pensaba que las personas somos lo que creemos que somos y en base a eso vivimos la vida. Y si tú piensas X, interpretas la vida desde ese prisma.
Tenía un problema y decidió afrontarlo. No todo el mundo lo hace.
Efectivamente. Ahí me di cuenta de que hay que perseverar y no creer de primeras lo que piensas de ti misma, sobre todo si es negativo, porque es un juicio que uno emite basado en sus propias percepciones y, a veces, esa percepción es totalmente negativa. Es algo que hacemos habitualmente. De hecho, cada vez que vemos a una persona hablando de sus logros o con una autoestima muy sana no está muy bien visto. Y creo que lo natural debería ser querernos mucho y que nos sobrara tanto amor que incluso pudiéramos repartir autoestima.
Anna Vicen Renner durante una entrevista
Una cosa es reconocer los méritos propios y otra el egocentrismo.
Sí, hay que saber distinguir, pero también debemos entender que brillar es algo natural. Ese fue para mí el click, cuando me di cuenta de que simplemente había que estar conectado con tu propio talento más allá de tus miedos. Es entonces cuando empiezas a florecer y a entender que lo natural es crecer querer buscar dar tus mejores frutos. E inspirándome en la naturaleza entendí que la forma natural de funcionar era esa.
Esto tan de moda de buscar tu mejor versión.
Sí, ser tu mejor versión es una palabra del crecimiento personal que no me gusta mucho, pero que explica muy bien lo que yo persigo ahora. Y en mi caso, la mejor versión fue no parar hasta quererme más. La ambición la usé primero para mi propio funcionamiento y ahora, que ya estoy bien, puedo ofrecer herramientas a otros.
¿Cree que las mujeres somos más propensas a este tipo de conflictos internos? El síndrome de la impostora.
Yo en consulta veo un poco de todo. Pero es cierto que veo más mujeres que tardan mucho tiempo en conectar con esa fuerza interior, esa naturaleza y esas ganas de mostrar todo tu poderío. También porque estamos pendientes de muchas cosas, de muchas áreas de nuestra vida y eso hace que posterguemos el encontrarnos a nosotras mismas. Pero hay un gran porcentaje de mujeres muy comprometidas con el crecimiento personal. Eso está haciendo que la mujer se eleve, que empiece a conectar con todos sus talentos y se atreva a mostrarlos. También es verdad, y es algo que me llama la atención, que por ejemplo hay más cocineros exitosos o reconocidos estrellas Michelin que mujeres. Y creo que es porque quizás el éxito que busca la mujer es diferente, no está tan conectado con el éxito hacia fuera.
Quizá tenga que ver con que, en general, las mujeres no tenemos tanto ego, somos más discretas, no tenemos esa necesidad de proclamar nuestros éxitos. Sencillamente entendemos que hacer bien el trabajo es nuestra obligación. Por eso quizá adoptamos un perfil más bajo.
Sí. Aunque yo en vez de decir bajo diría un perfil hacia dentro. Quizás buscamos otro tipo de satisfacción, un éxito diferente. Pero sí, estoy de acuerdo, no necesitamos reconocimiento constantemente.
El resultado de todo ese proceso, de todo ese aprendizaje es el libro La ambición amable. Me llama la atención que introduzca el adjetivo amable para suavizar en cierto modo el significado de ambición.
Me di cuenta que la palabra ‘ambición’ generaba controversia. Empecé a planteármelo hace años, cuando una amiga me dijo: "Es que eres muy ambiciosa". Entonces no entendí si lo decía como algo bueno o como algo malo. De hecho, yo misma no me sentía ambiciosa. Reflexioné sobre cuál era exactamente su significado y vi que era ambivalente. Descubrí que a menudo el significado estaba asociado con el éxito profesional, económico, pero se puede ser muy ambiciosa también en la vida personal, en la espiritualidad o en las relaciones afectivas. Observé también que las personas se relacionan de formas diferentes con la ambición. Hay gente a la que le produce mucho respeto, otros en cambio la abrazan porque les ha ayudado a conseguir resultados brillantes. Decidí entonces escribir una newsletter sobre ello, escribí mis teorías sobre la ambición y conecté el concepto con ‘amable’ para que fuera una palabra ‘equilibrada’ y nos ayudara en todos los aspectos de nuestras vidas, incluso con nuestro descanso.
¿En qué medida la baja autoestima impide tener un desarrollo personal y profesional pleno?
