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Hay vida más allá de los préstamos bancarios para las empresas / CG

¿Está justificada la mala reputación de los minicréditos rápidos?

El precio elevado de estos productos y la falta de una ley específica que los regule son algunas de las sombras de los préstamos ‘online’

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Desde su aparición en el sector crediticio español en 2008, los minicréditos online han sido foco de múltiples críticas. Estos productos no bancarios surgieron durante la crisis económica y la mayor parte de las entidades financieras no concedían préstamos. En ese momento, aprovechando la coyuntura, se lanzaron al ruedo las primeras empresas de capital privado que comercializaban créditos rápidos que se podían conseguir en minutos y sin apenas requisitos de acceso.

Como afirma el comparador de minicréditos HelpMyCash, el número de compañías de este tipo se multiplicó año tras año debido al aumento de las solicitudes. Estos productos ganaron popularidad rápidamente, pues eran prácticamente los únicos con los que los clientes podían resolver sus urgencias económicas puntuales.

A pesar del éxito, empezaron a aparecer duras criticas por parte de organizaciones de consumidores. El principal argumento de sus detractores era su precio elevado, lo que dio paso a una mala fama que los ha seguido acompañando hasta la actualidad.

La consolidación de los minipréstamos

Si hay algo que no se puede negar es que las empresas que comercializan estos préstamos online dieron con una fórmula que llegó y triunfó rápidamente. Tras el paso de los años, las solicitudes no remiten: de hecho, el 2016 fue el año de consolidación de los minicréditos en nuestro país, que llegaron a manejar cifras que alcanzan los 200 millones de euros según la Asociación Española de Micropréstamos (AEMIP).

La popularización de esta práctica se debe principalmente a que se pueden obtener en un máximo de 15 minutos, lo que los hace útiles para afrontar problemas económicos de última hora para los que no se tiene liquidez suficiente. La celeridad con la que se puede conseguir el dinero es uno de los rasgos que los ha catapultado. Sin embargo, esta velocidad tiene un precio, exactamente del 1,1% de interés diario de media.

La razón que explica esta rapidez es que las empresas no piden tantos requisitos ni documentos a los clientes como ocurre con otros tipos de créditos. Esto permite a las compañías procesar las solicitudes en mucho menos tiempo. Según los prestamistas, esta velocidad del servicio y los laxos requisitos que exigen es lo que justifica su elevado precio. Además, las empresas apuntan que la tasa anual equivalente (TAE) no sirve como indicador de referencia para estos créditos, pues es un valor anual y sus minicréditos se conceden a un plazo de 30 días.

La regulación de los minicréditos

El halo de desconfianza y recelo que planea alrededor de los minipréstamos también se ha visto incrementado por la falta de una ley eficaz que regule este tipo de productos. De hecho, algunas personas consideran que las empresas de minicréditos no están reguladas de ninguna forma, ya que no están supervisadas por el Banco de España. No obstante, sí que tienen que cumplir la Ley 22/2007 de comercialización a distancia de servicios financieros destinados a los consumidores.

Por otro lado, la AEMIP se encarga de establecer pautas éticas que deben cumplir todas las empresas socias. El código prohíbe llevar a cabo prácticas fraudulentas y obliga a las compañías a conceder sus productos con responsabilidad. Además, a los minicréditos superiores a 200 euros se les aplica la Ley 16/2011 de contratos de crédito al consumo. La mayor parte de empresas de créditos rápidos que operan en España piden desde hace tiempo una normativa específica para este tipo de producto.

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