Jose Luis Guerín

Jose Luis Guerín GALA ESPÍN Barcelona

Creación

José Luis Guerín: "Cuando se utiliza la realidad de manera instrumental para ilustrar un discurso previo, la realidad se empobrece muchísimo"

El cineasta catalán regresa a la gran pantalla con su particular y poético retrato del barrio de Vallbona

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Hace un año, El 47, de Marcel Barrena, ponía en el mapa un barrio de Barcelona completamente al margen de los mapas turísticos, Torre Baró. Curiosamente, por esas fechas, otro cineasta catalán, José Luis Guerín, se encontraba también en la periferia de la ciudad.

El director de En construcción ha estado más de dos años rodando en Vallbona, sin apenas hacer ruido. Él no ha construido una ficción, solo ha puesto su cámara en el lugar y ha hecho su magia.

Si Barrena y otros filmes acuden a estos lugares para hacer un cine de denuncia, Guerín hace algo muy distinto. Ha ido allí con una mirada limpia, dispuesto a descubrir su vida. Y ha creado un filme tan poético como cargado de verdad: la de la realidad de un barrio como Vallbona.

Así, igual que él posaba su cámara en las calles del barrio, Historias del buen valle pone el barrio frente a la cámara y frente al espectador. Así, el público asiste embelesado al mismo descubrimiento que tuvo Guerín. Al descubrimiento de otra Barcelona con sus huertos, sus canales, sus pozos.

Aquí no hay bares donde sirvan ningún brunch, tampoco matcha. Aquí se sirve lechuga del huerto y se planta convivencia, aunque no sea fácil.

Historias del buen valle permite descubrirla sin romantizarla. Eso sí, desde los ojos de Guerín, cuya mirada poética coloca a Vallbona, a su gente y al cine español en otro lugar. Y eso que la cinta nace de un encargo.

El ojo de José Luis Guerín

El ojo de José Luis Guerín GALA ESPÍN

Cuando uno ve su película, cuesta creer que sea una película de encargo.
Yo nunca establezco ninguna diferencia. A mí me da igual. Un encargo es solo un punto de partida donde yo he de encontrar mi película.
El tema siempre va a ser la mirada, lo que sepas ver. Si te dan libertad para abordar un tema, da igual el punto de partida. De hecho, no hay temas buenos y temas malos. Hay miradas que ven cosas y miradas que no ven.
A mí, por ejemplo, cuando llegué a Vallbona la primera vez, me pareció un espacio muy hostil; no sabía ni cómo podía hacer un encuadre ahí.
Pero, cuando no gusta un lugar, tiendo a pensar siempre que el problema no está en el lugar, sino en tu mirada.
José Luis Guerín

José Luis Guerín GALA ESPÍN Barcelona

Claro, pero eso cuando le dan libertad, ya lo ha dicho. ¿Es fácil encontrarla?
Bueno, pero hay que ir asumiendo lo que conlleva esa libertad. Libertad es no aspirar a ciertos costes que están fuera.
Mi método de trabajo parte de un sistema de producción complejo, porque alterno días de rodaje con días de montaje durante un arco temporal amplio. Eso no te permite tener técnicos muy costosos, por ejemplo.
Mis equipos están formados sobre todo por estudiantes de cine y amigos jubilados, que me pueden regalar eso tan valioso que es su tiempo. Porque a los técnicos no les puedes pedir, durante un año y medio o un arco temporal tan amplio, tener esa disponibilidad.
Entonces es en la periferia, en el margen de la industria, donde yo siento que puedo hacer lo que me proporciona placer. Y ahí no quiero tener ninguna actitud llorona ni nada de esto, porque es una elección muy asumida.
Entrevista a José Luis Guerín

Entrevista a José Luis Guerín GALA ESPÍN Barcelona

Claro, porque La historia del buen valle, si no entendí mal, le llevó tres años hacerla, ¿es así?
No tanto, pero dos y medio sí. En cualquier caso, fueron pocos días de rodaje. No hay que imaginar que estuve rodando durante dos años y medio, sería inviable. A lo mejor ruedo treinta días, pero repartidos en ese gran arco temporal.
Lo que me permite este tiempo es seguir el flujo de la vida con su cambio de estaciones, con muertes, nacimientos, movimientos, obras; es decir, ir nutriéndome de las historias que pasan.
Y hablaba de la mirada. ¿Cómo se trabaja?
Es solo tener confianza en los personajes que has elegido. Intentar ver como ellos, situarse en su punto de vista. Eso es muy difícil, sí.
Yo, cuando empiezo a rastrear Vallbona, veo un espacio que me parece hostil, informe, con un urbanismo absurdo, inexpresivo, mudo, sin vida en la calle. A diferencia de En construcción, donde el barrio estaba lleno de historias en la calle, aquí no. El espacio público, en principio, es casi mudo.
Entonces has de hacer un esfuerzo para ver qué ven las miradas de sus pobladores. De pronto, ves ese pozo seco que hay junto a una antigua estación, ¿qué significa? Este árbol seco que esta señora tiene en su casa, ¿qué significa?
De pronto descubres que está relacionado simbólicamente con su hijo muerto; que esa charca humilde del canal, para los niños representa el mar, para unas mujeres africanas un río de Guinea...
Eso te da las ideas visuales de cómo encuadrar para que fluyan esos imaginarios en tus encuadres, para que los imaginarios de estos pobladores tan diversos consigan yuxtaponerse a la realidad geográfica del valle.
José Luis Guerín

