La inteligencia artificial empieza a introducirse en muchos ámbitos de la vida y el arte no podía quedar ajeno. En 2015, el profesor de la Universidad Pompeu Fabra Martí Sánchez Fibla y la directora de teatro y gestora cultural Beatriz Liebe Masferrer se unieron para crear el proyecto Teatronika.

En el 2018, se constituyeron como asociación con el fin de sacar los robots del laboratorio e impulsar acciones de divulgación científica en un marco más amplio. “De esta manera convertimos a los robos en intérpretes teatrales”, señala Liebe.

 

 

Los androides Dani and Xavi presentan Teatronika / SPECS UPF

Inédito y diverso

Teatronika utiliza para sus presentaciones los NAO, robots humanoides programables y autónomos, creados en Francia hace unos 15 años. Y todo parece indicar que el proyecto es único en el mundo. Pues, aunque existen algunos experimentos con robots en los escenarios, en todos los casos estos interactúan con un ser humano.

En busca de una diversidad de temas y visiones, Teatronika realiza un concurso de guiones. “De alguna manera nos hemos convertido en una compañía de teatro de inteligencia artificial vinculada a un concurso de dramaturgia”, comenta Liebe. Las temáticas, añade, suelen estar vinculadas a la adaptación de clásicos como Shakespeare, la ciencia ficción, y otra que se podría denominarse del absurdo o “de autocontenido”, que está más ligada al lenguaje de los robots.

Un androide con mirada infantil / PEXELS

El montaje

Beatriz Liebe afirma que una vez decididos los guiones ganadores, comienza una labor de adaptación de los textos, tomando en cuenta las limitaciones técnicas de los robots. Posteriormente estos se programan frase a frase, además de cada gesto y desplazamiento, incluso cada mirada. “Aunque no lo parezca, es bastante similar a un montaje humano”.

Un hombre da la mano a un brazo robótico / PEXELS

Las piezas suelen ser breves, de entre 10 y 12 minutos. Esto se debe a un criterio técnico, pues los robots se calientan, además de que el ritmo suele ser lento y, en cuanto al tema vocal, se puede perder contenido debido al ritmo de la obra. Además, las piezas se llevan a cabo en un set específico para que los robots se reconozcan. “No están creados para interactuar entre ellos”, explica Liebe.

La recepción

En cuanto al público, Beatriz Liebe explica que hay mucha fascinación. “La recepción es positiva por la innovación, pues muchos no han estado tan cerca de un robot, se establece cierta empatía, incluso ternura”. Añade que a través del proyecto se han dado cuenta de que existe una gran curiosidad por los robots más allá del teatro.

Una imagen de los droides utilizados en Teatrónika / UNAB

No obstante, sí tienen un público que pone más atención a los contenidos de las obras que a los actores en escena, y estos son los niños. “A los más pequeños les interesa más de lo que trata cada obra, quizá porque para ellos el mundo de los robots está más normalizado”, concluye Liebe.