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Hubo un tiempo en el que el llamado Nuevo Cine Catalán se definía por la mirada íntima, el entorno rural y un naturalismo casi documental.

Títulos como Estiu 1993, de Carla Simón, marcaron el camino; luego llegaron Alcarràs, de la misma cineasta, o Els Encantats, de Elena Trapé.

Este cine, premiado a nivel nacional e internacional, estableció una especie de canon estético que muchos siguieron, pero del que, desde hace un tiempo, las nuevas generaciones parecen querer emanciparse.

Hasta la prestigiosa revista estadounidense de cine y espectáculo Variety se ha dado cuenta y le ha dedicado todo un artículo a este nuevo Nuevo Cine Catalán, bajo el título Cataluña va más allá del cine de autor.

Empieza el cambio

La publicación va más lejos y lanza un aviso al mundo: "Algo está cambiando en el cine catalán". Lo hace desde el Festival de Cine de Berlín y tras la proyección de la ópera prima de Ian de la Rosa, Iván & Hadoum, película que ha destacado en la sección Panorama.

A pesar de que la cinta sigue sucediendo en un entorno rural, en los invernaderos del sur de España, va por otros derroteros. Narra una historia de amor e identidad que va de lo local a lo global. Un cine con vocación de mercado internacional, según Variety.

Más allá del lugar de nacimiento

Para la revista, De la Rosa ejemplifica el nuevo perfil del director surgido de Cataluña, a pesar de ser de Granada. Y es que Variety no se fija en el lugar de nacimiento de los cineastas, sino dónde nace el proyecto, y las tierras catalanas tienen un cultivo particular.

De la Rosa, formado en la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña (ESCAC), es un claro ejemplo. No sólo se formó allí, sino que su trayectoria está forjada en laboratorios de desarrollo de la comunidad autónoma.

Además, es un hombre sin miedo a nada, capaz de saltar de la televisión al cine de autor y de atraer coproducciones entre España, Alemania y Bélgica, como en el caso de su nueva cinta.

Un camino que ya le ha reportado premios. El andaluz fue el primer cineasta trans en ganar un Gaudí por su corto Farrucas; fue también coguionista de la exitosa Veneno y, ahora, fascina en la Berlinale.

Barcelona, Terrassa y... Tarragona

Este éxito, insiste Variety, no es fruto del azar. Una "infraestructura institucional" está actuando como motor. La revista destaca iniciativas como el RECLab, el brazo industrial del Festival REC de Tarragona.

Asegura que el certamen ha sido crucial para pulir diamantes en bruto y cita cintas como Suro, de Mikel Gurrea, premiada en los Gaudí y presentada en Tarragona, igual que 20.000 especies de abejas, de Estibaliz Urresola, que también fue reconocida en la Berlinale de 2023.

Un nuevo referente

El mismo director del REC, Javier García Puerto, explica por qué se han convertido en un nuevo referente. Reconoce que, si bien en los inicios se centraron en el cine independiente y los híbridos entre ficción y documental, ahora el espectro se ha ampliado.

"Poco a poco nos hemos diversificado en temas y estilos, profundizando en la diversidad creativa de España: desde el cine de autor más indie hasta el documental creativo y el cine de género", asegura a la revista.

Festival REC Tarragona

Para decirlo, Variety no se centra solo en la película de De la Rosa, sino en otras como La Furia, de Gemma Blasco, ganadora del Gaudí a Mejor Dirección Novel.

La revista subraya que la cinta canaliza el trauma personal de una agresión sexual en formas teatrales y se aleja del entorno rural.

Películas en Berlín

Por su parte, Júlia de Paz Solvas también llega a la Berlinale con Harta tras arrasar en el festival de Tallin. Ella reconoce su deseo de explorar "lenguajes asociados a registros masculinos, como el thriller o la acción".

Mientras, Lucía Aleñar Iglesias apuesta por el drama de duelo con tintes de género en Forastera, premiada por la crítica en Toronto.

Musicales

Todo eso lleva a Variety a buscar un patrón: lo que distingue a esta generación es su falta de miedo a mezclar registros, indica. Ya no basta con la introspección; ahora se busca el pulso del espectador a través del género.

Y se atreven con todo, como el musical. Para muestra, Salen las lobas, de Claudia Estrada, una mezcla de "trap musical" y drama social que rompe cualquier etiqueta previa.

Cartel de 'Salen las lobas' ALBA SOTORRA

Sin miedo al catalán

Otro punto a favor de esta falta de miedo es que el idioma ya no es una barrera, sino una seña de identidad. Jaume Claret Muxart triunfó en Venecia y Reikiavik con Estrany Riu, una historia de paso a la madurez rodada en catalán a lo largo del Danubio.

La respuesta del mercado fue inmediata: ventas internacionales a través de la prestigiosa Films Boutique y, poco después, éxito en taquilla y en la temporada de premios, llegando a sumar siete nominaciones a los Gaudí y otras dos en los Goya.

Más presupuesto y mirada en la taquilla

De lo que sí viven todos ellos, eso sí, es del éxito internacional de sus predecesores. Gracias a ellos y, también, a diferencia de sus referentes, que a menudo operaban con presupuestos inferiores al millón de euros y socios exclusivamente ibéricos, estos nuevos cineastas catalanes ya van en busca de apoyos internacionales desde el inicio.

Y es que los realizadores de ahora ya no tienen miedo de hablar del éxito al que aspiran. No solo buscan el aplauso de los festivales, sino también la rentabilidad en la taquilla global.

Los nuevos nombres del cine catalán

La Berlinale, en cualquier caso, parece reflejar todo ello. A pesar de que en esta edición no hay ninguna película catalana ni del resto del Estado en competición, cintas como Iván & Hadoum y muchas otras que se han dejado ver en el mercado de la Berlinale han llamado la atención de Variety y a la industria.

Entre los nombres a seguir que apunta la revista está el de Álvaro Gago, que, tras el éxito de Matria, presenta en el mercado de coproducción Porto Alegre, un drama vibrante sobre las raíces y la comunidad.

Nao Albet y Marcel Borràs DAVID RUANO TNC

De vuelta, un alumno de la ESCAC, Christian Avilés, se ha colocado en el radar. Lo hace desde el corto, con Stallion and a Crystal Ball, una mezcla de realismo mágico y deseo queer.

Y, por último, Marcel Borràs y Nao Albet, dos dramaturgos que revolucionaron el teatro catalán y que esperan hacer lo mismo en la televisión. Atraco, paliza y muerte promete ser una comedia negra que usa un robo a un banco para diseccionar las contradicciones del capitalismo y el arte.

El veredicto de Variety es claro: "Algo está cambiando en el cine catalán". Ha dejado de ser un nicho de autoría específica para convertirse en una factoría de talento diversa, ambiciosa y, sobre todo, imparable.

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