Asegura Pepa Roma (La Sentiu, Lleida) que “Una familia imperfecta” (Espasa) es la novela de la que está más orgullosa. Pero también la que más le ha hecho sufrir. El libro, que tiene como hilo conductor la relación de Cándida con su despótica madre, es un tributo a la novela barcelonesa de Marsé y Segarra. Es la historia de tres generaciones marcadas por la Guerra Civil y secretos no confesados.

Una novela de mujeres fuertes y hombres débiles. “La familia es un microcosmos donde se establecen reglas de poder. Cuando estas reglas se descompensan, surge el machismo y la violencia doméstica, pero también las mujeres pueden ser tiránicas y castradoras”, explica Roma, periodista, escritora y articulista en Crónica Global.

La liberación de la mujer

¿Pero existe la familia perfecta? “Cuando decidimos el título del libro, gente de mi entorno me lo preguntaba. Las familias, sobre todo las de la burguesía, intentan mantener las formas, pero todas las familias guardan secretos”.

Roma contextualiza la complicada relación entre la protagonista y su madre. “Se suele situar la liberación femenina en los años sesenta y setenta, pero analizándolo mejor, nace en una generación anterior, viene de la República, un momento de emancipación femenina que se corta con el franquismo. Las aspiraciones de mujeres quedaron truncadas. Eso lleva a una frustración que, según queda reflejado en la novela, se vuelve en contra los hijos”

La República supuso un momento de emancipación femenina que se corta con el franquismo. Eso lleva a una frustración que, según queda reflejado en la novela, se vuelve en contra los hijos

La escritora explica que hay pasajes autobiográficos en el libro, aunque “algo tan atroz como le ocurre a Cándida no me ha pasado a mí. Hay un ajuste de cuentas de la protagonista con su madre, Regina, que creo que es universal. A muchas mujeres de mi edad les toca cuidar de sus padres cuando son mayores y eso te enfrenta con tu pasado. Mientras los hombres están educados para mantener su individualidad y dedicarse a la vida pública, la mujeres hemos sido educadas según el modelo de nuestra madre, el saber doméstico, las relaciones familiares y también la versión de la historia familiar las transmiten las madres”.

Exceso de turismo

La rivalidad entre madres e hijas también queda patente en esta historia, “la más difícil que he escrito porque es dura. Me revolvió muchas cosas. Pero también es de la que estoy más orgullosa. La idea de la novela surge cuando veo que mis padres se van y forman parte de los últimos testimonios de la guerra. A mi lo único que me interesaba era desconectar, viajar… Pero cuando ves que este mundo se va, de pronto le prestas importancia”.

Uno de los protagonistas de “Una familia imperfecta” es Barcelona, cuya evolución es descrita por Roma a través de los paseos de Cándida por la ciudad. “Hay una Barcelona nostálgica, la Barcelona creativa, la de la euforia postfranquista y cultural. Quizá sea políticamente incorrecto decirlo, pero ahora me sobra esa Barcelona tan turística, porque hemos perdido una ciudad que habíamos hecho nuestra, hemos perdido la vida de barrio que tan bien describió Marsé y que permitió que los que veníamos de fuera nos sintiéramos en casa”.

Madrid-Barcelona

"Una familia imperfecta" aborda la complejidad de la sociedad catalana respecto a la madrileña, al margen de debates identitarios. “Se ha hablado mucho de la inmigración llegada del sur, pero no se ha hablado tanto de la inmigración interior catalana. Quienes procedíamos de Lleida también nos sentíamos ‘de pueblo’ en los barrios burgueses de Barcelona. Hay muchos matices recogidos en el libro que diferencian a la sociedad catalana”.

Se ha hablado mucho de la inmigración llegada del sur, pero no se ha hablado tanto de la inmigración interior catalana

La relación de la protagonista con su hermano enfermo permite a Pepa Roma hacer una crítica explícita a las carencias del sistema sanitario, especialmente a la “deshumanización” en el trato a los pacientes, algo que la escritora ha vivido muy de cerca y que ha abordado en artículos periodísticos.

Pero ¿ha perdonado la escritora a la tiránica Regina? Roma sonríe. “En la novela se perdona, pues todos los personajes se redimen”.