José Luis Guerín GALA ESPÍN Barcelona

Pero su mirada, su cine, no juzga ni tan solo denuncia. Es más una propuesta o un cine descubrimiento. ¿Lo siente así?
Yo lo entiendo así, efectivamente. Es decir, así como tengo muchos compañeros, sobre todo en el cine documental, cuyo impulso para hacer una película es la denuncia o incluso el deseo de mejorar el mundo, yo debo reconocer que no estoy ahí.
En el cine documental busco descubrir algo, asistir a una revelación que, después, voy a compartir con el público. Si ya sé lo que voy a contar, pierdo el deseo de hacerlo.
La realidad es muy rica y muy generosa; entonces, si sabes pactar con ella, creo que nunca decepciona. Cuando se utiliza la realidad de una manera instrumental, solo para ilustrar un discurso previo, entonces la realidad se empobrece muchísimo, porque se convierte en algo esquemático, desaparecen los matices, las contradicciones, las zonas de ambigüedad; desaparece la belleza de la realidad.
De alguna manera, las redes sociales apuntan mucho en esa dirección de crear una realidad esquemática. Frente a eso, yo siento el deber del cine de recuperar la complejidad y la belleza de la realidad.
Entrevista a Jose Luis Guerín

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Claro, porque de otra manera la realidad se convierte en algo maleable o casi utilitario para un mensaje propio, ¿no?
Sería una realidad instrumentalizada.
Algo que no sucede en su filme, donde uno descubre Vallbona y una vida ajena a Barcelona. ¿O cómo diría que es, usted que ha estado allí?
Está en esa encrucijada entre lo rural y lo urbano, en una indefinición. Yo pienso en Vallbona como un barrio que es work in progress, igual que la propia película. A mí me gusta verla así, como una película que se va construyendo a sí misma.
Vallbona es un barrio cuyo aislamiento conlleva tantas carencias de servicios básicos como, a su vez, preserva cualidades muy singulares, fórmulas de vida de resistencia que yo celebro. Intento no proyectar una mirada solo victimista de la periferia, sino descubrir y celebrar lo que tiene de singular.
Jose Luis Guerín

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A usted eso le gusta, ¿no?
Yo siempre me he sentido muy atraído por esos espacios que, dentro de la ciudad, escapan a la rigidez del orden urbano: los arrabales donde jugaba de niño, los lugares donde los circos plantaban sus carpas, incluso las obras, pues son como pequeños paréntesis en ese orden urbano donde, de pronto, rigen otras leyes.
Cabe una espontaneidad distinta en lo asilvestrado, que escapa al orden urbano. Y eso siempre me ha resultado muy inspirador.
Pero tampoco lo mitifica, al menos no lo parece en su cine. Porque muchas veces hay esa mirada casi ensalzadora de esas miserias en el cine.
Hay que encontrar la mirada justa. Sin romantizarla, sin victimizarla, sin reducirla. Mostrar su riqueza, su complejidad, mostrar también las huellas del pasado, pero también los signos de la nueva identidad que se va gestando ahí. Pero no es fácil encontrar eso.
Entrevista a José Luis Guerín

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Me gusta que hable de esa nueva identidad, porque en su filme Vallbona aparece atravesado por esa modernidad que es el tren. Unas vías que lo atraviesan de manera literal y material y que cambian la dinámica del barrio, ¿no?
En el montaje llegué a contar 42 trenes que surcan la película. Y nunca paran ahí. Es una metáfora de ver pasar tantos trenes que nunca se detienen en el barrio. Creo que esa es una imagen muy poderosa de la realidad de Vallbona.
Al ser tan pequeñito y tener tan pocos vecinos, electoralmente es muy poco rentable, muy poco apetitoso.
Pero la especulación sí parece llegar allí. Hay una amenaza latente para convertir esos huertos en terreno urbanizable.
Vamos a ver cómo se desarrollan las cosas. En principio, había una catalogación como espacio rural. Pero, acabadas las obras, cuando no haya interrupción de las vías férreas que segmentan todo ese espacio y exista una superficie limpia hasta llegar al río Besòs, me parece difícil que pueda resistir a la presión urbanística de una ciudad como Barcelona.
Jose Luis Guerín

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¿Es cada vez más difícil encontrar espacios de resistencia como este en Barcelona?
El caso de Vallbona es el único que queda. El señor Francesc tenía razón cuando me respondió que una película sobre Vallbona debía ser una película del oeste, un western. Aunque supongo que tiene sus días amenazados.
En cualquier caso, hay un relato muy universal ahí. Todas las ciudades, en algún momento de su pasado, fueron construidas sobre el campo y conocieron ese conflicto entre lo urbano y lo rural.
Ten en cuenta, además, que una cosa que descubrí en la película es que casi todos los personajes tienen un origen campesino perdido. Todos menos aquellos que llegaron por el desahucio o por la imposibilidad de pagar un alquiler en el centro de la ciudad.
Ellos están en el terreno de nadie, como los personajes de Pasolini. Viven en el desarraigo de quien ha perdido su cultura originaria y no ha querido o no ha sabido integrarse en la nueva ciudad en expansión a la que pertenece.
José Luis Guerín

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Un desarraigo que se agrava incluso con la arquitectura y el urbanismo: aquellos desarraigados están en las afueras.
El relato sobre la periferia es extensible a toda España. La historia de Torre Baró, Vallbona o La Mina es la misma que la de Entrevías, Polígono Sur u otras periferias: está hecha por gente que venía del campo a la ciudad y se autoconstruía sus casas.
La ciudad necesitaba esa mano de obra y fue despoblando el campo. Y creo que, en la actualidad, eso ha cambiado. La vida popular en sí misma se va desplazando completamente a los barrios de la periferia y el centro queda realmente como un espacio de franquicias comerciales y turismo. Mientras tanto, la vida cotidiana un poco más auténtica se desplaza hacia los barrios periféricos.