Logo de la empresa catalana Ercros

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La historia nunca explicada de Ercros, el juguete roto de la industria catalana

‘Crónica Global’ reconstruye los inicios del gran grupo industrial que hoy se diluye en manos de la portuguesa Bondalti

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Ercros nació en 1989 tras la fusión de dos gigantes históricos y agotados: S.A. Cros, fundada en el siglo XIX y especializada en fertilizantes y química básica; y Unión Explosivos Río Tinto (ERT), un grupo minero, de explosivos y petroquímico que arrastraba una pesada herencia de deuda y una suspensión de pagos previa.

Detrás de la fusión se encontraba el Kuwait Investment Office (KIO), a través del grupo Torras y de su hombre fuerte en España, el financiero catalán Javier de la Rosa, quienes llegaron a Ercros de forma accidentada, fortuita y sin tener ninguna intención de crear un gran grupo industrial.

A mediados de los 80, Cros atravesaba una grave crisis financiera, ahogada por la deuda, bajo la influencia del Banco Santander de Emilio Botín, quien había colocado a Francisco Godia como presidente. En su consejo destacaba el consejero delegado Juan Antonio Delgado, vinculado al Grupo March y al Cercle d’Economia.

En paralelo, Explosivos Río Tinto arrastraba los efectos de una gestión anterior con Leopoldo Calvo-Sotelo como consejero delegado, que acabó en suspensión de pagos y abrió la puerta a la entrada de un nutrido grupo de cargos próximos al PSOE y de un centenar de trabajadores con carnet del partido, colocados por José María de Escondrillas, la nueva cara visible del grupo.

La entrada de KIO y el nacimiento de Ercros

KIO entró en Explosivos Rio Tinto con un 15% y con perspectivas de especulación. La estrategia inicial pasaba por hacer subir la cotización para vender con plusvalías, pero ERT contrató al consultor Lalo Azcona para lanzar una campaña contra la entrada de los kuwaitíes, con el apoyo del PSOE. KIO elevó la apuesta y redobló su participación sin tener que lanzar una OPA.

Ante las resistencias, KIO y De la Rosa buscaron una vía alternativa: comprar Cros. Entraron con un paquete de acciones muy por encima del precio de mercado, que benefició a Botín, pero castigó a KIO en medio del crack bursátil de octubre de 1987. La caída obligó a cumplir un acuerdo ya firmado: una ampliación de 50.000 millones de pesetas en Cros para asegurar el buen fin de la operación. Esa ampliación descargó sobre los kuwaitíes un esfuerzo enorme en un momento de desplome de las cotizaciones.

Intervención política

La operación no se entiende sin la política. La fusión definitiva entre ambas empresas se produjo bajo la presión del Ministerio de Economía, liderado por Carlos Solchaga, cuya mujer estaba colocada en Explosivos con un “sueldo muy alto”.

El ministro Claudio Aranzadi también impuso la salida de Francisco Godia por desavenencias ideológicas y el nombramiento de Javier Vega de Seoane como presidente.

Fachada de la sede de Ercros, a 11 de octubre de 2024

Fachada de la sede de Ercros, a 11 de octubre de 2024 Jesús Hellín EUROPA PRESS

En este tablero también movió ficha el nacionalismo catalán. En 1987, Jordi Pujol y Macià Alavedra intercedieron para promocionar a un joven economista de la administración: Josep Piqué. De la Rosa lo fichó para Cros y lo catapultó hasta la dirección general de la nueva Ercros. Así comenzó una carrera que, años más tarde, llevaría a Piqué a las carteras de Industria y Exteriores con José María Aznar como presidente del Gobierno, a quien sedujo en un ágape en el extinto El Reno de la calle Tuset.

La fusión se consumó en 1989: Ercros nació como uno de los mayores conglomerados industriales del país, presidido por Javier Vega de Seoane, con Piqué como hombre fuerte en la gestión. Sobre el papel, representaba la culminación de un proyecto químico de calado. En la práctica, el grupo arrancaba con una deuda descomunal, negocios heterogéneos (fertilizantes, explosivos, petróleo, defensa) y múltiples centros de poder: el Gobierno, KIO, la banca y las élites catalanas.

Tensiones internas

Las tensiones emergieron enseguida. De la Rosa defiendió un plan que pasaba por abandonar los fertilizantes, mientras Vega de Seoane, de la mano del Instituto Nacional de Industria (INI), compró FESA y reforzó precisamente ese segmento, alineado con la política industrial del Ejecutivo.

