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Imagen de archivo de una piscina Europa Press

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ICL vende un residuo industrial que vuelve tóxicas las piscinas de sal

Análisis de laboratorio destapan que la sal residual del Bages, vendida masivamente en grandes superficies, presenta una concentración de bromo que puede transformarse en bromato, un compuesto potencialmente cancerígeno, en sistemas de depuración domésticos

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El sistema de cloración salina se ha convertido en la opción más demandada para las piscinas modernas.

Vender la idea de bañarse en agua ligeramente salada, libre del fuerte olor y la agresividad química del cloro tradicional, ha convencido a miles de familias, urbanizaciones y centros deportivos en España.

Esta aparente garantía de salud y confort esconde una peligrosa reacción química cuando la materia prima falla.

La reciente investigación sobre el destino comercial de los residuos mineros de ICL Iberia en la comarca del Bages destapa ahora una vertiente más grave.

Las muestras analizadas de sal de esta multinacional llegan con niveles elevados de bromo. Actualmente se está empaquetando y comercializando a gran escala para el mantenimiento de piscinas.

En estas condiciones, el agua de baño puede favorecer la formación de bromato, un compuesto tóxico y potencialmente cancerígeno, según los análisis realizados.

Un reactor químico en el jardín

Para entender la magnitud del problema, hay que asomarse al interior del motor de estas piscinas: la célula electrolítica.

El funcionamiento de la cloración salina es, sobre el papel, impecable. La máquina aplica una corriente eléctrica al agua salada para generar el desinfectante que mantiene el agua limpia.

El problema estalla cuando la sal introducida en el circuito contiene impurezas críticas.

En los análisis independientes realizados por el laboratorio acreditado Eurofins en febrero de 2026, las muestras de sal residual de ICL Iberia arrojaron concentraciones de ion bromo superiores a los 300 miligramos por kilo (ppm), alcanzando picos de 430 y 450 ppm.

El proceso ZLD

Esta sal proviene del proceso Zero Liquid Discharge (ZLD). Se trata de una tecnología industrial de evaporación y cristalización concebida para gestionar el ciclo del agua sin emitir descargas líquidas al medioambiente.

Al purgar y secar las aguas residuales mineras para minimizar el volumen de desechos, el sistema atrapa y concentra todos los componentes insolubles, como el bromo, en una fracción sólida final.

Imagen de la mina de sal de ICL en Súria

Imagen de la mina de sal de ICL en Súria Cedida

Para poner estas cifras en contexto, las normativas europeas aplicables —en concreto, la norma UNE-EN 14805, relativa a la sal para electrólisis en tratamiento de agua— exigen que el producto de máxima calidad contenga menos de 30 miligramos por kilo (ppm) de bromo. La sal minera del Bages multiplica hasta por 15 ese límite de seguridad.

Transformación en el agua

Una vez disuelta en la piscina, esta sal deja de ser un compuesto inerte. La máquina de electrólisis oxida el bromo presente en el agua al funcionar durante ciclos prolongados de entre 8 y 12 horas diarias.

En una primera fase, se forma ácido hipobromoso. Con el paso de las horas, la exposición eléctrica continua y el pH habitual de una piscina (entre 7.4 y 8.2) aceleran la reacción. Finalmente, el bromo puede oxidarse hasta convertirse en bromato, dependiendo de las condiciones de uso.

Según estimaciones del sector, cerca del 25% del parque de piscinas en España —más de 350.000 instalaciones— ya utilizan sistemas de electrólisis. Miles de particulares están empleando una sal que convierte su sistema de depuración en un entorno donde pueden generarse compuestos no deseados.

Un menor sumergido en el agua de una piscina

Un menor sumergido en el agua de una piscina PIXABAY

Factor sol

La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés) ya ha emitido alertas oficiales sobre la degradación de este elemento.

En sus resoluciones sobre productos halogenados, la EPA restringe el uso de derivados del bromo en piscinas al aire libre tras determinar que "el ion bromato se forma con la exposición a la luz ultravioleta".

Tal y como documentan manuales técnicos del sector e institutos como el Pool Chemistry Training Institute, la combinación de un sistema de cloración salina y una piscina exterior favorece las condiciones para esta reacción.

La máquina de electrólisis genera oxidantes que reactivan el bromo de forma constante, mientras que los rayos ultravioleta del sol aceleran la degradación final de estas partículas hasta convertirlas irreversiblemente en iones de bromato.

Salto a la toxicidad

El bromato es un compuesto químico con evidencia de capacidad genotóxica, es decir, de causar daños en el material genético (ADN) de las células.

A nivel clínico, su toxicidad incide severamente en el tejido renal. Por su historial, la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC), dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo tiene clasificado dentro del Grupo 2B como un "posible carcinógeno para humanos".

