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Uber saliendo de una estación para taxis en el aeropuerto de Barcelona / CG

El aeropuerto de El Prat, foco de la 'batalla' del taxi en Barcelona

Los conductores de los VTC sufren insultos y pitadas de los autorizados frente a la mirada atónita de los turistas

13.05.2017 00:00 h. Actualizado: 12.12.2018 11:43 h.
5 min

Los ánimos están caldeados en el mundo del taxi. Un sector que está más que nunca en la boca de la opinión pública después de que el Tribunal de Justicia de la Unión Europa definiera a Uber como “empresa de transportes a la que se le pueden pedir licencias”.

Tras este revés judicial, la multinacional californiana no ha cesado en sus servicios, aunque sus conductores soportan la ira de los demás taxistas que consideran su actividad como “competencia desleal”.

El ambiente está que crispa. El aeropuerto de El Prat es uno de los focos donde más nerviosismo se vive en Barcelona. Se palpan escenas muy tensas entre los chóferes.

uber taxi aeropuerto

Estacionamiento de taxis en el aeropuerto El Prat Barcelona / CG

Gritos, pitos e insultos

El viernes no fue una excepción. Los coches de Cabify se dejaron ver como todos los días en las terminales barcelonesas. Y además con mucha afluencia. El conflicto se origina cuando ocupan zonas reservadas para taxis públicos. Les abuchean, insultan y les pitan. Se ven discusiones entre ellos, enfrentamientos dialécticos cara a cara: “Tu no puedes estar aquí”; “tu no eres taxista”; “si no te vas llamo a la policía”, y comentarios semejantes.

El jueves también ocurrió un episodio similar. Esta vez acabó en accidente de tráfico. Un taxi y un KIA de Cabify chocaron y se desató la ira entre ambos conductores.

Los taxistas ven aparecer un Tesla Model S de color negro y se frotan las manos. Todos a por él. Varios turistas miran desorientados a su alrededor sin saber muy bien lo que está pasando. Algunos de estos coches --se aprecian por su categoría de lujo-- evitan invadir estas zonas reservadas para no generar más polémica y pactan el fin del trayecto en otro lugar de la terminal.

"Tenemos sus matrículas"

Es la guerra del taxi. Una pelea que no cesa entre el servicio público y el privado no homologado. “Les han cerrado la barra libre”, indica el abogado Diego Salmerón, encargado de llevar la demanda judicial presentada por la Asociación Profesional Elite Taxi. “Están incumpliendo las normas de transporte”, dice su portavoz, Alberto Álvarez.

Los taxistas tienen ganas de hablar y de dar publicidad de la situación. Uno de ellos, Antonio Halcón, habitual en el trayecto entre el aeropuerto y el centro de Barcelona, cuenta a Crónica Global que “los tenemos a todos controlados, les hemos pillado las matrículas”. Con la ventana de su Toyota Prius bajada explica que los VTC usan siempre las mismas marcas “Tesla, KIA y Hiunday”. Halcón añade que estos negocios se han empezado a organizar con motivo de “la masificación turística, porque estaban de moda en otras ciudades”. Además, recalca que la llegada de estas apps a Barcelona “no suponen un avance tecnológico, nosotros ya hace tiempo que trabajamos con MyTaxi, Hailo o NTaxi”.

El precio, la clave

Pero, ¿por qué las personas eligen estas plataformas si saben que no son legales? La respuesta está en el precio. “Te avisan antes de subir del coste de la ruta y es más barato que un taxi convencional”, explica uno de los usuarios que baja en una parada de la Terminal 1. Un taxi convencional que conecta con el aeropuerto de El Prat con la plaza de Catalunya tiene un coste de 26 euros, mientras que con alguna de estas plataformas, tan solo 20. Ofrecen también una botella de agua y conexión wifi. “Cuidan más al pasajero, te hacen descuentos, los coches están impecables y además huelen bien, ¿qué más se puede pedir?", añade.

Barcelona no es la única ciudad de Cataluña donde se vive el conflicto. En Tarragona se esperan protestas para esta próxima semana. Los taxistas autorizados han detectado un grupo de trasportistas “pirata” en la estación de autobuses a los que denunciaran, como han anunciado. Se esperan más huelgas y paros para protestar ante un intrusismo laboral que está latente.