Una vez KIO revisó las cuentas de Cros descubrió un agujero de 16.000 millones de pesetas debido a un fondo de pensiones, oculto en el momento de la ampliación, que engulló una parte sustancial de los 50.000 millones aportados por el Estado. La tesorería se resintió, y se multiplicaron las desconfianzas en la cúpula kuwaití.

La nueva Ercros también empezó una política de inversión inmobiliaria. Con su lugarteniente Fouad Jaffar, De la Rosa acordó la compra de diferentes edificios de paseo de Gràcia --entonces una calle sin tanto glamour como atesora hoy día--, y compraron la Casa Codina, en el número 94 de la vía, y el edificio adyacente a las hoy desaparecidas Galerías Condal. El sueño inmobiliario se frenó, otra vez, por falta de tesorería. ​

La espiral de deuda obligó a nuevas ampliaciones de capital. Para no disparar aún más la participación visible de KIO, el grupo montó Mesa Redonda, una sociedad instrumental financiada con dinero kuwaití, que acudió a las ampliaciones en su lugar. Simultáneamente, se abrió la carpeta de los activos petroleros, Ercros decidió vender Ertoil, su filial de refino, y negoció con Banco Central y Cepsa un respaldo financiero.

El empresario Javier de la Rosa durante una declaración ante la Fiscalía

El empresario Javier de la Rosa durante una declaración ante la Fiscalía EFE

La noche en que se cerró la ampliación de capital, en el despacho del abogado Juan José Folchi, Vega de Seoane presentó su dimisión. A De la Rosa no le interesaba que el presidente se marchara en medio de la venta, así que negoció con él una indemnización "en negro" para que se mantuviera en el puesto hasta nueva orden.

Entre 1989 y 1991, el grupo vendió activos por más de 100.000 millones de pesetas para aliviar la tesorería y cubrir pérdidas en otros frentes.

Mientras tanto, Ercros se sostuvo con respiración asistida. La deuda con bancos, proveedores, Seguridad Social y Hacienda creció, y las filiales —especialmente, el segmento de fertilizantes Fesa-Enfersa— empezaron a ahogarse.

El castillo de naipes se derrumbó con la Guerra del Golfo. Tras la liberación de Kuwait, el emirato auditó sus inversiones y cortó el grifo a De la Rosa. Su gran valedor, Fouad Jaffar, pasó a ser uno de los hombres más buscados del golfo.

Estalla Ercros

En 1992, Ercros llegó al límite. Arrastraba una deuda de en torno a 190.000–215.000 millones de pesetas, con 5.000 empleos en el aire, y una estructura de fertilizantes que acumulaba pérdidas. De la Rosa intentó una última maniobra: lanzó una ampliación de 20.000 millones de pesetas, de los que la mitad debía aportarlos el Estado de Kuwait y la otra mitad él mismo, financiado por el BBVA, para consolidar los planes industriales del grupo. Pero la noche antes de la junta general, los nuevos responsables kuwaitíes le comunicaron que se retiraban de la operación y de Ercros. El gran financiero se quedó solo.

Sin el paraguas de KIO, el consejo de Ercros decidió presentar suspensión de pagos en julio de 1992, en la matriz y en varias filiales, en lo que se convirtió en el mayor proceso concursal de la historia económica española hasta entonces.

De la Rosa abandonó el barco, no sin antes pactar una salida ordenada con Josep Piqué, quien asumió la presidencia del grupo.

Cuando Piqué dio el salto a la política, la presidencia de Ercros pasó al gris Antonio Zabalza, catedrático de Teoría Económica y ex secretario de Estado de Hacienda, que se convirtió en el arquitecto de la reestructuración.

Renacimiento, caída y evaporación

Bajo su mandato, el grupo redujo deuda, vendió activos no estratégicos, redimensionó su perímetro industrial y logró devolver el dividendo a los accionistas, aunque a costa de un fuerte adelgazamiento. Ercros quedó como un grupo químico mediano, con una decena de plantas, más de 150 productos y un peso relevante de las exportaciones. En los últimos ejercicios, sin embargo, la empresa volvió a registrar pérdidas, reflejo de la dureza estructural del sector.

Han pasado más de 30 años y Zabalza aún encabeza a un Ercros que hoy se desdibuja, engullido por la portuguesa Bondalti en la OPA más larga de la historia de España.