Interior de Casa Leopoldo

Interior de Casa Leopoldo Banco de Boquerones HULE Y MANTEL

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Se busca un milagro para salvar (de nuevo) a Casa Leopoldo antes de su 100 aniversario

Los propietarios, un 'family office' catalán, quieren encontrar un nuevo operador para mantener con vida al histórico local del barrio del Raval de Barcelona, con 97 años a sus espaldas

Banco de Boquerones abandona el restaurante tras una inversión de más de 300.000 euros y apenas dos años como operador

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Apenas dos años ha durado el sueño del nuevo Casa Leopoldo, la mítica casa de comidas que popularizaron Manuel Vázquez Montalbán, Juan Marsé o Eduardo Mendoza. Era el último refugio del Raval, el maltratado barrio que languidece en el corazón de Barcelona.

Ubicado en la calle Sant Rafael, junto a la Rambla del Raval, abrió en 1929 y, desde que en 2015 la histórica familia gestora lo abandonó, no ha sabido reponerse.

La última herida —quién sabe si la definitiva— es del grupo Banco de Boquerones, que intentó reflotarlo hace 27 meses, pero se ha cansado del negocio.

Pese a que disponían de 10 años más de contrato de alquiler, el local bajará la persiana este domingo, según ha avanzado El Periódico.

¿La última bala?

La propiedad, un family office catalán del sector marítimo, no quiere perder el proyecto a menos de tres años del centenario y queda a disposición de quien quiera continuar con Casa Leopoldo bajo el mismo régimen de alquiler.

Los dueños están alineados con el deseo de mantener viva la esencia de Casa Leopoldo y buscan un operador con solvencia y con la energía que los actuales gestores han perdido.

Homenaje a Rosa Gil, histórica propietaria de Casa Leopoldo

Homenaje a Rosa Gil, histórica propietaria de Casa Leopoldo Banco de Boquerones

El objetivo ideal sería reactivar el espacio antes de 2029, año en el que el restaurante celebrará su centenario.

Los operadores salientes animan a otros restauradores de Barcelona a retomar el proyecto. "Está para abrir mañana mismo, nos encantaría que alguien lo recoja y le dé su toque personal. Requiere muy poca inversión inicial, porque el restaurante está completamente listo para durar muchos años más. Sería una lástima que se perdiera", asegura Bruno Balbás en conversación con este medio.

Reforma de 300.000 euros

La inversión de Banco de Boquerones ha sido 324.000 euros entre reforma, adecuación del espacio y puesta en marcha; y llegó a emplear a once personas en plantilla: seis en cocina y cinco en sala. El local se reformó por completo, respetando escrupulosamente su incalculable valor histórico, patrimonial y sentimental.

¿Por qué no ha funcionado? Balbás apunta al modelo de negocio: el mercado ya no tiene el mismo apetito por los grandes clásicos, la clientela nostálgica no se ha renovado y el relevo generacional no ha llegado con la fuerza necesaria.

El interior de Casa Leopoldo durante su reapertura

El interior de Casa Leopoldo durante su reapertura Cedida

Balbás elude culpar al barrio del Raval de la situación, y prefiere hacer una lectura autocrítica sobre la evolución de la propia restauración barcelonesa. "El negocio no ha encajado, el mercado ahora mismo está en otras cosas", explica. Y alude a que el modelo gastronómico actual ha perdido el gusto por el caliu de los locales con solera.

El sexto cierre

Casa Leopoldo, cartografía sentimental de la ciudad, reflejo del Raval y de sus sombras, ha cerrado en repetidas ocasiones en la última década. Fundado en 1929 por Leopoldo Gil, sobrevivió a la Guerra Civil, cobijó a la bohemia del tardofranquismo y se convirtió en el templo gastronómico de los mayores intelectuales del país.

En 2015, ahogada por la crisis y el cambio de época, Rosa Gil se vio obligada a cerrar y puso fin a 86 años de gestión familiar.

A partir de entonces, se han sucedido varios intentos fallidos de resurrección. En 2017, los chefs Romain Fornell, Oscar Manresa y Rafa Peña lo reabrieron intentando mantener el espíritu de la cocina tradicional catalana.

Pero su apuesta por una taberna canalla en pleno corazón antiguo de Barcelona se topó con la pandemia del coronavirus, que se cebó con la restauración. La iniciativa operó durante unos meses como soup kitchen social para las familias necesitadas de Ciutat Vella, pero acabó echando el cierre.

El último proyecto, que apenas duró un año, llegó de la mano de unos empresarios chinos que trataron de reflotarlo con menús de 12,50 euros. Fracasó y culparon a la degradación del barrio.