Sal Costa Barcelona
El gigante Salins cierra la histórica fábrica de Sal Costa en Barcelona y se lleva la actividad
La marca catalana, fundada en 1925, abandona sus instalaciones en el Puerto tras más de un siglo de historia
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La gaviota que durante décadas ha ilustrado uno de los paquetes de sal más reconocibles de los supermercados españoles está a punto de emprender el vuelo de Barcelona.
El gigante salinero francés Salins, propietario de Sal Costa desde 2016, está desmantelando la histórica fábrica de la marca en la zona portuaria de la ciudad y podría llevarse la actividad a otra comunidad autónoma, según ha podido saber Crónica Global.
La planta de Sal Costa en Barcelona Barcelona
Fuentes conocedoras de la situación explican que Salins lleva cerca de un año desmontando progresivamente la planta y que los trabajos podrían prolongarse todavía dos o tres meses más.
El propio Puerto de Barcelona, además, ha confirmado a este medio que, tras más de cinco décadas de presencia, la concesión de los terrenos no ha sido renovada, y la zona se encuentra actualmente inmersa en obras y actuaciones de reorganización del espacio portuario.
¿Dónde se va?
La planta de Barcelona albergaba la sede corporativa de la compañía y funcionaba como el principal nodo donde llegaba la sal a granel para su refinado, secado, aromatización y empaquetado final en formatos de consumo y hostelería.
Aunque el grupo mantiene cierta operativa en Cataluña —acotada a la sal industrial en la comarca del Bages y a la logística subcontratada en Badalona—, la salida del Puerto deja a la marca sin su centro neurálgico en Cataluña. Así, todo indica que traslada fuera de la comunidad tanto su sede corporativa como la producción de sal de mesa.
La compañía no ha querido explicar a este medio cuál será su ubicación definitiva. Sin embargo, fuentes del sector señalan que parte de la actividad podría rearticularse desde Alicante, donde el Grupo Salins cuenta con una potente infraestructura de extracción y procesado a través de las Salinas de Torrevieja.
Un ERE de extinción
El cierre de la planta ya ha tenido consecuencias laborales. Según ha podido saber este digital, la compañía llevó a cabo un ERE de extinción antes de iniciar el desmantelamiento de las instalaciones.
Se desconoce, por el momento, a cuántos de los cerca de 40 trabajadores vinculados a la planta ha afectado el expediente y cuál será el destino del resto de la plantilla.
La planta de Sal Costa en Barcelona Barcelona
La sal se lo come todo
El estado de las instalaciones puede haber sido determinante en la decisión. La planta ya estaba muy envejecida y deteriorada, prácticamente obsoleta, castigada por la propia actividad salinera y por su ubicación junto al mar durante décadas.
La sal se lo come todo. El salitre presente en el aire habría contribuido al deterioro de unas instalaciones que necesitaban una renovación prácticamente integral. Según explican fuentes conocedoras de la situación, la alternativa podría haber estado entre acometer una costosa reforma o abandonar Barcelona.
La fábrica se encuentra ahora prácticamente vacía: solo los responsables de la compañía acuden puntualmente a las instalaciones mientras se retira la maquinaria y se desmonta lo que queda de la actividad industrial.
La planta de Sal Costa en Barcelona Barcelona
De Barcelona a toda España
Los orígenes de Sal Costa se remontan a 1846, cuando tres emprendedores liderados por Onofre Caba se asociaron en Barcelona para comercializar productos básicos como sal, arroz y legumbres. Con el paso de los años, la sal fue ganando peso hasta convertirse en el eje del negocio y, en 1925, nació oficialmente la marca Sal Costa. El año pasado, por tanto, celebró su centenario.
En 1994, la compañía fue adquirida por el grupo alemán Südsalz, una operación que impulsó su expansión internacional. Dos décadas después, en 2016, pasó a manos del francés Grupo Salins, uno de los grandes operadores europeos del sector de la sal.
Ahora, la historia de Sal Costa en Barcelona llega a su fin. La fábrica que durante décadas produjo y distribuyó una de las marcas de sal más conocidas de España está ya prácticamente desmantelada.
La marcha supone una pérdida industrial más simbólica que económica para Barcelona: es el adiós de una de las marcas más reconocibles de la industria alimentaria catalana y un nuevo golpe para un tejido industrial que, como vienen advirtiendo desde hace tiempo los economistas, necesita reforzarse para generar empleo de mayor valor añadido.