La contundencia de la evidencia científica ha llevado a las autoridades sanitarias globales a ser extremadamente restrictivas. La OMS y la Unión Europea establecen un límite máximo legal de 10 microgramos por litro de bromato en el agua potable. Algunos organismos reguladores recomiendan umbrales aún más estrictos, en torno a los 1-3 microgramos por litro.

Altas cargas

El uso de productos con las concentraciones detectadas en la sal de ICL puede generar acumulaciones de bromato en el vaso de la piscina de entre 50 y 150 microgramos por litro. Esto supone multiplicar por 15 la barrera de seguridad establecida por la OMS.

Aunque el riesgo principal del bromato está asociado a la ingesta directa, el entorno de una piscina difumina las barreras de protección.

Pies de niños en una piscina

Pies de niños en una piscina Archivo

Los bañistas frecuentes y los niños constituyen la población más vulnerable debido a la ingesta accidental de agua, el contacto continuado con las mucosas, la absorción dérmica y la inhalación de aerosoles tóxicos en la superficie del agua.

Rastro comercial

La llegada de este residuo industrial a las zonas de ocio y deporte se produce en un contexto de vacío normativo.

El excedente minero recuperado de las plantas de Súria se canaliza al mercado mayorista y minorista a través de la Unión Salinera de España (filial del grupo francés Salins).

El producto final aterriza directamente en los pasillos de las grandes superficies de bricolaje y construcción. Se comercializa en ese tipo de establecimientos, incluyendo cadenas como Leroy Merlin, Bauhaus o Obramart, bajo marcas como Disal o Regenia.

El producto se presenta en formato de pastillas vacuum o sacos de 25 kilos destinados tanto a la regeneración de descalcificadores como al mantenimiento de piscinas.

Depósito del Cogulló de residuos de las minas de Iberpotash en Sallent, Barcelona

Depósito del Cogulló de residuos de las minas de Iberpotash en Sallent, Barcelona Europa Press

La letra pequeña

El éxito de esta expansión comercial reside en el etiquetado. Los fabricantes no están obligados por ley a detallar la cantidad exacta de bromo en sus sacos. En las fichas técnicas del producto, el riesgo queda diluido bajo epígrafes genéricos que cumplen la legalidad básica.

Al declarar simplemente la presencia de "Otras sales solubles < 0,2% (2000 ppm)", la información sobre estos componentes queda incluida dentro de ese porcentaje residual.

La defensa de Salins

Frente a las advertencias derivadas de los análisis, el Grupo Salins defiende la legalidad e idoneidad de su producto. La multinacional argumenta que su sal vacuum cumple estrictamente con la normativa europea, cuenta con las certificaciones internacionales más exigentes y se somete a rigurosos controles de calidad.

Respecto a la presencia de componentes de riesgo, la compañía hace hincapié en que su sal destaca por su pureza frente a metales pesados, asegurando que contiene niveles de plomo diez veces inferiores a la media del mercado.

Sobre la controversia específica del bromo, Salins niega la existencia de cualquier anomalía y se apoya en la literatura científica para sostener que sus parámetros se encuentran dentro de los rangos normales en comparación con otras sales a nivel internacional.

---Solicitud de UNION SALINERA DE ESPAÑA, S.A. (USE) y COMPAÑÍA SALINERA SALINS IBERICA S.L.U. Rectificación (L.O 2/1984)---

  • La sal que ICL suministra al grupo SALINS no es un residuo ni tiene carácter residual.
  • La sal que USE distribuye en grandes superficies para el tratamiento de agua de piscinas es exclusivamente sal marina.
  • La sal para piscinas no es la marca Disal, que es para uso alimentario, ni la marca Regenia, que es para descalcificadores y que actúa como sal regenerarte para limpieza de resinas de intercambio iónico y que no entra en contacto con el agua.
  • La sal vacuum en pastillas Regencia se rige por la norma UNE -EN 973:2010, que regula los productos químicos utilizados en el tratamiento del agua destinada al consumo humano.
  • La sal comercializada bajo la marca Disal se destina únicamente al uso alimentario, no al tratamiento de agua de piscinas. Y cuenta con certificaciones reconocidas por la Iniciativa Global para la Seguridad Alimentaria americana, cumpliendo las normativas del Real Decreto 1424/1983, Codex Alimentarius Stan 150-1985 y Reglamento UE 2023/915.
  • La sal para el tratamiento de piscinas que USE comercializa en grandes superficies procede en su totalidad de salinas marinas.
  • Grupo SALINS no ha realizado las manifestaciones sobre legalidad e idoneidad de su producto en cuanto al tratamiento de agua de piscinas, sino que fueron realizadas por sus clientes cuando se les preguntó sobre presencia de bromo en la sal comercializada por USE para uso alimentario.

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