Al 100%. Entorpece nuestro camino, no nos permite fluir ni deja aflorar nuestro talento de forma natural. Una vez más es la naturaleza. Sin embargo, si entendemos que la baja autoestima no tiene por qué ser para siempre, que se puede trabajar, entonces empiezas a enfrentarte a ello. Básicamente una autoestima baja es una percepción que tienes de ti misma basada en tus experiencias, en tu forma de entender el mundo. Una vez que entiendes que eso es flexible, que todo tu ser es moldeable, que evoluciona, descubres que se puede cambiar. Pero la percepción que tienes de ti misma influye en todo. Además, a menudo, nos hace estar en un estado de tensión constante, de tener que dar siempre la talla porque pensamos que todo lo que hagamos es insuficiente. Un estado muy doloroso, y muy injusto también, porque es un veredicto que viene de nosotros mismos.
¿Cree que la gente es consciente de que muchos de los problemas pueden radicar precisamente ahí o es la baja autoestima un mal silencioso que no todos identificamos?
Lamentablemente no todos saben que lo que les pasa es debido a una baja autoestima. Yo misma no sabía identificarlo. Afortunadamente hoy en día hay mucha información al respecto y mucha gente sabe identificarlo. Incluso el hecho de que exista el concepto autoestima baja es de por sí un baremo que nos ayuda a entender. Sin embargo, no ser consciente nos hace pensar que sentirse así es normal. Pero me gusta pensar que lo normal es sentirse bien con uno mismo, como me gusta pensar que les pasa a los animales. No me los imagino sintiéndose inferiores, no tienen esa capacidad de sentirse inferior o superior a alguien, simplemente son.
¿La alta autoestima puede igualmente generar problemas?
Sí, por supuesto, si tenemos una percepción de nosotros mismos que nos hace sentirnos superiores, si pensamos que lo sabemos todo, eso sin duda puede traernos problemas. En cambio si creemos en nosotros mismos pero también en el valor de los demás, es saludable. (...) Por tanto es importante cuidar nuestra autoestima pero también cuidar la del entorno.
Cada persona es un mundo, pero si tuviera que dar dos consejos para empezar a trabajar una autoestima saludable, ¿cuáles serían?
El primero sería que la forma natural de existir es apreciándose, queriéndose. Si nos fijamos en los niños, cuando son muy pequeñitos, sienten bastante cariño por sí mismos. Es lo natural. Se ven capaces absolutamente de todo y son muy felices siendo quienes son. Luego crecemos y por nuestras experiencias cambiamos, pero lo natural es quererse sin pensar que somos ni más ni menos que nadie. Sencillamente somos personas capaces. El segundo consejo que daría es que podemos evolucionar, no somos estáticos. Tengamos la edad que tengamos, poseemos la capacidad de cambiar. Da igual si tenemos cuarenta, cincuenta o sesenta, siempre estamos a tiempo de aprender a querernos más, y vale la pena hacer ese esfuerzo. Eso sí, requiere tiempo. Por tanto es importante rodearse de personas que contribuyan a ello. Ese sería un tercer consejo, rodearte de gente que te acompaña en ese camino y que seas muy ambicioso hasta que te sientas mejor.
Como experta en terapia de pareja, quería preguntarle sobre un estudio reciente que alerta sobre el impacto que tiene el uso de móviles en las relaciones de pareja, sobre todo a la hora de irse a la cama, ¿qué consecuencias tiene esta adicción tan generalizada?
Tiene un altísimo impacto. Hace tiempo que trabajo sobre este asunto. Tengo un post de hace unos años que se llama “Menos scrollear y más acariciar” porque las consecuencias son graves por varios motivos. Uno es el tiempo. Actualmente las parejas, sobre todo las que llegan a consulta, sienten que tienen poco tiempo para conectar, para disfrutar juntos. Sin embargo, cuando preguntamos si tienen redes sociales o directamente cuánto tiempo pasan en el móvil nos damos cuenta que dedicamos demasiado tiempo al móvil scrolleando. Tenemos más tiempo del que pensamos pero lo destinamos principalmente a las pantallas.
