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Instalación industrial de Bio Fuel Systems / CG

El biopetróleo de Bio Fuel Systems acaba como el rosario de la aurora

Esta empresa, que pretendía producir petróleo a partir de algas, deja una larga estela de damnificados

21.11.2018 00:00 h.
4 min

El Juzgado Mercantil número 1 de Alicante ha declarado el concurso voluntario de Bio Fuel Systems SA, de Sant Vicente del Raspeig. Se ha nombrado administrador concursal a la firma Tecea Auditores, que delega las funciones en su administrador único Juan Carlos Torres Sanchís.

Bio Fuel Systems es la historia de un negocio que prometía grandes beneficios económicos y medioambientales, pero ha acabado en agua de borrajas, con acusaciones de mala gestión a sus promotores.

CO2 y algas

Detrás de esta compañía están Bernard Stroiazzo y su segunda esposa Belinda Anne Halsall. La idea original se fraguó en la Universidad de Alicante en 2003 gracias a un grupo de ingenieros e investigadores, encabezados por el científico alicantino Cristian Gomis. Este se apeó enseguida del proyecto por diferencias insalvables con Stroiazzo.

En 2006 se constituyó formalmente la empresa. Su objetivo consistía en desarrollar una tecnología de generación de combustible que, mediante la utilización de las emisiones de CO2 procedentes de industrias contaminantes, se introducían en unos fotobiorreactores. Tales emisiones servían de alimento a microorganismos marinos. A su vez, dichos microorganismos, con la ayuda de la energía solar, generaban una biomasa, que tras ser sometida a determinadas condiciones de presión y temperatura, se transformaba en crudo.

Inversores esquilmados

En definitiva, se trataba de simular el proceso natural de formación del petróleo, pero acortando los tiempos de maduración de millones de años a solo unas pocas horas. Sonaba demasiado bonito para ser cierto.

Pero múltiples inversores acabaron picando el anzuelo. Entre ellos, la familia Bernat, exdueña de Chupa Chups y actual propietaria de la visitada Casa Batlló del paseo de Gràcia barcelonés.

Instalaciones industriales

La empresa puso en marcha una instalación experimental en Alicante. A continuación el ayuntamiento de Carboneras (Almería) le cedió tres hectáreas para montar una planta de nuevo cuño. El concejo estaba encantado con la iniciativa, pues serviría para captar inversiones y generar empleo en una zona necesitada de empresas.

El biopetróleo de la compañía encerraba grandes ventajas frente a otros biocombustibles: el cultivo de la materia prima no necesitaba grandes plantaciones, pues las microalgas se criaban en unos tubos verticales llamados fotobiorreactores. Tampoco era necesario reponerlas, pues ellas solas se autorreproducían.

Quiebra y liquidación

Hace tres años, la feliz iniciativa entró en barrena. Las plantas de Carboneras y Alicante se cerraron, en medio de un aluvión de impagos a proveedores y empleados. Stroiazzo y su familia fueron denunciados por los socios inversores.

Otra instalación de idéntica factura, sita en la isla de Porto Santo, en Madeira, tampoco pudo terminarse, pese que se captaron 9 millones de inversores. Otro socio capitalista, el grupo italiano Enalg, llegó a desembolsar 14 millones.

Ahora, con el concurso voluntario, se escribe el último y definitivo capítulo. Todo el dinero desembolsado se ha ido por el sumidero y es irrecuperable.

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