Un segundo motivo es que está afectando a la atención, y prestar atención es un gran valor de nuestra sociedad, la presencia con las personas. Tenemos incluso que hacer cursos de mindfulness para aprender a estar presentes debido a que el móvil es el máximo beneficiario de nuestra atención. Pero además es que el momento del móvil ha sido decidido por nosotros de forma consciente. Lo cogemos a menudo en nuestros momentos de relax, scroleamos para desconectar, con lo cual siempre está ahí. Es nuestro amante. Y ahí viene lo curioso, que hemos metido a nuestro amante en la cama, y si somos pareja y ambos metemos al amante en la cama pues mal vamos. Claro, al final parece que de alguna forma estoy diciendo que lo que pasa en la pantalla es mucho más interesante que lo que tú me puedes ofrecer. No olvidemos que los móviles están diseñados para generar adicción. Sabemos que funcionan con algoritmos y siempre ofrecerán contenidos para seducirme. Y fíjate, lo que podríamos aprender de los algoritmos es precisamente eso, dar lo mejor al otro, a la persona con la que estoy, para que quiera saber siempre de mí.
Aplicar la táctica del algoritmo en las relaciones personales. Generar interés.
Eso es, estar atentos a lo que le interesa e ir dándole contenido.
Eso en cuanto a relaciones afectivas, pero como sociedad, ¿cómo nos afecta el uso indiscriminado, casi patológico, a nivel psicológico y emocional? Porque estamos hiperconectados y desconectados a la vez.
Totalmente, somos adictos al móvil. Está pasando como nos pasó con el tabaco, que se popularizó tanto que incluso era habitual ver gente fumando en los hospitales, en las consultas. Se fumaba en cualquier momento y en cualquier lugar. Estaba aceptado y normalizado. Años después se vio que era una adicción tremendamente perjudicial y poco a poco llegaron las restricciones. Ahora prácticamente no se puede fumar en espacios públicos. Lo mismo está pasando con el móvil, y de una forma muchísimo más grave. Yo soy muy optimista y pienso que en un futuro no muy lejano se empezará a prohibir su uso porque se habrá visto el daño que provoca. Me extraña que aún no esté pasando. Yo ya estoy impulsando que haya normas, empezando por ciertas normas éticas y de respeto como por ejemplo no usarlo, o al menos pedir permiso, si estás cenando con alguien. Es que no somos conscientes de lo adictos que somos al móvil. Vamos con él al baño, cuando volamos, nada más aterrizar lo primero que hacemos es encenderlo, como quien fuma que sale disparado a encender un cigarro. Es lo primero que hacemos cuando nos levantamos y lo último que hacemos cuando vamos a dormir. Es una adicción total y como tal hay que tratarla.
Acabaremos yendo a sesiones de adictos a las pantallas anónimos.
Totalmente. Y creo que no se está haciendo nada para solucionarlo, porque los que tendrían que tomar medidas están también afectados. Es una plaga, pero nadie se atreve a dar el primer paso porque no nos vemos capaces de desconectar. A mí también me pasa, y me dedico precisamente a concienciar sobre los riesgos. Aún así, tengo que hacer mis rutinas mentales y ponerme ciertos límites. Por ejemplo, intento apagarlo a las 22:00 y no conectarme hasta las 7:30. Ahora que está tan de moda eso de poner límites, decir no, quizás deberíamos empezar a ponernos límites a nosotros mismos.
Practicar el tan popular “ayuno intermitente” pero de pantallas y redes sociales.
Muy buen ejemplo, me gusta.
Me temo que hay demasiados intereses económicos. Además es mucho más fácil manejarnos. Aunque creo que tampoco somos del todo ajenos a esto, solo que no nos interesa mucho solucionarlo.
Totalmente cierto. Interesa que estemos enganchados a las pantallas, consumiendo material. Lo bueno de esto es que esta reflexión nos la podemos aplicar como individuos y obrar en consecuencia. Por ejemplo cuando vamos en transporte público usar el móvil pero con conciencia. Invertir mejor ese tiempo en algo conscientemente, como hacer una llamada importante y cosas así. No esperemos a que los otros hagan los cambios, empecemos por nosotros mismos. Tenemos la capacidad de hacerlo.
Solo nos falta querer hacerlo. Lo mismo que con la autoestima. Se puede trabajar, pero hay que esforzarse.
Así es. Y para este último punto, me gustaría añadir que somos responsables de cuidar nuestro ser. Tenemos muchas responsabilidades, pero hay una básica, que es cuidar del ser que somos y darle lo mejor. Por eso hay que vigilar qué tipo de experiencias le queremos dar. La responsabilidad como ciudadano de cuidarse es para mí un factor clave.